Iñaki de Juana ChaosEl terrorista de ETA Iñaki de Juana Chaos ha iniciado este miércoles una huelga de hambre indefinida -aunque tiene prevista la salida de la cárcel a principios del próximo mes de agosto- debido a, según él, ‘la inadmisible campaña mediática’ que se está haciendo contra él y su familia. Como suele ser costumbre, en un comunicado redactado únicamente en vasco, el terrorista se autodenomina ‘político de ETA’.

La huelga de hambre no parece más que una nueva estrategia del terrorista para presionar a la Justicia y al Gobierno de Zapatero, como ya ocurrió en dos ocasiones anteriores (una que duró 63 días y otra que se prolongó 115, aunque según se supo después estuvo consumiendo alimentos a escondidas), para que investiguen la situación económica de De Juana, tal y como ha solicitado la Fiscalía de la Audiencia Nacional.

Según el comunicado, De Juana inicia la huelga de hambre por otro motivo más. La política penitenciaria que se aplica a los terroristas de ETA, que según este, consiste en ‘castigar de por vida a los reclusos y dejar que se pudran en la prisión’.

Por su parte, el ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, ha asegurado que la huelga de hambre de De Juana no evitará que se aplique la ley, por lo que el terrorista tendrá que responder económicamente ante las víctimas de sus atentados.

Cristalería del terror

Este miércoles también se ha sabido que Milagros Altuna, esposa del terrorista de ETA Kándido Azpiazu, se ha adjudicado por 44.000 euros la mitad del negocio de la cristalería perteneciente a su esposo y un garaje, en la misma finca que la viuda de Baglietto, víctima de Azpiazu.

La subasta se ha realizado con el objetivo de recuperar las indemnizaciones económicas de la condena del terrorista, dictada en noviembre de 1981, y que ya han sido abonadas por el Estado. Altuna ya disponía del 50% de la propiedad de la cristalería.

Azpiazu es uno de los dos terroristas de ETA condenados por el asesinato en 1980 del militante de la UCD Ramón Baglietto y en 2005 abrió una cristalería en los bajos del edificio donde vive la viuda de Baglietto, Pilar Elías, lo que desencadenó un debate político sobre la necesidad de aplicar medidas de alejamiento en las condenas por terrorismo.