Cataluña

El presidente del TSJC considera que la lengua catalana es “la primera manifestación de la identidad de Cataluña”

El nuevo presidente del TSJC se marca como objetivos recuperar la confianza de la ciudadanía, fomentar la transparencia en los tribunales y la cooperación entre instituciones.

Agencias / Redacción
Sábado, 11 de diciembre de 2010 | 16:57

Miguel Ángel Gimeno ya es presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), tras la toma de posesión del cargo este viernes en un acto solemne que ha contado con la presencia, entre otros, del presidente autonómico en funciones, José Montilla, y de su próximo sucesor, Artur Mas.

Gimeno, que sustituye a Maria Eugènia Alegret, presidenta del TSJC los últimos seis años, centró su discurso de toma de posesión en los objetivos que se ha marcado para su mandato al frente del máximo organismo autonómico judicial: recuperar la confianza de la ciudadanía en la justicia, fomentar la transparencia en la gestión de los tribunales y cooperar con el resto de instituciones.

El nuevo presidente del TSJC indicó, además, tras tomar posesión del cargo, que reforzará el uso del catalán en el ámbito judicial promocionándolo y defendiéndolo porque, desde su punto de vista, es “la primera manifestación de la identidad de Cataluña”.

Temas: , ,

23 Comments en “El presidente del TSJC considera que la lengua catalana es “la primera manifestación de la identidad de Cataluña””

NOTA: Sean respetuosos con sus comentarios. Se borrarán los comentarios cuyo contenido o enlaces puedan ser considerados difamatorios, vejatorios o insultantes. Recuerden siempre que las formas importan y que hay muchas formas de decir lo mismo. Gracias por participar.
  1. Alwix - Sábado, 11 de diciembre de 2010 a las 18:39

    Ja era hora: A dia d’avui només un 6% dels judicis son en català.

  2. TSJC - Sábado, 11 de diciembre de 2010 a las 18:48

    És que a Catalunya només hi ha un 6% de catalans

  3. Ufrasico - Sábado, 11 de diciembre de 2010 a las 18:54

    Los terruños no tienen identidad, o por lo menos no equiparable a la identidad de las personas, de los individuos, y, por lo tanto, la Justicia, los jueces deben de procurar defender sobre todo los derechos, incluidos los lingüísticos, de las personas, de los individuos, no los que, pruntamente, puedan tener los terruños, tal como sentenció el TC, recién.

  4. juan - Sábado, 11 de diciembre de 2010 a las 20:47

    bueno, pues empieza por castigar a los que multaron por rotular en la lengua del estado,
    mete entre rejas a rovira, y a todo ese enjambre de perseguidores de lo español, como ciudadano nacido en cataluña, y español, deseo, justicia, y protecion para los españoles en esta comunidad de españa, , no empieces a marear la perdir, o empezare a pensar que mas de lomismo,

  5. Saturio - Domingo, 12 de diciembre de 2010 a las 00:32

    Su señoria no tiene trabajo para que confiemos los ciudadanos en ellos y con esas declaraciones me parace que va por mal camino

  6. Català emprenyat - Domingo, 12 de diciembre de 2010 a las 00:40

    juan:
    no digas eso! respeto tu opinion, pero decir que un señor como rovira lo metan entre rejas eso es ser un sinverguenza!

  7. Estómago agradecido quizás - Domingo, 12 de diciembre de 2010 a las 12:11

    Pues empieza bien este juez …

  8. Jose Orgulloso - Domingo, 12 de diciembre de 2010 a las 13:14

    Otro abducido por el catalanismo.

  9. CIUDADANO NO NACIONALISTA - Domingo, 12 de diciembre de 2010 a las 13:19

    Pues empezamos bien. Uno , en su ingenuidad, esperaba que las manifestaciones de tan alta personalidad, y más en lo judicial, iría por aquello de la corrupción política….pobres ciudadanos.

  10. momium - Domingo, 12 de diciembre de 2010 a las 14:34

    Más historia :

    ____________________________________________

    El mito de la “isla industrial” :

    Con relación al supuesto inmovilismo agrario diremos que durante el s.XIX la agricultura peninsular, aún sometida al azar de las malas cosechas, fue capaz de alimentar a toda la población sin recurrir a compras en el extranjero y vendiendo producto al exterior; esa bonanza estimuló la modernización de sus infraestructuras (industria harinera, molinos, y ferrocarril).

