Arcadi Espada, escritor y periodista, el 2 de julio de 2009 en El Mundo por dentro:

‘Porcel mantuvo durante veinte años su columna diaria hasta que el otro día decidió dejarla, cansado por la enfermedad. En esas columnas está descrita, con una rara viveza polémica, la construcción del régimen nacionalista. En términos incluso metafóricos puede decirse que Porcel cobró de ese régimen. De acuerdo. Pero nunca les comió la polla, y que perdone dios. El fue un funcionario patriótico porque así lo creyó necesario y siempre le parecieron natural (y compatibles) dos cosas: cobrar por su trabajo y ejercer de escritor, es decir, manifestarse con voz propia. Porcel no se entretuvo en gadgets ni en menudencias literarias: quería significar. Fue un escritor obsesionado por el poder; obsesionado de una manera clásica, casi shakespeariana. Fue su gran tema. Fatalmente manqué. La debilidad de su lengua y de su patria le atormentaron. Tanto como el no poder escapar de ellas. Porcel fue un vibrante fracaso’.