Opinión

Con derecho a estar en contra y obligado a respetar

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Tono
Sábado, 19 de julio de 2008 | 20:03

Leo en una página los comentarios de un periodista acerca de la victoria de España en la Eurocopa. El susodicho, del que no voy a citar el nombre para no aumentar ni el número de visitas de su página ni la fama de la que está viviendo, considera que todos aquellos que nos alegramos por la victoria del combinado nacional somos dignos de todo tipo de insultos. Se permite también el lujo de decir que los españoles residentes en Cataluña únicamente se dedican a labores no cualificadas, las que de manera implícita son degradadas y humilladas.

Sus seguidores no se quedan lejos. Comentarios de todo tipo acompañan el escrito de este señor. La mayor parte de ellos provocan una mezcla de vergüenza ajena y risa. Ya no por la opinión que reflejan, que es por supuesto más que respetable, sino por la manera en que están escritos.

Primer año en la facultad de Economía. Una de las asignaturas que tuvimos fue Derecho. El profesor nos pidió leer un libro que desde entonces he recomendado en muchísimas ocasiones. Se titula Las Claves de la Argumentación o A Rulebook for Arguments, escrito por el filósofo Anthony Weston. Dicho libro, un manual muy cortito que estoy seguro que hasta alguno de los que arriba menciono será capaz de entender, desgrana una serie de falacias utilizadas demasiado a menudo en discusiones diarias. Para muestra, un botón.

Weston escribe que un argumento basado únicamente en la descalificación del oponente carece de cualquier tipo de validez, ya que el argumento válido debería serlo en todo momento, siendo por tanto irrelevantes las particularidades del oponente de turno. Por tanto, aplicando lo leído, la típica discusión que termina (o en ocasiones comienza) con el tan socorrido “lo que pasa es que tú eres un facha”, no merecería más tiempo que el que se tarda en pronunciar dicha frase.

De igual modo, se citan argumentos con errores lógicos como el de “conocí a un imbécil y resultó no ser nacionalista, luego todos los que no sean nacionalistas son imbéciles”. Dichos argumentos no soportan la menor de las críticas, siendo esto algo que cae por su propio peso. Discúlpenme si ejemplos con letras y signos hubieran sido más comprensibles en algunos casos, pero estoy seguro que cualquier lector de la LA VOZ DE BARCELONA comprenderá a lo que me refiero.

Por último, afirmaciones como la de “hace tropecientos años esto era un país independiente y por lo tanto debería volver a serlo” tienen la misma fuerza que las que dicen que “hace sólo dos horas, ese mismo país no era independiente y por lo tanto nunca debería serlo”. ¿O es que tiene más validez echar atrás “tropecientos” años que “dos horas”?

A pesar de lo claro y aparentemente sencillo que es el librito dichoso, mi experiencia es que seguir y respetar dichas reglas de juego se hace a menudo complicado, debido principalmente a las altas temperaturas que según qué discusiones pueden alcanzar. Aún así, la dificultad no quita la obligación o cuando menos la recomendación de hacer algo. Por cierto, vaya por delante que el profesor que impartía aquella asignatura era el primero en saltarse a la brava todas sus enseñanzas.

Me encantaría leer artículos en los que se dieran argumentos válidos y soportados. Artículos en los que no se insulte o en los que al menos los insultos sean definiciones. Me sorprendería agradablemente ver el respeto mínimo que todo el mundo se merece. Lo justito para que todos podamos defender una opinión sin que nadie tenga que ofenderse u ofender.

Me niego a perder un minuto más escuchando o leyendo a quien no me respeta porque he escogido, o no, apoyar a un equipo de fútbol o un ideal político. No pienso regalar ni una letra más al que me insulta por no elegir el voto determinado. A ver si nos vamos enterando; este mundo no es tan grande y está hecho de elecciones, opiniones, opciones y colores, por lo que quizá sería conveniente irse acostumbrando a todo ello.

Volviendo al primer párrafo, dudo que nadie le exigiera al señor periodista que celebrase la victoria de la selección. Lo que sí deberían exigirle es que dejara de insultar a quien las quiera celebrar.

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