    El ferrocarril estuvo estrechamente vinculado a la agricultura; surgió como consecuencia del mercado agrario y se construyó por la iniciativa, y el dinero, de los propietarios agrarios importantes, con la finalidad de abaratar el transporte. Simultáneamente ese medio permitió la comercialización de otros productos (perecederos) que anteriormente no habían podido ser objeto de intercambio.

    Como instrumento económico, el ferrocarril, se inició hacia ~ 1855. Su importancia fue tal, que por sí mismo, produjo la integración real del mercado español al superar la dificultad que la geografía de España opone a las comunicaciones terrestres. Ese obstáculo había regionalizado la actividad comercial hasta entonces. Con el tren, no solamente se incrementó el comercio, sino que impulsó definitivamente la “especialización productiva”, dando lugar a las economías complementarias (que constituyen una economía nacional) entre las zonas agrícolas e industriales, uniendo el interior y la periferia.

    La agricultura no fue ni atrasada ni inmovilista. Hacia el final del siglo se produjo la hecatombe de los mercados europeos con la irrupción de los productos americanos, argentinos, canadienses y australianos. Esto provocó un frenazo importante al proceso de modernización. No obstante, la agricultura peninsular no se colapsó pese a la invasión de grano barato en el litoral (Castilla vendía el 50% de su producción en Cataluña, al suministrarse ésta con grano exterior, más barato, la infligió un duro golpe), y los más competitivos subsistieron: Castilla y León con los cereales, y Andalucía incluso alcanzó la hegemonía del aceite en Europa hasta bien entrado el s.XX.

    En esas circunstancias, agricultores y viticultores (zona mediterránea) reclamaron, y obtuvieron, del Estado la protección arancelaria. En cambio no lo logró, y por tanto desapareció, la ganadería lanar, que no podía competir con la lana extranjera importada a bajo precio para favorecer a los fabricantes textiles catalanes.

    En cuanto a la industria, también el punto de vista difundido está distorsionado interesadamente. Durante el s.XIX la industria creció bajo el proteccionismo del Estado, con el mercado interior al amparo de la competencia internacional. Los catalanes fueron quienes constantemente exigieron el proteccionismo aduanero, requiriendo un mercado nacionalizado, a través de sus asociaciones empresariales (el Instituto Industrial de Cataluña y el Fomento de la Producción Nacional).

    Al inicio del siglo, las mejores perspectivas industriales las tenían Cataluña y Andalucía. Andalucía fue pionera en el uso del vapor como fuerza motriz (50 años antes que Cataluña) en la industria molinera y en el curtido de pieles.

    En 1830 se instalaron Altos Hornos en Marbella, y junto a ellos se desarrolló una serie de industrias: algodonera y lanera (ambas equipadas con la más moderna maquinaria, igualando la capacidad catalana), industrias químicas auxiliares y del ácido sulfúrico. Pero todos esos desarrollos, se enfrentan a un problema básico: el carbón (la única fuente de energía en esa época).

    El carbón local era de mala calidad, y al tener que utilizar el procedente de Asturias, se encarecían los costes. Se solicitó del Estado una rebaja aduanera para importar carbón europeo barato, pero las protestas de los industriales del Norte (que utilizaban carbón inglés), impidieron la concesión. La siderurgia tuvo que cerrar en 1885. Con ello se frenó la ya iniciada expansión de los ferrocarriles en la región, y el intento de construcción de una industria avanzada. La actividad se limitó a la transformación de productos agrícolas (vino, azúcar, refino de aceite,…) y la industria química quedó muy reducida. La huida de capitales propios dejó en manos del capital extranjero la rica minería (líder mundial en la producción de plomo) y la industria química complementaria, y como consecuencia los beneficios no revirtieron en la región, no dando lugar a ningún desarrollo posterior, funcionó como una colonia.

    Encontramos ejemplos similares en la industria carbonera asturiana, que pese a su riqueza, sólo promovió un muy lento desarrollo industrial, por falta de capitalización, ya que a la cercana industria vasca le fue posible importar carbón inglés.

