El título roza lo escatológico, pero nada comparable con el del último artículo que escribía Daniel Sirera, en otro periódico digital, Me gustan las corridas. En fin, ambos hemos llamado la atención del lector de una forma fácil y a los dos nos debe hacer cierta gracia jugar con la doble acepción de la palabra. Total, ¿qué opino respecto a la tramitación parlamentaria de la ILP que propone la prohibición de las corridas de toros en Cataluña?

No es una cuestión identitaria

Los toros son una tradición tan catalana como los castillos humanos. No hay duda. Las plazas de toros más importantes han estado durante mucho tiempo en Barcelona y en el sur de Cataluña hay una cierta tradición con algunas variantes respecto a lo que hacen en Sevilla. Tanto Josep Rull (CiU) como David Pérez (PSC) decían durante la tramitación de la ILP que no había que plantear el debate en términos identitarios. Y no les falta razón. Probablemente haya alguien con una cultura limitada que identifique rápidamente a los toros con España, sobre todo fuera de nuestro país, pero la tradición (¿Las tradiciones son buenas? ¡Qué tradición tan graciosa la de lanzar una cabra desde un campanario!) tiene componentes dudosos desde la perspectiva ética. En Canarias hace muchos años que las corridas, las que presupongo como poco sanas, están prohibidas y no son sospechosos de ser militantes de ERC.

La zoofilia en España no es delito

No entiendo a quienes disfrutan con el espectáculo de la muerte. Como también me cuesta entender a quien mantiene relaciones sexuales con animales. Total, el animal no ha sido preguntado y está tipificado como delito en algunos países, como en EEUU. Abusar sexualmente de un caballo en Australia es una actividad delictiva y, sin embargo, en España, matar a un toro, con aplausos incluidos es, con la excusa de la tradición, socialmente aceptable (¡ojo! porque la zoofilia tampoco está prohibida en nuestro país). Por lo menos, ¡póngalo en duda!

Una tercera vía

La iniciativa, que no ha sido propuesta por un grupúsculo nacionalista, sino que es el resultado de la suma de miles de firmas de ciudadanos tan catalanes como Joan Puigcercós o Rafael Luna, propone la erradicación de las corridas de toros en los términos actuales. Probablemente, y después de que el PSC haya decidido que en próximas votaciones relativas al tema no haya libertad de voto entre sus diputados (¡viva el parlamentarismo donde las actas son del diputado y no del partido!), la ILP no prosperará.

No obstante, todo este debate podría servir para replantearnos si es necesario mantener una tradición con sangre incluida, y si las corridas de toros –para aquellos que tanto disfrutan con lo que denominan arte (sí, José Tomás probablemente es un artista)-, podrían no llevar incluido el espectáculo de la muerte. En otros países así lo hacen. Las tradiciones, pese a tener componentes conservadores, pueden adaptarse a los nuevos tiempos. ¿O no?

Nacho Corredor es presidente de Deba-t y también se le puede leer en su blog personal.