Opinión

La ingenuidad de Casanova, la lucidez de Azúa o la tribu (II)

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Francisco M. Toro
Lunes, 9 de febrero de 2009 | 22:58

Un amargo reniego inicial da paso a un inmediato e íntimo orgullo. Pertenecer a la tribu requiere participar de sus tópicos. Ante estos, nuestro amargo reniego inicial da paso a un inmediato, íntimo y chabacano orgullo.

En su viaje por España, Giacomo Casanova fue testigo, como lo sería Gerald Brenan y tantos otros hispanistas, del carácter arquetipado de los españoles:

“(…) le pagué [al dueño de la casa] lo poco que me pedía por el alojamiento, y una peseta por el ruido. Se fumaba un cigarro, y su pobreza le hacía las veces de riqueza, a condición de que el extranjero no pudiera decir al irse que había hecho el menor de los movimientos para servirle. La causa de eso es una pereza con mezcla de orgullo: uno es castellano y no debe rebajarse hasta el extremo de servir a un gabacho; éste es el título con el que toda la nación española designa a un extranjero. Esta palabra gabacho es mucho más insultante que la de perro con que nos designan los turcos, y que el apodo de French dog que los ingleses ponen a todos los extranjeros. Claro está que la nobleza y las personas que son corteses debido a los viajes o a su educación no piensan así.”

Desgraciadamente siempre habrán personas nobles y corteses, con un notable complejo de inferioridad, que contradigan la ingenuidad de Casanova y Baroja. Siempre habrá, miserablemente, quien no cese en expedir pasaportes de gabacho, maketo, polaco o murciano.

Reflexiona Félix de Azúa por boca de un personaje en Momentos decisivos:

“¿qué significaría ‘ser gallego’ en el renacimiento?, estas cuestiones no tenían el menor sentido, los cuerpos de las gentes eran propiedad del rey, y sus almas, de Dios. Se acabó. Nosotros, como no somos de nadie, tenemos que buscarnos dueño, ¡qué trabajo!, buscar un club de fútbol, un partido político, un sindicato, un pedazo de tierra (…), si no llevamos una etiqueta colgando del cuello nos sentimos desvalidos.”

Se trata de un proceso de retroalimentación. Los tópicos que nos son asignados por cuestiones geográficas u otras percances vitales nos acaban moldeando, en mayor o menor grado, y, de algún modo, nosotros respondemos reproduciéndolos o repudiándolos a lo largo de nuestra vida, que es la manera más eficaz de tenerlos en cuenta y no dejar que desaparezcan por el desuso.

George Orwell retrató en Homage to Catalonia el perfil fiel de los españoles, su sentido del honor y de la amistad, pero también su carácter pragmático e informal, incluso cuando se encuentran en el frente de batalla. Cuando Orwell se alistó en las filas del POUM y acudió al frente de Aragón no se imaginó que el enemigo se encontraría situado en un monte tan lejano que las balas no alcanzarían, y que su mayor preocupación serían las pulgas y el aburrimiento. En resumen, un buen surtido de tópicos herederos de la leyenda más negra de España, con algo de cierto, pero que sin los cuales, inconscientemente, nos sentimos huérfanos y un tanto inhabilitados, principalmente cuando viajamos al extranjero y presentamos nuestra tarjeta de visita.

1 comentario en “La ingenuidad de Casanova, la lucidez de Azúa o la tribu (II)”

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  1. rosa - Lunes, 30 de marzo de 2009 a las 11:49

    EL FRACASO DE LAS AUTONOMÍAS EN ESPAÑA… “LAS NUEVAS TAIFAS”