    Estos ejemplos, y muchos más, indican que el proteccionismo actuó de forma selectiva, favoreciendo a unos y perjudicando a otros, pero sin voluntad clara de tender al desarrollo de todo el país. También nos muestran la capacidad real de las elites locales para influir en el Estado a favor de sus intereses particulares, en particular para mantener el “mercado cautivo”, impidiendo el acceso a los productos industriales europeos, más baratos.

    Las acciones de las elites locales sobre el tan odiado (y débil) Estado centralista tuvieron grandes consecuencias económicas y sociales. Produjo un desarrollo absolutamente desequilibrado del país (promoviendo, a la vez, una imagen fraccionada del mismo); la prosperidad que la industrialización promovió se concentró en esas dos zonas (catalana y vasca), que absorbieron el excedente de trabajadores procedentes de la agricultura, despoblando así a las zonas agrarias del interior. El efecto generó una dinámica progresiva; el crecimiento económico en ellas transcurrió paralelamente a la llegada de trabajadores de otras regiones, fortaleciendo al mismo tiempo el propio mercado local.

    Los nacionalistas jamás reconocerán estos hechos, corroborados con los datos estadísticos, que atentan contra sus supuestas superioridades raciales: cultural, laboral, empresarial etc., y han desarrollado una actitud xenófoba hacia quienes, según ellos, vienen a “comer su pan” y a “destruir su cultura y su identidad”. Niegan por ello los cambios sociales que conlleva el desarrollo económico, pretenden la modernidad tradicionalista, el conservadurismo rural en la urbe industrial, es decir la síntesis de los opuestos; no en vano fue en esas áreas donde arraigó con más fuerza y persistencia el carlismo.

    Las regiones del interior y del sur se fueron descapitalizando, y ya en la época franquista, y también como consecuencia de ese régimen nefasto para ellas, sobrevino el absoluto estancamiento desde 1940 hasta prácticamente 1960, cautivos de sus estructuras agrarias inacabadas y sometidos a los dictados del capital de las dos regiones industriales privilegiadas.

    Nada tiene de sorprendente que las elites catalanas y vascas pretendan no solamente influir en el Estado, sino su control total y, de no lograrlo, las viejas instituciones locales son un buen lugar donde aislarse y atrincherarse.

    La difusión del mito de su singularidad requiere la puesta en circulación de diversas afirmaciones propagandísticas (e historias manipuladas) como la queja actual de que para ellos, España es un lastre, incluso un lastre histórico. La amnesia súbita les ha hecho olvidar que han sido ellos quienes han impuesto sistemáticamente el proteccionismo del cual se han beneficiado, y que examinado desde otra perspectiva, el lastre lo han sido ellos para el resto al cerrar el país al desarrollo industrial y a la innovación procedente de Europa.

    También afirman que: “Diversas causas (mercado pobre, malas comunicaciones, etc.) impidieron que la burguesía catalana pudiera colonizar al resto de la península y que, incluso, ella misma fuera parcialmente colonizada por el capital extranjero.” (de “Fulls dels Enginyers”, enero 2000, pág.9), la irracionalidad, y la soberbia, del nacionalismo ya no pueden ir más lejos, resultando que es culpa del colonizado el que el colonizador sea un incapaz.

    La realidad es que siempre han necesitado de un mercado cautivo de sus intereses (aunque pobre) porque jamás fueron, ni lo son, capaces de colocar sus productos en el mercado internacional, ni por precio ni por calidad.

    Es un hecho también que pese a los extraordinarios beneficios que obtuvieron de la neutralidad española en la 1ª Guerra Mundial, no se generó, aprovechando la posición de ventaja sin riesgos, ningún tipo de mejora productiva ni de procesos ni de productos, ni tan sólo la renovación de instalaciones; tras la contienda fueron inmediatamente barridos de los mercados internacionales, y durante ese período sin competencia no fueron capaces ni de cosechar un mínimo prestigio, fabril o comercial, que les hubiera permitido alguna presencia internacional posteriormente.

