Opinión

Me suena raro

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Tono
Jueves, 27 de marzo de 2008 | 08:47

Lunes por la mañana. El tiempo en Londres, el habitual. Llueve, sopla un viento que hace que cualquier intento de cubrirse del agua sea inútil y el día se ha levantado tan oscuro como se fue a dormir. Vamos, que pintan bastos.

Como cada mañana, he comprado el periódico. Comienzo a leer y me sorprende ver que Marion Jones acaba de entrar en la cárcel. Busco las fotos para reafirmar mi memoria y sí, resulta que es aquella atleta americana, no me equivoco. Al parecer, algún perjurio sobre el uso y comercio de “sustancias no permitidas” la ha llevado hasta allí. Todos sabemos lo serios que se ponen algunos con el tema del perjurio y, por si acaso, juro no perjurar demasiado en este artículo. En cuanto a dichas sustancias, me ha llamado la atención la dureza con la que la prensa trataba a la “tramposa”. Lo terriblemente implacables que se dejaban leer los comentarios, no solo acerca de la mentira sino más sobre el uso de sustancias para mejorar su rendimiento.

Hace un par de semanas se celebró en Londres la gala de los Brit Awards. Para los que como yo no estén muy al día de premios (nunca tuve el placer), los Brit son algo así como los MTV ingleses. Vamos, montones de músicos metidos en un local para disfrutar de una noche de diversión y egolatría. Mientras la pantalla de mi microtelevisión mostraba varias caras conocidas, desde la ventana de casa podía ver el lugar donde todo se celebraba. Y por cierto, también la ristra de coches en doble fila que esperaban que dichas caras abandonaran el lugar.

En el mismo periódico en que tan solo unos días después leería la notica de Marion Jones, se narraba la noche que siguió a los premios. Fotos de los que horas antes aparecían en la gala llenaban de mandíbulas desencajadas, ojos encendidos, insultos y gestos obscenos las páginas centrales del diario. Drogas, alcohol y mala educación, sobre todo mala educación. Los comentarios no era para menos. Los mismos lectores y periodistas que ayer hacían sangre de Marion Jones alababan sin pudor lo irreverente del mercado musical, lo independientes y rebeldes que sus chicos se mostraron al exterior. Sobre decir que algunos comentarios, aunque sin duda los menos, se mostraban cansados de un grupo de niñatos con ganas de ser la reencarnación de Hendrix, Morrison, Joplin y demás.

No lo entiendo, sinceramente. El deporte ha llegado a un punto en el que, para mantener el espectáculo, ciertas sustancias tienen cabida o para algunos incluso son imprescindibles. Lo lamento. Tanto como que algunos deportistas, antaño ejemplos de vidas sanas, terminen en la cárcel o, los menos afortunados, en sitios peores. Sin que el fin justifique los medios, es claro que el intento de ser más rápido, más fuerte o más hábil ha sido parte del ser humano desde que el mundo es mundo. Por supuesto, habrá quien diga que, de un tiempo a esta parte, el divertirse a costa de lo que haga falta también lo ha sido. Y no seré yo quien lo niegue. Tan solo cuestiono que mientras un ojo mira a Glasgow el otro parece perderse por Marrakech. Que vengan y me lo cuenten, pero me suena raro.

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