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‘Tiene gracia que hoy echen de menos la moderación de Pujol quienes en su día lo acusaban de separatista encubierto o de genocida lingüístico, de azuzar a sus “cachorros” en la tumultuosa inauguración del estadio olímpico (1989) o durante la campaña del Freedom for Catalonia, por ejemplo’

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Redacción
Domingo, 20 de julio de 2008 | 09:49

Joan B. Culla i Clarà, historiador, el 18 de julio de 2008 en El País:

‘Es a explorar, a tantear estos territorios de crecimiento o de recuperación, a lo que el 15º congreso de CDC dedicó muchas horas de debates en ponencia y varios kilos de papel en forma de enmiendas. ¿Con qué resultado? De creer a numerosos comentaristas periodísticos, con el resultado de acentuar la deriva soberanista -tal es la expresión consagrada-, de mimetizar el discurso de Esquerra Republicana y dejarse arrastrar por ésta al maximalismo en materia de autogobierno; lo cual -concluyen esos mismos análisis- aleja a Convergència de la centralidad catalanista, es incompatible con la recuperación del poder y liquida aquella fructífera ambivalencia que tan bien gestionó Jordi Pujol durante dos décadas.

A este modo de ver las cosas me gustaría plantearle algunas objeciones. Por una parte, también la Convergència de 1984 a 1995 albergó pulsiones y actitudes que hoy calificaríamos de soberanistas. No hace falta apuntar nombres; bastará recordar los gritos de Pujol, president! Catalunya independent! que resonaban frente al hotel Majestic cada noche de mayoría absoluta, o cierta moción parlamentaria por el derecho de autodeterminación, o la llamada “fiebre báltica” de 1990-91… Pujol no las abonó, pero se guardó bien de condenarlas, porque formaban parte, y parte no anecdótica, de su proyecto catch all. Además, por aquel entonces CiU representaba al nacionalismo casi sin competencia, con una Esquerra domesticada y minúscula. ¿Cabe comparar ese panorama con el de hoy, cuando ERC cogobierna y CDC chupa banquillo? No, la Cataluña de 2008, tras las agresiones del aznarismo, tras los equívocos del Estatuto de 2006, tras el mareo de las balanza fiscales, tras las crisis en las infraestructuras, tras los boicoteos y los manifiestos, ya no es la de 20 años atrás, y añorar los funambulismos catalanistas de Pujol carece de sentido.

Pero es que, además, en ciertos casos resulta cómico, o cínico. Tiene gracia que hoy echen de menos la moderación de Pujol quienes en su día lo acusaban de separatista encubierto o de genocida lingüístico, de azuzar a sus “cachorros” en la tumultuosa inauguración del estadio olímpico (1989) o durante la campaña del Freedom for Catalonia, por ejemplo.

Gracias a Dios, existen las hemerotecas’.

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