    Constatamos que solamente “triunfan” cuando no hay competidor, nada más se evidencia su capacidad industrial y organizativa cuando están solos, rodeados de muros que les aislan del mundo, como con el monopolio en Cuba… o con ¡el régimen franquista!. Las importantes inundaciones de la comarca del Vallés (inmediaciones de Barcelona) en 1962 arrasaron las fábricas de la brillante industria textil catalana mostrando con consternación la estafa: toda la maquinaria era prácticamente material de museo, jamás, desde sus orígenes, había sido renovada. De igual modo la siderurgia vasca es antediluviana y no admite la menor comparación con cualquiera otra europea. Se podrían acumular muchos casos que dejan sin fundamento cualquier arrogación de prestigio, no se trata de casos personales, son los sectores completos, que sólo han generado industrias mediocres o ineficientes.

  11. Javi - Domingo, 12 de diciembre de 2010 a las 17:08

    Pero de que os quejais??? Es mejor saber 2 lenguas que solo 1!! Que cada uno se manifiste con el idioma que quiera!

  12. mariona - Domingo, 12 de diciembre de 2010 a las 19:56

    Mira Momium, cadascú es creu la història que vol pèrquè la història es manipulable, no obstant et passaré un resum de la Wikipèdia versió escrita en castellà, perquè no interpretis que hi ha el virus del malèvol nacionalisme català al darrere i veuràs que és sensiblement diferent a les teves idees de la política proteccionista:

    La realidad de España fue siempre la de un país pobre. Ni en los mejores momentos del poderío español la economía brilló a gran altura. Si bien es cierto que las aportaciones de la plata de América significaban una gran cantidad de flujo de recursos, faltaba en la Península una organización bancaria, industrial y mercantil capaz de absorber todo aquel exceso de metal precioso. La plata de Indias era un cómodo expediente, una fuente gratuita de dinero, para el Estado y para los particulares; pero en modo alguno favoreció el desarrollo de la estructura económica de España; porque acostumbró a los españoles al lucro fácil, prescindiendo de la trabajosa transformación de los productos naturales, la industria, la artesanía, el comercio, y, en segundo lugar, porque la abundancia de metal encareció los artículos con referencia al extranjero. Nuestra industria nunca estuvo en condiciones de competir con la foránea, y los mismos españoles, muchas veces, preferían o incluso necesitaban importar sus artículos de consumo. Por otra parte, el carácter español no se adaptaba fácilmente al espíritu mercantil. Los españoles de los siglos XVI o XVII se prestaban con más facilidad a conquistar continentes, realizar inmortales obras de arte o escribir libros de teología, que a asociarse para constituir una compañía comercial o trabajar para poner al fin en marcha un negocio.

    La plata americana fue la panacea temporal capaz de compensar los fallos de la estructura económica española. En términos generales, puede decirse que permitió a los españoles vivir de rentas, sostenerse sin trabajar y sin organizarse para producir bienes de consumo. Pero llegó un momento en que la riada de caudales americanos empezó a agotarse, y con una rapidez increíble.
    “La industria textil catalana del setecientos merece una atención singular por la magnitud de su desarrollo, por el destacado papel que éste tuvo en la posterior industrialización de dicha región, que fue pionera en España y el indiscutible liderago que el Principado ejerció en lindustrialización de los subsectores algodonero y lanero españoles.”
    La situación general del Estado, con un déficit presupuestario permanente, arrastrado desde que se puso término a las remesas americanas de plata, que condicionaban la política económica, con masiva emisión de deuda pública y un sistema tributario incapaz de generar ingresos suficientes, contribuyendo al denominado efecto expulsión de la economía privada, y estrangulamiento de la misma, por parte del Estado, que se apropia de los pocos capitales disponibles e impide el nacimiento de nuevos proyectos privados necesitados de recursos.
    La ausencia de instituciones financieras adecuadas para impulsar el proceso de industrialización.
    La excepción a toda esta situación fue Cataluña, solo allí se podían encontrar indicios de un proceso similar al llevado a cabo en Inglaterra. En el caso catalán la producción agrícola desde principios del siglo XVII se vio encauzando hacia la comercialización a través de una mayor intensificación y especialización de los cultivos, reforzado por la existencia de una fuerte demanda exterior. A esto se añade una acumulación externa de capital originada por el comercio colonial.”

