Leonor Mayor, periodista, el 8 de marzo de 2010 en El Mundo.

‘Precisamente a Rivera le mandaron un día una carta con una bala dentro. Los remitentes eran unos militantes de Esquerra a los que el partido tuvo el acierto de echar. Hubo juicio y, como es natural, ganó el líder de Ciutadans, quien, no contento con esa victoria, se fue el jueves a donar el dinero de la indemnización a una asociación que defiende a las víctimas del terrorismo. Rivera se hizo una foto del histórico momento de la donación, pero los medios, sensatos ellos, no le compraron la película y el asunto no tuvo la trascendencia mediática que su promotor deseaba.

Su más directa competidora, Rosa Díez, le ha ganado la partida por goleada esta semana. Díez se fue a la Universitat Autònoma de Barcelona a dar una conferencia. Sabedora, a buen seguro, de que no iba precisamente a visitar un jardín de infancia. En 1999, José María Aznar tuvo la misma idea. La ocurrencia se saldó con unas cuantas barricadas, muchos golpes y gritos y la nada desdeñable cifra de 19 heridos. Aznar consiguió incluso que la Universidad le declarase persona non grata.

Díez no logró un éxito tan rotundo, pero su incursión en la Autònoma no estuvo nada mal. Hubo griterío, hubo golpes, hubo escupitajos y hubo insultos. El decano de Ciencias Políticas, Salvador Cardús, quedó rociado de pintura y el coche de la líder de UPyD, abollado.

Por lo que cuentan los cronistas que fueron a cubrir el acto, la cosa llegó a calentarse tanto que hubo quien temió por su integridad física. Díez tuvo que abandonar el recinto universitario escoltada y con paraguas en mano para parar los escupitajos. Pero en todo momento mantuvo la sonrisa. No es para menos. Consiguió salir en los periódicos y los telediarios y algún que otro voto se habrá ganado después de semejante odisea.

Que nadie lo niegue, que nadie se engañe: a la contra se vive mejor. Los extremos se tocan, se retroalimentan y los políticos lo saben y lo utilizan en su favor‘.