Albert Boadella, dramaturgo, director del Teatro del Canal de Isabel II, en una entrevista publicada en la edición de enero de la revista Elle:

Pregunta: ¿En qué momento entró en crisis su relación con Cataluña?

Albert Boadella: Es difícil de analizar porque ocurre día a día y gota a gota con esa actitud de ver a España como un enemigo. Allí alguien que piensa que España es lo que más le gusta del mundo, como es mi caso, se convierte en un enemigo. Peor, ¡en un traidor a la tribu! Y la creación de Ciudadanos fue la gota que colmó el vaso. Se vendió al público la imagen de que yo era un traidor, e incluso gente a la que le gustaba mi trabajo pensó que no debía ira al teatro a gastarse el dinero conmigo. Así que decidí acabar con la relación y dejar de actuar en Cataluña.

P.: ¿Existe alguna posibilidad, por remota que sea, de salvar esa relación?

AB: A corto plazo, lo dudo.

P.: ¿Qué Cataluña le habría gustado?

AB: Una leal a España, que se sintiera bien y cómoda siendo española. Con eso se habría arreglado todo. Es más, las cosas que se han pasado la vida reivindicando las habrían conseguido por lealtad, porque si alguien es leal le dejas hacer lo que quiera. Pero el resto de los españoles han pensado que los catalanes querían largarse por su cuenta y, sobre todo, percibían cierto desprecio hacia ellos, lo que ha conseguido envenenar las relaciones. Aprovechando eso Cataluña ha jugado con la paranoia, que es la patología más fácil de provocar: ‘No nos quieren, nos tienen manía, se aprovechan de nosotros…’. La paranoia es políticamente muy rentable.

P.: Los españoles vivimos en un conflicto perpetuo con nuestros símbolos, como por ejemplo la bandera. ¿Cree que algún día conseguiremos superarlo?

AB: No olvidemos que la bandera española fue durante 40 años la de esa etapa tan sórdida: la dictadura. Y esa contaminación nos provocó una especie de complejo sobre ella y sobre el himno, que todavía conservamos. Pero con el tiempo nos lo vamos sacudiendo y la gente, cada vez más, empieza a comportarse como en cualquier otra nación, y eso es sano.

P.: [...] ¿Se arrepiente de algo?

AB: Si tengo que hacerlo de algo sería de haber contribuido al principio de mi carrera a difundir ese mensaje de que la cultura catalana estaba en peligro, y que después se ha convertido en lo que se ha convertido. No era la cultura catalana la que estaba en peligro, sino la cultura en general, porque es la gran enemiga de las dictaduras.