    “Proteccionismo
    A partir del último cuarto del siglo XIX se registró en España una evolución decidida hacia el proteccionismo, ésta fue una tendencia generalizada en casi toda la Europa en esa época, sólo Inglaterra, Bélgica, Holanda y los países nórdicos se mantuvieron fieles al librecambio, los hechos y factores que explican esta tendencia son los siguientes:

    Primero. La caída de la inversión extranjera desde comienzos de 1880, ligada a la crisis internacional de 1882.
    Segundo. La crisis agrícola del cereal. La extensión del cultivo en Estados Unidos, junto a la reducción de los costes de transportes marítimos y terrestres, provocaron que fuera más barato abastecer las ciudades costeras españolas con importaciones que traerlo desde las regiones del interior español. Ante las presiones sociales y empresariales de los productores mesetarios, el gobierno optó por la elevación de las barreras aduaneras.
    Tercero. Dificultades de la industria textil catalana por la debilidad del mercado interior y la fuerte competencia exterior, que consiguieron la “reserva del mercado nacional”.
    Las medidas concretas de protección se concretaron primero con una política de protección arancelaria tanto para las nuevas actividades como para las ya consolidadas, segundo se implantaron medidas de apoyo a la protección nacional entre las que se encuentra la Ley de 1907 que estableció que en los contratos firmado por el Estado solo se admitían productos de producción nacional y por último una política de mayor intervencionismo económico por parte del Estado.

  13. momium - Domingo, 12 de diciembre de 2010 a las 23:24

    ” mariona – Domingo, 12 de diciembre de 2010 a las 19:56
    Mira Momium, cadascú es creu la història que vol pèrquè la història es manipulable ”

    No-me-digas. Y además, es que te creo. Sobre todo si lo dices por el 11 de Septiembre de 1714, te creo.

    De paso, ya que alardeas que es de wikipedia (¿?) podías haber tenido la cortesía de haber dejado un enlace

    Yo no dejo enlaces electronicos en los que cualquier adoctrinador de dudosa objetividad puede incrustar sus pezuñas (y más ese texto que traes que por terminología y adjetivación empleada tiene un aroma sospitos…..ya me entiendes)

    Dejo bibliografías :

    Balcells, Albert. “El nacionalismo catalán” 1999 Historia 16. Madrid

    Diez Medrano, Juan. “Divided nations. Class, Politics, and Nationalism in the Basque Country and Catalonia” 1995 Cornell University Press, Ithaca (NY).

    Expo92 Sevilla. “Navegación”. Centro Publicaciones Expo’92. Sevilla

    García Cortázar, Fernando. “El nacionalismo vasco” 1999 Historia 16. Madrid.

    García Cortázar, Fernando. “Breve historia de España” 1994 Alianza Editorial. Madrid

    Nogué, Juan. “Nacionalismo y territorio ” 1991 Editorial Milenio. Lérida

    Percebal, José Mª. “Nacionalismos, xenofobia y racismo en la comunicación” 1995 Ed. Paidós. Barcelona

    Ya tienes campo para ilustrarte Mariona

    Y no, mira tú una cosa : Me vas a permitir que te diga además, que en esa pobre aportación que muestras, que es realmente poca cosa, no tiene ni pies ni cabeza. Empieza con una frase lapidaria y tremendista : “La realidad de España fue siempre la de un país pobre”…..y ni siquiera explica el porque…..

    La historia es algo más serio Mariona

    Hemos de suponer que en el “España” y en el “siempre” de la frase no podemos o debemos incluir a la parte : Cataluña.
    Aunque en la misma o en las mismas (España y Cataluña) en epocas preteritas, en unos sitios andaran meandose en los confines del mundo y en la otra probaran el agua de baño de tanto en tanto. Ya me entiendes….

