Opinión

(Des)atención al cliente

[&hellip

Tono
Jueves, 17 de abril de 2008 | 20:30
Comentarios desactivados en (Des)atención al cliente

Levanto el teléfono por quinta vez. Por suerte, el teléfono memoriza el último número marcado, así que me ahorro el tedio de marcar los once números de nuevo. Intento llamar a mi banco para cancelar un pago. Nada complejo… o eso creía.

Primera llamada. Una voz masculina comprueba que soy quien digo ser y me pregunta que cómo puede ayudarme esta noche. Empezamos bien. Le cuento mi problema; quiero cancelar un pago realizado por duplicado y recuperar mi dinero lo antes posible. La respuesta me llena de satisfacción: ya está hecho, caballero, ¿puedo hacer algo más por usted?. ¡Bien! No fue para tanto. Cuatro minutos y treinta y cinco segundos.

Segunda llamada, esta vez me atiende una chica. De nuevo comprobaciones y la misma oferta de ayuda. Explico de nuevo el anterior párrafo y le informo de que mi cuenta sigue echando de menos el dinero. Tras varias comprobaciones, me informa que la vez anterior cancelaron mi domiciliación bancaria, pero que ningún pago ha sido reclamado. ¡Maldita sea, ésa no era la idea! Le comento que debe tratarse de un error y me indica que si lo que quiero es recuperar mi dinero tengo que hablar con quien lo ha cobrado, es decir, con otro centro de atención al cliente. Siete minutos y medio.

Tercera llamada y segundo centro de atención al cliente. Parece que esto se complica. Tras comprobar mi identidad, parece que aquí también me quieren ayudar, estupendo. Les cuento los dos párrafos anteriores y una señorita muy amable me indica que el pago tiene que ser reclamado por parte de mi banco y que únicamente se hará efectivo si dicha reclamación llega en menos de 24 horas después del mismo. Diez minutos y cuarenta segundos.

Cuarta llamada, de nuevo a mi banco. Comprobamos de nuevo quién soy y le explico a un desconocido los tres párrafos de arriba. El teléfono se corta. Minuto escaso.

Quinta llamada, cómo no, incluye comprobaciones de identidad. El caballero que trabaja para mi banco me explica amablemente toda la regulación que rige las domiciliaciones bancarias en el Reino Unido, lo que agradecería enormemente si ésta no fuera la quinta llamada en relación al mismo tema. Lamentablemente, aprendo que dicha regulación impide que recupere mi dinero hasta diez días más tarde, por lo que me sugiere la idea de contratar un préstamo en caso que necesite el dinero urgentemente. Quince minutos y diez segundos.

Sexta llamada. Vuelvo al otro centro de atención al cliente. Comprobamos mi identidad y pido hablar con un supervisor, quien asombrosamente se presta a hacer algo de utilidad: montar una llamada a tres con mi banco. Así lo hacemos y en medio de la conversación descubro que ni el uno ni el otro tiene ni idea de donde está mi dinero. Esto pinta fatal, pienso. Comienzo a levantar la voz y les pido a los dos que cancelen mis cuentas en sus respectivos registros. No quiero seguir siendo cliente de ninguno de ellos. Dieciocho minutos y cuarenta segundos.

Mi cuenta ha recibido un ingreso de cada una de las entidades. Mi contestador se llena de mensajes que amenazan con emprender acciones legales si no devuelvo el dinero. Ya nadie comprueba mi identidad y ya todos saben de lo que hablan. ¡Esto sí es atención al cliente!

No hay comentarios en “(Des)atención al cliente”

NOTA: Sean respetuosos con sus comentarios. Se borrarán los comentarios cuyo contenido o enlaces puedan ser considerados difamatorios, vejatorios o insultantes. Recuerden siempre que las formas importan y que hay muchas formas de decir lo mismo. Gracias por participar.

Aún no hay comentarios.

Suscripción RSS a los comentarios de esta entrada.