Opinión

‘Manifiestación’

‘A las cinco y veinte, la manifestación se ve envuelta en un runrún que acaba rompiendo en griterío: “¡A por ellos, oé!, ¡a por ellos, oé!”. Dicho y hecho. Diez o quince manifestantes aprovechan la endeblez del cerco policial para tomar la calzada de la calle Marina’.

Pepe Albert de Paco
Lunes, 27 de septiembre de 2010 | 17:33

Entiendo perfectamente que algunos medios de comunicación hayan engordado los titulares con ese ‘los mossos agreden a los aficionados a las puertas de La Monumental’. Antes aun de que se produjera el conato de carga policial, tenía para mí que el periodismo iba a sucumbir a la sal gorda ante la más leve fricción entre unos y otros. Los hechos, no obstante, fueron más grotescos de lo que toleraría cualquier canon narrativo.

Momento en que agentes de los mossos cargan contra un manifestante protaurino a las puertas de la Monumental de Barcelona (foto: Pepe Albert de Paco).

Pasadas las cinco de la tarde, alrededor de quinientos aficionados se apostaban en la esquina de Gran Vía/ Marina. La mayoría portan señeras en las que puede leerse la leyenda ‘Som lliures!’, que remite indefectiblemente al célebre autobombo de la COPE. Entre los manifestantes se hallan el presidente de la Plataforma para la Defensa de la Fiesta, Luis Corrales, el presidente de la Federación Taurina de Cataluña, Luis María Gibert, el ganadero Andrés Moreno y el torero Enrique Guillén, que saltó recientemente a los papeles por causar daños en una sede de ERC. No hay un solo VIP. Ni siquiera se advierte la presencia de Fran Rivera, que actúa al día siguiente en Barcelona y que, esa tarde, seguirá la corrida desde la barrera. Quienes sí se han dejado ver enarbolando consignas contra CiU son los diputados Rafael Luna (PP) y David Pérez (PSC).

A veinticinco metros de los protaurinos, y protegidos por una docena de mossos, los antitaurinos despliegan su arsenal vocinglero: “Asesinos” y “La tortura no es arte ni cultura”, por ejemplo. Hay quien se pregunta en qué empleará sus tardes de ahora en adelante Lluís Villacorta, de profesión activista bañado en pintura (¡no en sangre, como leo en algún periódico!).

A las cinco y veinte, la manifestación se ve envuelta en un runrún que acaba rompiendo en griterío: “¡A por ellos, oé!, ¡a por ellos, oé!”. Dicho y hecho. Diez o quince manifestantes aprovechan la endeblez del cerco policial para tomar la calzada de la calle Marina. Se multiplican los semblantes agrios. Por un instante, se hace el silencio entre los antitaurinos, que buscan refugio tras el furgón policial. Finalmente, cuatro agentes de uniforme contienen la embestida de los manifestantes, cuyo objetivo, a estas alturas, es una incógnita.

De pronto, se alza un grito enérgico y casi extemporáneo, un grito que, al igual que el “somos libres” de las banderitas (más propias, dicho sea de paso, del día del domund que de una manifestación), no es sino contrario a la realidad: “¡Ca-ta-lu-ña / es-tau-rina!”. Un tipo con la cabeza rapada y una porra metálica born-to-kill (“¡Hostia, un secreta!”, dice un aficionado en su cara) secunda a los mossos -en la foto de Santi Cogolludo que publica El Mundo se aprecia su rauda derecha-. Un cuarteto de aficionados (más retóricos que belicosos) no cesan en sus intentonas de aproximarse a los antitaurinos. El pico de tensión se resuelve en una agarrada que deja un apreciable moratón en el cuello de un aficionado.

Se acerca la hora de la corrida y la concentración va perdiendo fuelle. Ya en la plaza, los aficionados secundan el paseíllo con una consigna que amenaza con convertirse en clásico: “¡Libertad, libertad!”. El primero de la tarde aún no ha sufrido el preceptivo trallazo bracilargo de Raúl Gracia, El Tato, cuando uno de los tendidos se vuelve y abuchea al diputado socialista David Pérez. Antes de que Morante sueñe el toreo, y tras el infame desfile de hasta seis culipollos anovillados (dos de ellos, devueltos al corral), un aficionado da rienda suelta a su melancolía: “Esto no merece ni que lo prohíban”. A dos asientos, otro aficionado abre el abanico de las autorías intelectuales: “¡Balañaaaaaaaá!”. Tan por los suelos está el nombre de la empresa que basta con decirlo para encontrar el docto acuerdo de unos y otros. Ah, mas la lidia siempre reserva un lance a la eternidad. ¡Ahí va Morante, abrochando el toro a su mentón!

Pepe Albert de Paco es periodista

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1 comentario en “‘Manifiestación’”

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  1. Sánchez Alcalá - Lunes, 27 de septiembre de 2010 a las 18:45

    Podrían prohibir los toros pero dejarnos al menos a Morante de la Puebla.

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