    Y en segundo lugar, nada de lo ahí escrito contradice, rebate o ni siquiera contesta de forma directa o indirecta ni a una millonesima parte de lo escrito por mí anteriormente donde explico las CAUSAS de las desigualdades territoriales endémicas de la nación española a través de los siglos que evidentemente no tienen nada que ver con la ciencia infusa o la mitología nacionalista del señor de los anillos

    Ejemplo : “La excepción a toda esta situación fue Cataluña”

    Pero nadie sabe por qué. Bueno, sí, lo he explicado yo anteriormente más arriba. No solo hace falta leer sinó comprender lo que se lee

    Salutacions Mariona

  14. momium - Domingo, 12 de diciembre de 2010 a las 23:30

    Con tu permiso Mariona (o sin el, me da igual) continuo y acabo con lo que había empezado ya que es imprescindible para poder comprender en su conjunto la totalidad de lo abordado

    ___________________________________________

    EL CONTEXTO ECONÓMICO.

    El particular desarrollo de la región vasca proviene exclusivamente de su integración en España y su participación en la economía castellana al igual que cualquier otro territorio; se beneficiaron por lo tanto de la bonanza del comercio del Norte y luego del comercio Atlántico.

    El reino de Aragón, pese a su antiguo esplendor no logró la fuerza financiera necesaria para competir comercialmente ni en el mercado interior (debido a las numerosas barreras aduaneras internas) ni con la Banca extranjera (p.ej., Andrea Doria, genovés, fue banquero de CarlosV) que obtuvo beneficios comerciales y privilegios para establecerse.

    La orientación de la economía vasca, que se ha mantenido hasta hoy, se ha caracterizado por la fabricación de productos industriales pesados (construcción naval, industria del hierro), con el Estado como único cliente (e impulsor) posible, y la aplicación masiva de capital de procedencia extranjera, local, e incluso estatal. Así se produjo un rápido desarrollo del capitalismo y una notable capacidad financiera traducida en la creación de los mayores bancos de España.

    En Cataluña, el desarrollo fue completamente distinto. El comercio Mediterráneo de productos agrícolas, vino, y pequeña producción artesanal, solamente permitió la lenta formación de una pequeña clase media rural (que posteriormente se deslizó hacia actividades industriales). No habiendo podido crear una potencia financiera, basó su desarrollo industrial hacia los bienes de consumo (textiles, etc.,) que no requieren elevadas inversiones ni dependen de la intervención del Estado y se orienta al pequeño consumo. En consecuencia el aspecto comercial fue predominante. Este tipo de desarrollo generó elites locales fuertes pero no poderosas a nivel del Estado, y una amplia variedad de clases medias.

    Las circunstancias históricas que mantuvieron a ambas regiones al amparo de la contribución militar y económica requerida por la política imperial de la dinastía de los Habsburgo (fuero e inmunidad, en el caso vasco; mantenimiento autónomo de la Corona de Aragón e incluso la no integración plena en el sistema tributario, en ambos casos incluso después de 1716, pese a los tan denostados decretos de Nueva Planta) y al propio tiempo gozar del beneficio del mercado interior, provocó el retroceso del reino de Castilla y favoreció las incipientes diferencias en el grado de desarrollo que acumulativamente se han hecho significativas en ambas regiones.

    Aunque el desarrollo industrial fue tardío (e impulsado por el Estado y la financiación extranjera) fue suficiente para que en las décadas anteriores a la Guerra Civil (1936-39) y muy especialmente durante el franquismo éstas regiones se sobredesarrollaran con respecto al resto, creando así las condiciones para la movilización nacionalista como instrumento para alcanzar sus objetivos.

    El mito del “fracaso” :

    Hemos de distinguir el “retraso”, que es un hecho cierto, del “fracaso” que es falso.

    Al inicio del s.XIX, la incipiente industria tropieza con varias dificultades que se superponen o que se suceden ininterrumpidamente.

    Por una parte la falta de un mercado nacional, verdaderamente unificado, que hubiera estimulado la inversión industrial, y por otra parte las casi contínuas guerras (guerra de la Independencia, y las dos guerras Carlistas) que asolaron el país en esos momentos particularmente inoportunos, junto con la pérdida de las colonias que redujeron la actividad comercial a mínimos (nada más, y sólo hasta 1898, Cataluña pudo seguir comerciando con sus productos en Cuba cuya pérdida fue irreparable para la región), bloquearon las escasas iniciativas.

