Opinión

De profesión, graciense

‘Entre los modos que adopta el adoctrinamiento de quienes se erigen en opositores de sí mismos, no solo se cuenta la bravata balconera, sino también la solemne declaración institucional (la última, contra el TC), el engrase económico de la maraña de grupúsculos independentistas que organizan las fiestas alternativas (¡movida promovida por el Ayuntamiento!) o la reforma a perpetuidad del nomenclátor callejero’.

Pepe Albert de Paco
Jueves, 26 de agosto de 2010 | 17:41

Durante el pregón de las pasadas fiestas de Gracia, el presidente del distrito, el republicano Ricard Martínez, declaró sin rebozo que la fiesta era “un buen escenario para seguir reivindicando que Cataluña es una nación”, consigna que, cual ciudadanos ejemplares, siguieron a pie juntillas los proetarras que, en los días sucesivos, jalearon el currículo de Laura Riera y tildaron al Tribunal Constitucional (TC) de “tribunal de excepción”.

Jóvenes radicales durante la concentración de protesta en Gracia por la prohibición del acto de homenaje a Laura Riera, el pasado 21 de agosto (foto: LVdB).

El magisterio cívico que impartió Martínez debiera mover a reflexión a Alberto Fernández Díaz, que suele acusar de pasividad frente a los alborotadores a las autoridades gracienses y barcelonesas. No en vano, cuando los más aventajados antisistema del barrio son sus gobernantes, no cabe hablar de pasividad, sino de indisimulado activismo. Y es que la impudicia sectaria del grueso de los ediles locales, con su presidente a la cabeza, no es un suceso inacostumbrado. De hecho, no hay una sola iniciativa consistorial que, aun de forma secundaria o residual, no tenga por objeto subrayar la naturaleza nacionalista y de izquierdas del barrio o cultivar el mito de que Gracia es una suerte de república altermundista donde la ley tiende a la disolución.

En cuanto a los modos que adopta el adoctrinamiento de quienes se erigen en opositores de sí mismos, no solo se cuenta la bravata balconera, sino también la solemne declaración institucional (la última, contra el TC), el engrase económico de la maraña de grupúsculos independentistas que organizan las fiestas alternativas (¡movida promovida por el Ayuntamiento!) o la reforma a perpetuidad del nomenclátor callejero, entre cuyas más recientes adquisiciones figuran la plaza de las Mujeres del 36 -huelga decir a qué mujeres excluye el complemento ‘del 36’-, o la plaza de la Villa de Gracia -que acaso prefigura la autodeterminación del barrio y quién sabe si su hermanamiento con Mondragón-.

Tamaño despliegue panfletario ha provocado que el enjambre de callejuelas que se yergue entre la Diagonal y la plaza Lesseps asemeje un parque temático de la okupacionismo, una secuela antifa de El show de Truman. Ciertamente, y a diferencia del plató que habitaba Jim Carrey, Gracia no está cubierta por una bóveda celeste de porexpán. No obstante, el contento general de los vecinos con su lugar en el mundo (y muy especialmente, el de aquellos vecinos que manejan algún hilo en el tejido asociativo) guarda bastantes semejanzas con la sonrisa pétrea y alelada de los ciudadanos de Seaheaven.

En este sentido, basta recordar la secuencia que, el pasado sábado, siguió al conato de bienvenida a Riera. Al poco de ver frustrado el homenaje, el centenar de adolescentes que se había congregado en la plaza del Raspall no tuvo el menor reparo en proseguir el tira y afloja con la policía en la plaza de la Villa, donde, en ese instante, un grupo de niños disfrutaba junto con sus familiares de una actividad lúdica incluida en el programa oficial de las fiestas (todavía no existen las fiestas alternativas para niños, pero todo se andará).

Cualquier individuo con un atisbo de sentido común habría juzgado la irrupción de los proetarras en la plaza como un acto de una imperdonable bajeza. En Gracia, no obstante, la lectura de la realidad no admite según qué injerencias. Por eso, tal vez, los padres no dudaron en arremeter contra las fuerzas del orden en lugar de hacerlo contra la turba de batasunos que había resuelto utilizar a sus hijos como escudos humanos. Después de todo, y parafraseando al pensador Martínez, qué mejor escenario que una ginkana infantil para seguir ejerciendo de gracienses profesionales.

Pepe Albert de Paco es periodista

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3 Comments en “De profesión, graciense”

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  1. Pau - Jueves, 26 de agosto de 2010 a las 21:28

    Muy interesante reflexión y gracias por la info.

  2. Mary - Viernes, 27 de agosto de 2010 a las 03:27

    Este artículo parece una combinación ‘random’ de palabras. Se entiende de qué brazo del mundo político viene el autor, pero no se ve capaz de expresarse en una manera coherente.

  3. Quizá eres tú “Mary” la que no entiende la coherencia aplastante de este artículo. ¿de qué brazo político viene el autor? yo sólo veo a alguien escribiendo sobre algo tan obvio y denunciable como es el que un grupo (reducido) de jóvenes se dediquen a homenajear a una TERRORISTA que es lo que ha sido LAURA RIERA

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