Culo al Viento

Sirvientes

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Juan Abreu
Lunes, 9 de marzo de 2009 | 11:08

Leo un baboso análisis (por llamarlo de alguna manera) de Mauricio Vicent sobre la última purga castrista. Raúl Castro da un puñetazo en la mesa, dice el corresponsal de El País en Cuba. Las babas de Mauricio apenas dejan leer.

Las sumisas consideraciones de Vicent tienen, esta vez, un propósito evidente: contribuir a la fantasiosa construcción de un Raúl Castro reformador, una especie de Gorvachev caribeño.

El fenómeno de los corresponsales de diarios españoles en La Habana es algo digno de estudio. ¿Por qué dejan de ser periodistas y se convierten en sirvientes? Podría ser que se comporten como lo hacen por afinidades ideológicas, o porque un culo y dos tetas (o una buena pinga) halan más que una carreta, como solía decir mi sabia madre. Pero da igual.

En todos estos años de crímenes, torturas y atropellos al pueblo cubano estos adalides de la verdad (en España) todavía no han encontrado tiempo para entrevistar a los sobrevivientes de la masacre del remolcador 13 de Marzo, o para visitar una cárcel o exigir a las autoridades castristas información acerca de las celdas tapiadas o escribir un reportaje investigativo sobre Villa Marista, conocido centro de torturas del DGI cubano.

Prefieren escribir sobre el último concierto del diputado Silvio Rodríguez o, como en este caso, sobre las esperanzas de renovación que encarna Raúl Castro, nuevo presidente puesto a dedo por el achacoso hermano que ahora, siguiendo instrucciones del Comandante en Jefe, ha eliminado algunas piezas del entramado totalitario. ¿Para abrir el sistema? No, para hacerlo más monolítico.

Por cierto, esta sucesión nepotista les parece normal. Sin rubor alguno llaman presidente al dictador Raúl Castro. Y tan tranquilos. ¿Presidente? ¿En que elecciones libres y democráticas lo eligieron?

Ninguna pregunta, por supuesto, sobre los 23 periodistas encarcelados después de la llegada del menor de los Castro al poder.

El máximo exponente de esta manera mansa y degenerada de hacer periodismo es, de largo, Mauricio Vicent. Mauricio, corresponsal vitalicio por motivos que se desconocen, pero que suponemos tienen algo que ver con el papá. Mauricio me recuerda aquellos periodistas de la prensa soviética: más que periodistas, correveidiles de los gendarmes en el poder. Todo un amilanado hueleculos, para decirlo en cubano, de los policías y de los funcionarios con los que se codea.

Sin embargo, Vicent empieza a tener competencia. Leo a Fernando García en La Vanguardia y ecos de Mauricio trufan sus artículos. En uno de ellos, la oprobiosa marginación a la que estaba sometido un boxeador cubano, que hace poco escapó a Miami, es denominada: ‘el futuro que la revolución le tenía asignado’. Sus artículos comienzan a tener ese tono de quien escribe mirando por encima del hombro y teniendo muy en cuenta qué puede mencionar y qué no para no despertar la cólera del amo.

Otra cosa deliciosa es como García se refiere en sus artículos al dictador. Fidel esto Fidel lo otro. Qué familiaridad. ¿Imaginan ustedes a estos periodistas diciendo Francisco esto Francisco lo otro al hablar de Franco?

Al final del artículo dedicado al boxeador, García no olvida llamar la atención sobre el malvado embargo norteamericano y afirma que como un grupo de congresistas de aquel país ha abogado por su fin ‘el combate contra el absurdo en ambas orillas no está del todo perdido’. Así, tranquilamente, en el mismo saco, una dictadura militar que lleva cincuenta años en el poder y la democracia más libre del planeta.

Hay que concluir que estos señores se castran voluntariamente en cuanto se bajan del avión en el aeropuerto de La Habana.

Y dejan de ser periodistas para convertirse en sirvientes.

5 Comments en “Sirvientes”

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  1. MGA - Lunes, 9 de marzo de 2009 a las 11:37

    Juan,

    La prensa apesebrada en España sigue existiendo, no sólo frente a Cuba. Sólo hay que ver cómo actúan en Cataluña día a día.

  2. Santi - Lunes, 9 de marzo de 2009 a las 18:12

    El romanticismo en España ha hecho mucho daño, es como una benda que nos impide percibir numerosas injusticias maquilladas con aquel romanticismo de brocha gorda.

  3. Mao - Martes, 10 de marzo de 2009 a las 10:01

    En el año 93 llegué por primera vez a Cuba con la idea romántica de una Revolución a la que había que apoyar.

    Al segundo dia de caminar por La Habana y conversar con unos cuantos cubanos la venda que llevaba en los ojos se cayó y me pregunté como y porque nuestros medios e intelectuales nos estaban engañando desde hacia tanto tiempo.

  4. MGA - Martes, 10 de marzo de 2009 a las 10:48

    No se pierdan este artículo de Pilar Rahola en La Vanguardia.

  5. Santi - Martes, 10 de marzo de 2009 a las 12:50

    Si ya lo dice Juan Abreu, en España vende más redactar una noticia sobre Silvio Rodríguez, cantautor mimado del régimen, que sobre los presos políticos.

    Todos recordamos aquellas imágenes de un joven cubano preguntando a las autoridades del por que los cubanos no podían entrar en los hoteles (para españoles por ejemplo), o viajar en avión al extranjero, mientras los extranjeros si podían viajar a La Habana, y un largo etcétera de cuestiones que no fueron respondidas debidamente.

    El mirar para otro lado en estas cuestiones nos hace cómplices de la dictadura.

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