Santiago Carrillo, ex secretario del PCE, en una entrevista para El País, el 23 de agosto de 2008:

Pregunta: […] También el Gobierno socialista tiene problemas, como el de la financiación autonómica con Cataluña.

Respuesta: Ese problema se va a resolver. No hay que asustarse. Estamos en una situación nueva, y lo que ha faltado para hacer una labor pedagógica sobre el papel del Estado es un Senado que fuese de verdad el Senado territorial en el que se debatieran los problemas.

P.: ¿Sospecharon alguna vez, en esos años iniciales de la Transición, que las reivindicaciones lingüísticas llegarían tan lejos?

R.: Eso no me preocupa. He estado de vacaciones en un balneario, en Girona, y hablaba castellano y la gente me contestaba en castellano. Si algún idioma puede avasallar al castellano, es el inglés.

P.: No me refiero a la salud del idioma, sino a la libertad de estudiar en la lengua materna, que muchos españoles ven limitada en algunas autonomías.

R.: En ese balneario del que le hablo había muchas familias, en general modestas, de Extremadura, o de Andalucía, y esta gente que ha nacido en territorio de lengua castellana tiene la idea de que Cataluña es superior. Porque Cataluña asimila a los no oriundos y los convierte en catalanes. Montilla es un ejemplo de esa realidad. Y el nuevo Estado tiene que reconocer esa realidad y convivir con ella.

P.: Actos como ese ultraje a España, que se produjo hace unos días en las fiestas del barrio de Gracia, crean mal clima.

R.: Lo que ocurrió en el barrio de Gracia es totalmente minoritario en la Cataluña de hoy. La mejor demostración de ello es que un cordobés sea presidente de la Generalitat, por primera vez en la historia. Lo grave aquí es que cuando en Europa había desaparecido ya el viejo régimen, en España todavía estaba vigente. Llevamos un retraso secular. Y por eso tenemos una derecha que no se parece a la europea.

P.: […] ¿Es un problema entonces sentirse español?

R.: No, yo me siento muy español y he contribuido a que la bandera nacional sea la bandera de siempre. Pero mire, en Estados Unidos, el presidente Bill Clinton aprobó una ley que consideraba que la quema de una bandera americana no era un delito. ¿Por qué en España lo es?

P.: Parece una cuestión anecdótica, teniendo en cuenta las enormes diferencias que hay entre ambos países.

R.: Enormes, desde luego, aunque tenemos que procurar parecernos a un país moderno.

P.: Según usted, entonces, la pelota está en el tejado del Gobierno central, y no hay cerrazón en el nacionalismo vasco.

R. Lo que pienso es que el Gobierno central tiene más poder y tiene más posibilidades de actuar. Tiene el Ejército.

P.: Le veo bastante en sintonía con Ezker Batua, el partido hermano de Izquierda Unida.

R.: No. Me han invitado muchas veces a participar en encuentros y no he querido asistir porque no siento identidad con esa formación.

P.: El PNV le entregó un premio importante hace unos meses, el de la Fundación Sabino Arana, un premio que comparte usted con un gran amigo de ese partido, el ex presidente italiano Francesco Cossiga, democristiano para más señas.

R.: No lo sabía. Pero mire, el PNV ha sufrido transformaciones muy profundas. Hoy no es un partido confesional.

P.: Bueno, la Iglesia vasca está muy próxima al nacionalismo vasco.

R.: Igual que la Iglesia española al nacionalismo español. Quizá menos. Los cambios en el PNV han sido muy serios.