    Me temo y a la vista de lo que estamos viendo o padeciendo, que en España pasa ya aquello de que… “mientras más gatos más ratones”. Las autonomías han fracasado en muchas cosas y esperemos no terminen en un gran y estrepitoso fracaso total; puesto que las han convertido en “autonosuyas” (como dejara escrito un famoso escritor contemporáneo: Vizcaíno Casas) y es claro, que lo que empezó siendo un Estado centralizado en excesivo; se ha convertido o va en vías de ello… “en un conglomerado de partes o taifas, donde cada reyezuelo se atribuye todos los poderes y muchos más”; sin que las leyes en uso o vigentes, tengan la fuerza que debieran tener para que las aguas vuelvan a unos niveles aceptables y sin renunciar a la autonomía conveniente, que el Estado no tenga que ser una especie de lacayo al servicio de todos estos tinglados montados y que no entendemos… “o entendemos muy bien”.
    Puesto que las autonomías , no han rducido el número de funcionarios existente, sino que lo han duplicado, triplicado, cuadruplicado o vete a saber; por lo que se deduce que han servido principalmente, o simplemente, para aumentar los ejércitos de parásitos estatales y que se dan en cualquier nación que se descuide… imaginemos aquí que ya el Estado, se ha convertido en diecinueve “estados” y veinte parlamentos (senado incluido, que para nada sirve).
    Por otra parte los servicios que recibimos los súbditos (que no ciudadanos) no han mejorado, ni mucho menos… veamos los apagones recientes en Cataluña y otras; los ya habituales y devastadores incendios, los igualmente crónicos embotellamientos de la circulación por carreteras, la cada vez más desprestigiada sanidad oficial; aeropuertos etc. y en fin… “que en casa que mandan muchos al final no manda nadie y cada cual hace lo que le sale de los güe”. Consecuencia de todo ello, es esa ya enorme costra nacional de corrupciones de todo tipo y de las que nos enteramos por cuenta gotas y muchas veces, por cuanto a “alguien le interesa destapar basuras en beneficio propio y no nacional”.

    Como eco de esas “autonosuyas”, en los municipios, provincias y resto de organizaciones políticas; todo el que puede y por los medios que sean, impone su particular dictadurilla… eso sí, llenándose la boca de una democracia que esto que estamos viendo, no es. Y así, no se realizan cosas generalmente de interés público y que beneficiarían a todos, sencillamente por cuanto el “reyezuelo” que puede, pone “su bota” encima de la mesa y dice que… “al enemigo ni agua”… aunque el perjudicado seamos el pueblo, que nos da igual en definitiva, quienes gobiernen… lo que queremos es que lo hagan bien, eficaz y económico… puesto que esa es otra… estamos pagando impuestos en tal cantidad que ya es bochornoso lo que nos obligan a pagarles para lo poco que nos retornan justificando tan depredación.
    El Estado central no debe ser tan nefasto, cuando países tan desarrollados como Francia o Inglaterra (y otro igualmente prósperos) no han permitido “autonosuyas”; y si algunos ceden algo, desde luego todo lo que es vital para la conservación de un Estado organizado (que es muchísimo) ello no lo ceden a nadie. En Inglaterra han retirado varias veces las concesiones (mínimas) autonómicas, y el día en que esto escribo, se retira de allí el Ejército inglés, que ha estado 40 años… “pero es que los ingleses tienen güe”… lo han demostrado siempre y de ahí, su imperio y su idioma imperante.
    Por otra parte y lo reitero; el Estado centralizado nos resultaba mucho más económico y bastante más eficaz, puesto que “nos dejaba mucho más dinero del que nosotros ganamos, para administrarlo nosotros”; y ello creó riqueza enorme e ilusionante; hoy todo el mundo sólo piensa en cómo eludir los impuestos que pueda y ello no es otra cosa que los resabios hacia los nuevos señores feudales y las cargas que nos imponen, simplemente buscando sus propias riquezas para hoy y “para mañana”… y el colocar y bien colocadas a todas sus mesnadas, puesto que la política no es hoy un servicio, es simplemente una conquista y en toda conquista… el conquistador la quiere explotar de por vida, e incluso dejarla a sus herederos

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