Culo al Viento

El Altísimo

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Juan Abreu
Lunes, 20 de julio de 2009 | 11:43

Mohamed VI, rey y dictador de Marruecos, mandó un avión a repatriar los restos de Ryan, el bebé muerto a causa del error de una enfermera en un hospital de Madrid. Según los diarios, el embajador de ese país visitó a la familia del pequeño y le entregó una carta de su dictatorial majestad.

Qué carta. Qué morro.

Decía: “Comparto vuestro dolor tras esta pérdida cruel e imploramos a Dios, el Altísimo, que os conceda en esta penosa prueba más fuerza y más fe para aceptar el fallo divino, y esperamos que recojás la mejor de las recompensas del Altísimo”.

El fallo divino.

Veamos. Si la pérdida es cruel y Dios la permitió: Dios es cruel. Me pregunto cómo se puede seguir amando y teniendo fe en un Dios que mata a los bebés de nuestros súbditos.

Ya veo en el horizonte a los que vienen a darme en la cabeza con lo del libre albedrío. Pero no les haré el menor caso. El libre albedrío no es más que una excusa barata inventada para justificar los injustificables horrores de un mundo creado, dicen, por un infinitamente sabio y bondadoso Dios. Notarán que el rey, desde su palacio y entre su familia que no emigra porque no pasa hambre en Marruecos señala explícitamente que la muerte de Ryan se debe a un fallo divino. Supongo que Mohamed número seis usaba fallo en el sentido de resolución, de sentencia. Porque si lo utilizó en su sentido de fracaso, estaríamos ante una blasfemia. Y blasfemar Mohamed, ¡oh Dios!

Ahora bien, si se trata de un fallo divino, no hay por qué agobiarse: el niño fue elegido por alguna divina razón que se nos escapa pero que no puede ser otra cosa que justa y buena ya que proviene de Dios. Nuestra pobre condición de mortales pecadores nos impide entenderla y apreciarla, eso es todo.
Al final de su carta, el rey dice que espera que los familiares recojan la mejor de las recompensas del Altísimo. Parece que el Altísimo los va a recompensar después de cargarse al hijo. Ojalá sea así. Pero en ese caso ¿para qué aceptar una compensación del hospital donde se cometió el terrible error? ¿O una compensación de la Comunidad de Madrid o del Gobierno de España? ¿Para qué contratar abogados?

Lo consistente, lo religioso, sería dejarlo todo en manos del Altísimo. Que Él se encargue de la compensación así como se encargó, mediante su fallo divino, de hacer posible el error que le costó la vida a Ryan.

¿Y qué hay de la enfermera? Pues la enfermera no es más que un instrumento del Altísimo. Es inocente. Carece de sentido condenarla por algo que dispuso el Altísmo y a lo cual ella no podía oponerse por motivos obvios. Ella es tan víctima del fallo divino como Ryan.

Si tenemos fe y aceptamos la existencia de Dios, esa es la situación.

Este es el dilema de la familia del bebé fallecido en el hospital madrileño: debe aceptar que el Dios que aman quiso la muerte de Ryan. Que de alguna manera tramitó el asunto.

Yo lo mandaría a la mierda.

Juan Abreu es escritor y autor del blog Emanaciones.

3 Comments en “El Altísimo”

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  1. Jaime - Martes, 21 de julio de 2009 a las 03:06

    DIOS podria meterse sus celestiales acciones por donde le quepa. La religion al igual que los nacionalismos hace que la gente se ciegue estupidamente por razones escritas en cuentos de adas, creados por un ilusionista, por un removedor de las verdades, un incosciente viajando por las tumultuosas olas de lo rigidamente perfecto y cierto.

  2. Zoé Valdés - Viernes, 24 de julio de 2009 a las 14:55

    Ya sabes, por eso te quiero.

  3. Andriu - Lunes, 27 de julio de 2009 a las 11:36

    Seguro que es mucho mejor enviar un mensaje incitando a la venganza. La enfermera debe de pagar su error. Diente por diente. Nada de resignación.
    Hay quien decide quedarse a luchar y quien decide marcharse hasta que la cosa pase.
    Los que se marchan son los que suelen mostrarse como los más luchadores. Y entre muestra y muestra, unas cervecitas en la piscina.
    Leer para creer.

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