Ayer hice una excepción y le puse la voz al televisor cuando salió la ministra de Defensa. Anunció la liberación del barco pesquero secuestrado. Que esa pobre mujer sea ministra de España lo dice casi todo sobre España, o al menos lo dice todo sobre el Gobierno de Zapatero. Dicen que Zapatero salió también con su característico aire bobalicón clamando victoria, pero eso ya era demasiado para mi estómago.

Pues ahí estoy mirando a la ministra que pone cara de novela de Falcones, es decir cara de pescado empanado y se niega a responder a las (tímidas) preguntas de la periodista del canal oficial (TVE). La periodista le da cuerda para que la ministra suelte un espeluznante rollo que apenas tiene que ver con lo que ha sucedido; que es esto: el Gobierno de España ha pagado un rescate de millones de dólares a una banda de criminales para que liberen a los pescadores que mantenían secuestrados. Después de recibir el pago, los delincuentes se repartieron el botín en cubierta y tranquilamente se largaron en sus respectivas lanchas hacia la costa, distante más de una milla. Todo esto bajo la atenta mirada de un operativo militar que no pudo liquidar, hundir o al menos apresar a ninguno de los bandidos. Supongo que se le habrá encasquillado el cañón al helicóptero. Ah, si, el helicóptero. Tratan de cubrir la chapuza con el cuento de un helicóptero que atacó pero falló y tampoco tuvo tiempo de volver a disparar mientras los criminales recorrían ¡más de una milla en lanchas!

Creen que somos idiotas. Y seguramente lo somos, los votamos.

Casi me ciega el abrigón verde que lleva la ministra que se ha contagiado con la otra ministra que siempre va disfrazada a la última moda. O eso piensa ella. Hago un esfuerzo y sigo la perorata de la ministra. No me puedo creer que lleve diez minutos hablando y la periodista todavía no le ha preguntado si han pagado un rescate.

Pasa el tiempo.

Al fin, se lo pregunta, cuando la novela de la ministra Chacón va por el capítulo veinte. La ministra como si no fuera con ella. Continúa la novela. Viene el capítulo donde se describe la alegría de la ministra y de todo el Gobierno y como todo ha sido manejado a la perfección y qué gran victoria hemos obtenido. ¡Viva España!, y nada de nada respecto al rescate que acaban de pagar y nada de nada sobre por qué no han apresado a los delincuentes cuando abandonaron el barco.

Fotos del barco escoltado por dos heroicos barcos de guerra.

Tra la la tra la la.

Trompetas.

Ni una sola foto de los secuestradores en la playa de fiesta festejando los millones de dólares que les acaba de entregar el Gobierno español. ¿De dónde sale ese dinero? ¿Por qué no pagaron antes ya que iban a pagar? ¿Por qué dejaron en ese infierno a los 36 marineros 47 días si iban a pagar?

No puedo quitar los ojos del abrigo verde de la ministra. Hago un esfuerzo y alzo la mirada hasta su cara de novela de Falcones. Pescado empanado.

Y allá en Somalia los criminales se aprestan a comprar mejores armas para secuestrar más y mejor a pescadores españoles con dinero del Gobierno español.

¡Victoria, victoria!

Juan Abreu es escritor y autor del blog Emanaciones.