Con solo 49 años, Miguel Ángel Espinosa ha dejado a la revolución ciudadana huérfana de su activismo. Le conocí compartiendo pasos y recorrido en la manifestación del primero de mayo de 2006, cuando Ciudadanos estaba preparándose para cuajar como partido. Se me confesó hombre de acción e ilusionado con la posibilidad de participar en el cambio de los ejes de una situación política que le resultaba asfixiante.

Desde entonces, en múltiples actos le he visto hacer de todo: preparar guiones, controlar la seguridad, instalar y retirar escenarios o subirse a ellos para exponer, a quien quisiera oírle, que la democracia se asienta en la pluralidad, en la posibilidad de elegir. Quiero evocarle en el último, el de la presentación del Manifiesto a favor de la lengua común en Sabadell cuando, seguro y convencido, leía el párrafo que dice: “Son los ciudadanos quienes tienen derechos lingüísticos, no los territorios ni mucho menos las lenguas mismas” y se mostraba especialmente complacido viendo arremolinarse en la mesa del partido a personas firmando su adhesión al documento.

Madrileño que entendió Cataluña, catalán que quiso a España, ciudadano que defendió la libertad y la igualdad dio el paso de militante a dirigente y asumió compromisos de organización tanto en Sabadell -era el coordinador de la agrupación- como en el Consejo de la Federación de la Provincia de Barcelona.

Polemista convincente, era consciente de que la mejor arma de los ciudadanos es la palabra, y para difundirla impulsó conferencias, siempre plurales, en las que quedaba garantizado el debate abierto y leal con presencia de un ponente y su contrario. Para él, lo trascendente, lo nuclear era que la idea destilada, fruto del contraste de posiciones, surgiera prístina.

Se ha ido en agosto, de noche y sin avisar ni a Lucía, su mujer, ni a sus hijas ni a sus amigos. Se le partió el corazón y no ha podido terminar la obra para la que trabajaba, lograr el grupo -los cinco diputados- en el Parlamento autonómico de Cataluña. Para ello, se afanaba en poner en práctica su receta: organización, cohesión y difusión pública.

No le defraudaremos, recogeremos su testigo y aunque haya caído de esa forma tan silente, seguiremos escuchando su voz, firme y potente con la que nos advertía del peligro de desviarse de la ruta.

Hasta siempre, amigo.

José Domingo es diputado autonómico de Ciudadanos - Partido de la Ciudadanía.