300 kilómetros, 2 horas y casi 100 euros. Dicho de esta manera son simples datos que te hacen pensar que la distancia es asequible, el tiempo empleado en cubrir este recorrido es realmente corto y el precio muy alto. Para concretar más el hecho, es un viaje a Zaragoza en el nuevo tren de alta velocidad con tarifa normal.

Mi intención no es hablarles de las excelencias del AVE, que realmente lo podría hacer porque en mi humilde opinión me ha parecido fantástico, sino de hablar de los efectos mágicos que produce el hecho de escaparse del mundanal ruido. No es que Zaragoza sea París ni Nueva York en el sentido de atracciones turísticas, pero el hecho de estar con mi novia sin más influencia externa, llámese trabajo, obligaciones del hogar, compromisos sociales, es una experiencia inolvidable.

Simplemente escribo para animar a la gente a que viaje, aunque las posibilidades económicas sean limitadas, por el hecho en sí de evadirse, de ser tú mismo y disfrutar de la vida.