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‘«La Cervantina» lleva un cuarto de siglo en las catacumbas de Barcelona. Las que desconoce Woody Allen. Desde 1982 viene resistiendo al nacionalismo de Pujol, primero, y del tripartito ahora. A los que se presentan como tales y a los que disimulan’

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Redacción
Lunes, 29 de septiembre de 2008 | 18:09

César Alonso de los Ríos, periodista, el 28 de septiembre de 2008 en ABC:

«La Cervantina» lleva un cuarto de siglo en las catacumbas de Barcelona. Las que desconoce Woody Allen. Desde 1982 viene resistiendo al nacionalismo de Pujol, primero, y del tripartito ahora. A los que se presentan como tales y a los que disimulan. Sus raíces de izquierda no les han impedido ceder a los cantos de sirena del PSC ni sus convicciones conservadoras pastelear con el PP. Su defensa del castellano les ha situado siempre en lo políticamente incorrecto. Han sobrevivido a todas las «inmersiones», una tras otra. Nunca han tenido dudas sobre la naturaleza democrática de su españolismo. Siempre han sido conscientes de su papel histórico. Sal de la tierra, nunca han sido más de un centenar de afiliados. La cuota de la esperanza. La lucha contra la peste. Realmente camusianos. Cultos, serios, conscientes de su papel histórico, siguen editando una revista, breve, satinada, limpia.

Desde hace años conozco la cervantina, su sede mínima, su espacio elemental. He mantenido en él los coloquios más agradecidos que uno puede tener. El gusto de la radical independencia, de la militancia en la verdad y por lo mismo la melancolía que supone compartir con unos cuantos las cuatro cosas importantes que hay que defender. La idea de España, por ejemplo.

Pero ayer, tras tantas frustraciones, «La cervantina» tuvo una de esas raras compensaciones que le ayudarán a proseguir. No es la primera vez, por otra parte. Durante esta última década han ido celebrando el nacimiento de otras organizaciones hermanas, también minoritarias, castigadas siempre por los emisarios que termina por el infiltrar el «sistema». En todo caso lo de ayer, la manifestación de Urquinaona fue una fiesta, la bajada a la calle, el encuentro con la gente, con los tuyos, unos cinco mil asistentes según Rafael Sorní ya, al final, en la plaza de Sant Jaume.

El domingo los afiliados de «La Cervantina» vivieron unas horas de alucinación. Llegaron a creer que algún día los colegios catalanes puedan escolarizar a alumnos y enseñarles en castellano. De momento han vuelto a las catacumbas.

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