Rusia tiene un largo historial de esclavitudes y brutalidades. Allí parieron una de las formas de totalitarismo más asesina y salvaje que haya inventado el ser humano. Ya en el momento del invento vivían en un sistema esclavista, no es que no supieran lo que era la cosa. Libres, lo que se llama libres, nunca han sido libres los rusos. Políticamente hablando, claro está.

Y ahora tienen a Putin y a su criado Medvédev.

A mí Rusia me parece un país horroroso. Tengo mis prejuicios al respecto, lo confieso. Tuve que padecerlos cuando colonizaron la isla de Cuba mientras yo vivía allí. Todo lo que recuerdo de los rusos es espeluznante. Empezando por ellos mismos. No sé si los escogían entre los más feos y apestosos para ir a la colonia tropical pero uno se tropezaba en las calles habaneras con ejemplares verdaderamente lamentables. De las mujeres, qué decir. Más que mujeres eran como vacas deslavazadas y lechosas. Por otro lado, se daba la curiosa situación de que los colonizadores llegaban a un país más avanzado. La tecnología rusa en aquella época, no sé si habrá mejorado algo, resultaba atroz. Una simple tuerca, si rusa, no enroscaba. Y qué decir de los feos televisores muchos de los cuales jamás se llegaban a ver. Y de los ventiladores, que estallaban cuando menos se esperaba.

En fin, que salvo la maravillosa literatura rusa anterior al comunismo, poca cosa me gusta de Rusia. Un país siniestro. Amante de los dictadores, propenso a la esclavitud. Cada vez que veo algo sobre Rusia en los diarios es una atrocidad. El asesino Putin haciendo alguna típica matonería, su criado haciéndose pasar por presidente. Hace poco nos llegó de ese páramo congelado la noticia del asesinato de Natalia Estemívora, activista a favor de los derechos humanos. La secuestraron en Chechenia, una colonia rusa, y le pegaron cuatro tiros.

A Putin no le gustan los periodistas ni los defensores de los derechos humanos. Los manda eliminar cuando se hacen molestos. Después, claro está, ordena una investigación concienzuda e inútil pues todos sabemos que no va a arrestarse a sí mismo. Mientras el asesino Putin liquida a los periodistas que se atreven a denunciar sus atrocidades, Occidente y Europa miran hacia otro lado y a la menor oportunidad le dan un lametazo en salva sea la parte al matón. Hay mucho gas y mucho dinero en juego y un periodista más o menos a quién le importa. Esa es la política de Europa hacia Rusia. Sencilla: aguantarle todo al matón Putin. Las armas nucleares de Rusia también son un motivo fundamental para la abyecta política europea hacia Rusia. Lo que hace que me pregunte qué espera Israel para arrasar las fábricas de bombas nucleares de Irán.

En Rusia no hay ni independencia judicial, ni prensa libre (los que se atreven a ser periodistas libres les pegan tarde o temprano un tiro) ni elecciones decentes. En fin, que hay una dictadura putinesca.

En cuanto a los políticos de Europa. Pues compiten unos con otros a ver cual de ellos tiene menos vergüenza. Mientras mataban como a un perro a la activista rusa el criado de Putin estaba en Alemania haciendo negocios. Que si el oleoducto, que si la inversión rusa en Opel. Enseguida que se supo del crimen, la Merkel puso cara de enfadada y dijo bla bla bla y volvió a los negocios. El criado de Putin por su parte declaró que no se cansaría de olisquear la entrepierna putinesca, digo, no, que no descansaría hasta encontrar a los asesinos bla bla bla.

Y a sus cosas.

Respecto a España, qué decir. Zapatero y Moratinos tienen la boca demasiado ocupada lamiendo el culete castrista y planeando la invasión de Honduras para reponer allí al lameculos de Chávez, el payaso Zelaya (qué estrella ha perdido el Circo Ringling Brothers).

¿Decir algo del puto Putin? Qué mal gusto.

Juan Abreu es escritor y autor del blog Emanaciones.