Opinión

Un divino

‘Las memorias de Oriol Regàs son un ejercicio caligráfico presidido por la santurronería y, hasta cierto punto, deudor de la corrección política. Sepa el lector que Sr. Bocaccio intentó proveer a los jóvenes que protagonizaron la capuchinada de bocadillos de pularda, salmón y foie’.

Pepe Albert de Paco
Jueves, 9 de septiembre de 2010 | 09:30

Me zambullí en las memorias del promotor Oriol Regàs, Los años divinos, con la esperanza de encontrar poemas esbozados en el posavasos, comunismo a gogó y demás jirones de vino y rosas. A ello contribuyó, sin duda, la naturaleza legendaria, casi mítica, de los negocios que alentó el personaje, esos exuberantes abrevaderos donde la izquierda glam se tentaba las carnes. Bocaccio, Maddox, Revolution… La sola evocación de la trama de santuarios que urdió Regàs a despecho de la noche franquista (o tal vez a su rebufo) da noticia de que rara vez dio puntada sin hilo. Incluso el postrero Up & Down descolló por su orgulloso aire gremial, de pijería lowcost y bandera rojigualda en el Festina.

Portada del libro de Oriol Regàs 'Los años divinos'.

Sorprendentemente, Los años divinos es, antes que la virtuosa anotación de un fin de fiesta perpetuo, un ejercicio caligráfico presidido por la santurronería y, hasta cierto punto, deudor de la corrección política. No ya por las 250 páginas de soliloquio de diván en las que Regàs desgrana su infancia; o porque a cuenta de las sustancias de que se nutre una vida se nos endose la obscena letanía que a tantos ha llevado al infierno (‘Yo lo único que hacía con cierta asiduidad era fumar porros’); o porque el Sr. Bocaccio se escándalice ante el hecho de que su franquicia madrileña sea en la actualidad una barra americana (‘[…] se consumen bebidas, se baila con alguna de las numerosas chicas y se liga, a precios estipulados, para ir al piso superior, convertido en un sinfín de mini habitaciones para estos amores repentinos ¡Lamentable!’). Además de estas y otras muchas pinceladas, lo que de veras define el acoplamiento del autor (y de los hechos que jalonan su biografía) a la moral de nuestros días es su acreditado antifranquismo.

Sepa el lector que Regàs intentó proveer a los jóvenes que protagonizaron la capuchinada (entre los que se encontraba su hermana Rosa) de bocadillos de pularda, salmón y foie. Bien es cierto que a mitad de camino meditó su extravagancia y dio la vuelta, pero su aversión al régimen se ciñó a lo estipulado. Lean, si no, el siguiente juramento, formulado a propósito de la organización de un concierto-mitin del PSUC:

‘En ningún momento me planteé la organización de estos eventos como un proyecto empresarial, sino más bien como actos al servicio de la comunidad’.

Por si ello no bastara, en el epígrafe ‘En catalán, por amor’ el declarante alega:

‘Entre nosotros siempre hablábamos en castellano. Ese día le pedí que lo hiciéramos en catalán. ‘¿Por qué?’, me preguntó. ‘Porque tú y yo nos casaremos y así será más cómodo‘, le contesté’.

Conste en acta.

Pepe Albert de Paco es periodista

Temas: , ,

1 comentario en “Un divino”

NOTA: Sean respetuosos con sus comentarios. Se borrarán los comentarios cuyo contenido o enlaces puedan ser considerados difamatorios, vejatorios o insultantes. Recuerden siempre que las formas importan y que hay muchas formas de decir lo mismo. Gracias por participar.
  1. Angel2 - Jueves, 9 de septiembre de 2010 a las 21:54

    Buen artículo Pepe.

Suscripción RSS a los comentarios de esta entrada.