Miquel Strubell, Martí Gasull y Jordi Manent, dirigentes de Plataforma per la Llengua, en una entrevista publicada en El Punt el 6 de octubre de 2008:

“[El Premio Nacional de Cultura de la Generalidad otorgado a la Plataforma per la Llengua] podemos considerarlo un signo de normalidad en positivo del país. Pero lo que sería bueno es que llegara un día en el que no hiciesen falta trabajos como el que hacemos en la plataforma. Aunque el premio está muy bien, en un país normal la plataforma no existiría. El objetivo final de una entidad como la nuestra sería desaparecer cuando la lengua disfrutase de buena salud por todos los Países Catalanes. El reconocimiento lo valoramos porque nos puede ayudar a ser más conocidos, a coger más fuerza y a tener más recursos para poder trabajar más todavía. También nos da prestigio.

[…] Con un reconocimiento así no espantas a tanta gente. Es decir, algunos autóctonos tienen miedo del activismo de entidades como la nuestra. Curiosamente, las entidades de inmigrantes con las que trabajamos no tienen miedo, al contrario, tienen claro que la lengua les puede servir para integrarse.

[El Manifiesto por la lengua común] es uno más dentro de la historia del españolismo. Parte de premisas falsas para bastir un discurso sólido. Desde 1981, de manera recurrente, aparecen estos fantasmas. Este en concreto tiene un tufo franquista muy rancio. Se habla de lenguas superiores. El Estado español, en el aspecto lingüístico, es una excepción en los estados democráticos de todo el mundo. Una lengua como la catalana tendría rango de oficialidad en cualquier otro lugar”.