    Hay que considerar las complicaciones políticas creadas por Fernando VII intentando reconstruir el Antiguo Régimen, a las que se añadió la reacción Carlista con su enorme carga de tradicionalismo y oposición al cambio que impregnó a diversos estratos de la sociedad (campesinos, propietarios rurales, artesanos, etc.). Se estableció un clima reacio a la modernidad y a la aceptación de las nuevas actividades económicas que destruían el viejo orden y vida social.

    Si añadimos a todo ello algunos problemas estructurales como son: la falta de carbón (y posteriormente la falta de petróleo), es decir la precariedad en las fuentes energéticas, las dificultades en las comunicaciones terrestres, tanto por la orografía intratable como por la devastación de las guerras, y la crónica debilidad demográfica, tendremos la explicación del retraso y el lentísimo arranque de la industrialización.

    Otra de las causas que también indujeron retraso (y tal vez sirven de soporte a la idea de “fracaso”) es el hecho de que la industria creció bajo el amparo del proteccionismo del Estado. Esta práctica es común en todas partes, al menos al inicio de la industrialización, aunque rápidamente abandonada. En España, no obstante, no fue así sino que se convirtió en un recurso fácil para afrontar las dificultades y crisis, su aplicación sistemática degeneró en prácticas monopolísticas que no estimularon las mejoras en la producción ni la innovación, de manera que se perpetuaban viejas prácticas, malos productos y precios altos (y también beneficios fáciles), lo contrario a crecimiento y desarrollo.

    Por lo demás no puede hablarse de fracaso de una forma rotunda. La industrialización en España se inició de forma análoga a la de los paises del entorno (semejante uso y combinación de capital, trabajo y tierra), con sus mismos avances y retrocesos, y una vez iniciada mantuvo un ritmo de crecimiento igual (aunque con retraso), como lo demuestran los datos estadísticos disponibles, entre 1850 y 1930.

    El régimen autárquico (cierre al exterior) durante los primeros años del franquismo supuso un frenazo en el desarrollo, un fracaso corregido posteriormente, de modo que hacia 1960-70, emergió la “sociedad del consumo”, se hablaba del “milagro español”, y actualmente, tras la democracia, se vuelve ha hablar de milagros. Pero los milagros no existen, y la única razón por la que en los últimos 40 años España se ha aproximado mucho a su entorno (y es sin duda alguna un país plenamente moderno), es porque existe la base para ello, sin la industrialización inicial que creó los fundamentos de la producción, la comercialización, la organización, la experiencia y la cultura industrial, serían imposibles las realidades actuales.

  15. juan - Domingo, 12 de diciembre de 2010 a las 23:33

    Paisano catalán yo vivo a qui y se de lo que hablo si digo que Rovira debería estar entre rejas, por algo será, este político hace daño a la inteligencia humana, o tú crees que está bien, que gaste tanto dinero en potenciar una lengua, como el catalán que a demás de hablarla unos cuantos y por qué se le imponen no tiene futuro, porque es una lengua impuesta a muchos ciudadanos, y las cosas impuestas nunca salen bien, tú crees que está bien que se murte por rotular en castellano, tu crees que está bien que haya que expresarse en catalán por la fuerza, en vez de castellano, tu no crees paisano que más temprano que tarde esto terminara mal,
    Tu no crees que en Cataluña, hay demasiados emigrantes sin papeles, has pensado que pasara el día que todos estos seres se revelen quién los va aparar que será de esta comunidad,,
    Piensa un poco y dime qué hacemos con los políticos como este elemento, y su allegado,
    Los dejamos libre para que sigan haciendo daño la la sociedad con sus políticas separatistas,
    Yo lo tengo muy claro, lo mismo que muchos catalanes, estos elementos son nocivos para la buena convivencia, entre pueblos hermanos,

  16. momium - Domingo, 12 de diciembre de 2010 a las 23:38

    Ahora viene la parte que menos te va a gustar de todas Mariona. La que te (os) tira por tierra cualquier excusilla mitologica del tres al cuarto. Especial atención a la conclusión final : “los rasgos del nacionalismo catalán actualmente”

    _____________________________________________

    EL NACIONALISMO CATALÁN

    La falta de competitividad internacional de la incipiente industria catalana hizo que durante todo el s.XIX las relaciones entre las elites económicas y políticas locales y el Estado fuesen conflictivas. Sus exigencias para mantener altas las tasas a la importación, y conservar el mercado cautivo, prescindían de otros intereses regionales contrapuestos.

