Era el verano de 1987, el 19 de junio, faltaban unos días para el esperado solsticio de verano, víspera de fin de semana, las familias hacían sus compras, una bomba les estaba esperando, 22 muertos, muchos de ellos mujeres y niños. Una masacre, muchas familias rotas que tuvieron que esperar muchos años para ver sentenciados a sus asesinos.

Veintidós años después, 19 de junio de 2009, la noticia salta a los informativos a primera hora de la mañana. Arrigorriaga que significa en euskera lugar de piedras rojas es un pueblo manchado de sangre. Un nuevo atentado, una nueva víctima, una familia rota, condenas y minutos de silencio.

Veintidós años separan Barcelona de Arrigorriaga, veintidós años de lucha contra el terrorismo, pero algo ha cambiado esta vez, las urnas hablaron y dijeron basta. Para hacer triunfar la libertad hay que luchar por ella, no hay lugar para la resignación y se acabó la impunidad para quienes quieren imponernos sus ideas por la fuerza de las armas.

Los vascos le dijeron NO a quienes hicieron del terror, una rentable excusa política, a quienes lo usaron para avanzar en sus reivindicaciones, cómplices velados justificando la impunidad, la tolerancia con los violentos y la humillación de las victimas.
Han dicho no, a ver a sus propios verdugos y a quienes les cobijan sentados en las instituciones a pesar de lo que diga el Tribunal Constitucional.

Algo ha cambiado en el País Vasco, y parece que soplan vientos de libertad, tan anhelada por muchos y disfrutada por pocos.
Con voz unánime en las instituciones, los vascos y España entera han dicho basta.

Esta vez no hubo tibieza en las condenas sino contundencia, esta vez no hubo resignación ante las intolerables provocaciones sino unidad en la repulsa y el desprecio, esta vez no habrá complicidad con los violentos y esta vez los cuerpos de seguridad, sea cual sea su competencia, tendrán órdenes de actuar, de detener y de mirar de frente a los asesinos. Se acabó la impunidad, esta vez estaban solos y solo se oirá la voz que reclama libertad. Una voz que represente la dignidad de todo un pueblo que se niega a humillarse y someterse a la fuerza del terror. Una voz que hará justicia, detendrá a los culpables, y hará cumplir las leyes que serán iguales para todos.

La voz de la esposa de Eduardo Puelles desafiaba con entereza a los asesinos de su esposo, con valentía y la fuerza de quien no se rinde. “Habrá otros como mi marido” la voz que honra la memoria de las víctimas inocentes. Esa voz deberá resonar en la conciencia de algunos que fueron cómplices que hoy derrotados, deberán recapacitar como han albergado en sí tanta soberbia y han consentido tanto horror y tanta infelicidad.

Algún día ellos mismos se encontrarán solos, rodeados por las sombras de aquellos cuyas vidas destruyeron y de oscuros recuerdos de tantas y tantas familias a las que han hecho sufrir. El final está cerca, lo saben y cuando esto acabe, esa será su condena y habrá ganado la libertad.

Carina Mejías es diputada del PP en el Parlamento autonómico de Cataluña.