Opinión

En mi nicho ecológico, sin olvidar los rugidos del exterior

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Antonio Trujillo
Lunes, 2 de junio de 2008 | 09:48

Marx (el filósofo alemán, no el cómico americano) dejó escrito que a sus seguidores le correspondería no sólo analizar la realidad –que de eso ya se habían encargado los pensadores al uso- sino de transformarla por la vía de la revolución proletaria. ¡Ahí es nada: transformar la realidad!

La verdad es que, con la perspectiva que nos da el largo siglo y medio transcurrido, las variadas experiencias resultantes de la puesta en práctica del encargo del teutón no han resultado especialmente seductoras. Y aunque todavía sobrevive contumaz defensor de sus radicales doctrinas, no se puede afirmar que hoy predomine la idea de que el camino de la subversión violenta sea el procedimiento para lograr la felicidad de la humanidad.

Ni siquiera los que de alguna manera puedan considerarse nietos ideológicos de las enseñanzas marxistas mantienen en su vocabulario el término –tan querido otrora- de ‘revolución’ utilizado como factor transformador de las relaciones de clase.

¿Es esto cierto? Yo diría que no del todo. Hay una excepción notable. La que se está operando en el campo lingüístico, de la que el gremio de la progresía española constituye un paradigma sobresaliente.

No se trata tan solo de que desde los voceros del partido en el poder se nos bombardee con términos eufemísticos que maquillen los pésimos resultados de su acción de gobierno, como sucede, por ejemplo, con el empleo de la expresión “desaceleración económica” para definir la clara crisis que hoy padece nuestro país.

También el nacionalismo garbancero, siempre animado por sus impulsos de singularidad, se ha mostrado especialmente fecundos a la hora de alumbrar nuevas criaturas al singular banquete de la vida en el universo lingüístico hispano, y, de este modo, un trasvase sea una “conexión de cuencas”.

Estamos asistiendo, así, al nacimiento de una cultura subalterna –esta sí revolucionaria- y sumamente peligrosa, no tanto por su condición novedosa cuanto por su carácter manipulador, que, propia de una minoría –eso que se ha dado en llamar la exquisitez progre– corre el riesgo de adquirir carta de naturaleza en nuestros usos lingüísticos cotidianos.

Recientemente, Ignacio Peyró, en Época, nos ofrecía un muestrario de algunos de los términos que constituyen muchedumbre tan extraña. Aunque el periodista, a la hora de definir los vocablos optaba por la vía humorística –y pese a que el tema no puede frivolizarse-, hay que felicitarle por haber tenido la valentía de descubrirlos a la opinión pública. Como prueba de la sagacidad de Peyró valgan dos muestras: ‘Aborto: Medida higiénica según la cual matar a un hombre no es grave si este es muy pequeño…’, y ‘Autonomías: Arcaísmo. Término usado para las nacionalidades ibéricas durante la vigencia del régimen constitucional de 1978’.

Mientras voy enriqueciendo mi erudición con la interpretación de los sueños y estornudos de la progresía –nunca más sorprendente desde que dejé de lactar-, trato de resistir en mi nicho ecológico con la lectura de los clásicos. Es una buena terapia. Pero, ¡ojo!, sin olvidar los rugidos del exterior…

2 Comments en “En mi nicho ecológico, sin olvidar los rugidos del exterior”

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  1. Luisa Martín Belmonte - Domingo, 8 de junio de 2008 a las 23:12

    Este ha sido tu último escrito, Antonio. Desde lo más profundo del corazón, mi más sentido pésame para todos vosotros: Conchita, Alex, Dani, Felicidad… Y como dijo tu cuñado en el sepelio: hasta el último momento luchaste por tus principios y por mejorar, por aprender… El último libro no lo pudiste comprar, pero otros muchos te dieron la sabiduría que te caracterizaba. Descansa en paz.

    Un abrazo.

    Luisa

  2. Felicidad - Miércoles, 2 de julio de 2008 a las 00:08

    Genial como siempre. No se podia esperar menos de una persona tan inteligente y preparada.
    No te olvidaré nunca un fuerte abrazo de tu hermana pequeña:

    “Feli gato”

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