Seguro que hay algún juego más estúpido y aburrido que el fútbol. Yo no lo conozco. ¿Quién inventó el fútbol? A saber. Podría averiguarlo apretando varias teclas, pero no estoy para perder el tiempo en semejante bobería. ¿Qué me importa a mí quién inventó eso?

Ya los indios cubanos, a los que apenas podemos considerar seres humanos, jugaban a algo parecido al fútbol con una pelota de resina. Y los aztecas también. ¿O eran los olmecas? Qué más da.

Así les fue.

La cosa llamada fútbol consiste en que varios tipos con uniformes espantosos corren por un campo y tratan de darle patadas a un balón hasta que lo meten entre dos palos. Bajo los palos hay un tipo que trata de impedirlo. A veces estos tipos se dan patadas unos a otros. Hay un árbitro que corretea por el campo y saca unas tarjetas de diferentes colores. Supongo que cada color significa algo. A veces, cuando el árbitro saca una de estas tarjetas los jugadores se enfurecen y le gritan y ocasionalmente lo escupen o le dan una trompada. En ese caso los expulsan.

Al público este tipo de cosa le encanta.

Esto llamado fútbol, se juega en lugares especialmente construidos al efecto, donde caben decenas de miles de personas. Muchas veces se llenan. Increíble. Allí las decenas de miles de personas que acuden gritan y agitan trapos (banderas) de los diferentes equipos, o de diferentes países. Este juego despierta pasiones, no se puede negar. A veces le pegan una puñalada a algún infeliz por la simple razón de pertenecer a otro equipo. Frecuentemente se arman trifulcas multitudinarias al final de los partidos y tiene que intervenir la policía. En ocasiones, hay muertos y heridos. Esta gente, en general, considera que celebrar es sinónimo de destruir.

Los civilizados ingleses son famosos por las borracheras y las broncas que arman en los partidos de fútbol. Lo que hace pensar que la fama de civilizados de los ingleses es algo exagerada.

Como era de esperar, eso del fútbol lo usan descaradamente los nacionalistas para adelantar sus imbéciles causas. Lo que tiene lógica: un juego imbécil, una imbécil causa.

La cosa es simpática en Cataluña pues la mayoría de los jugadores que sirven a los patriotas profesionales para berrear en nombre de la Patria no pertenecen a la Patria. Son africanos, argentinos, franceses, alemanes. Es divertido ver a esos patriotas celebrar el triunfo de los nuestros cuando los nuestros son mercenarios muy bien pagados de otros países y no de la sagrada Patria. Es para partirse de risa.

En la más reciente de estas payasadas, llamada Copa del Rey, los fanáticos vascos y catalanes se dedicaron a abuchear al Rey de España y al Himno Nacional de España. Ya saben lo que pienso de los himnos y de los reyes. Para no hablar de que creo que España no existe; ya hablaré de eso en otra ocasión. ¿Pero no es hipócrita y descarado jugar la Copa del Rey si no quieren al Rey ni quieren pertenecer a España? Renunciar a jugar semejante cosa sería lo más lógico. Además de lo más honesto y patriótico.

Yo seguí atentamente el partido de la Copa del Rey leyendo y con el televisor apagado. Es la mejor manera de seguir estas estupideces supuestamente deportivas que en realidad son pataletas separatistas.

Pero regresemos al fútbol a secas. Apártense patriotas.

El más grande jugador de fútbol de todos los tiempos, el considerado Dios del fútbol de todos los tiempos es un exdrogata argentino comunista que tiene tatuado en el hombro el careto de un asesino psicópata también argentino y cuya más famosa jugada fue una trampa, reconocida por él mismo. Metió la pelota en la portería contraria empujándola con la mano. Algo ilegal. Hasta yo sé que es algo ilegal.

Esto no impide que sea aclamado como el mejor jugador y como la mejor jugada de todos los tiempos de esa estupidez llamada fútbol.

Cuando algún jugador da una buena patada o hace algo que no entiendo pero que por algún motivo se considera extraordinario, sus compañeros de equipo vienen a toda carrera y le palmean el culo.

Es lo único que me gusta del fútbol.

Juan Abreu es escritor y autor del blog Emanaciones.