    La conflictividad social en el seno de la industria era muy grande debido a las pésimas condiciones de vida de los trabajadores. Cuando se agudizaban los conflictos, los industriales recurrían al Estado para reprimirlos y mantener la paz social. Simultáneamente, ésta represión del Estado era interpretada como centralismo.

    En la movilización contra el Estado, progresivamente, se intentó involucrar la movilización cultural aprovechando las pequeñas organizaciones regionalistas que empiezan a aparecer hacia 1860 (conservadoras, carlistas), para lograr una cierta base social. A partir de esa época, bajo el influjo romántico, se empiezan a “recuperar” historias medievales, se crea el mito nacional y se inventa la identidad (o conciencia étnica).

    El doble juego de las elites locales, de aproximarse al Estado, exigir su intervención (cuando se recrudecían los conflictos sociales) y criticar el intervencionismo, ha sido, y es, una constante en la lucha por dominar completamente el Estado y adaptarlo a su conveniencia. Al no lograrlo, optan posteriormente, por el autogobierno e incluso la separación.

    La pérdida de Cuba y Filipinas, en 1898, afectó seriamente a la economía catalana y exacerbó las tensiones y el desprestigio de un Estado incapaz de defender sus posesiones. En el conflicto con Cuba, las elites catalanas se opusieron firmemente a cualquier tipo de negociación autonomista para la isla, si bien la reclamaban para sí mismos (“su” mercado era intocable).

    Hacia 1880 proliferan las asociaciones protonacionalistas en ámbitos conservadores y resíduos carlistas (Centre Catalá, Lliga, Unió Catalanista y la muy minoritaria Esquerra Republicana); por esa época se empieza a dar importancia a la tradición, a las instituciones antiguas, al tema lingüístico y la sacralización de la lengua, cuya recreación no se materializó hasta el s.XX. Todos esos pequeños grupos se unieron en Solidaritat Catalana (donde se encontraban, regionalistas, carlistas y “republicanos”), obteniendo importantes éxitos electorales. La heterogeneidad de tales uniones concuerda mal con las pretensiones de republicanismo, de izquierdismo etc., y puede detectarse cómo bajo denominaciones dispares y variedades de siglas subyace lo mismo: etnicismo, mito nacional y buenos negocios.

    El republicanismo nacionalista trató con toda clase de coaliciones y de programas demagógicos atraerse a la clase obrera (para utilizar su fuerza revolucionaria) sin lograrlo jamás. Las organizaciones de la clase obrera fueron principalmente anarquistas (sindicato CNT “Confederación Nacional de Trabajadores”) y en segundo lugar socialistas (sindicato UGT), por completo extrañas tanto al ideario nacionalista como a sus manifestaciones “culturales” (quien, por el contrario, sí logró atraerlos, fue A. Lerroux, encabezando un republicanismo radical y de alcance español). Los trabajadores percibieron, correctamente, el nacionalismo como lo que es: una forma de ocultación del conflicto entre clases y su deslegitimación en el cuento de la nación, y una sacralización cultural completamente alejada de ellos.

    Las bases sociales de los partidos nacionalistas eran las clases medias bajas deseosas de ascenso social (el CADCI), y muy alejadas de la clase obrera.

    Entre 1900 y 1920 el movimiento obrero anarquista creció enormemente (más de1.000.000 de afiliados en España) y era realmente una amenaza. En Barcelona los empresarios contrataron pistoleros para contenerlos, desatándose un período de gangsterismo en la ciudad; al mismo tiempo, los nacionalistas sugerían como solución a los problemas sociales: ¡la secesión!. En realidad lo que proponían era la fragmentación del movimiento obrero (objetivo que sí han logrado actualmente), y una de sus constantes, el aislamiento para evitar la “contaminación”. A partir de 1922, el nacionalismo tuvo más éxito al apropiarse del nombre y los signos de los partidos socialistas catalanes (que dejaron de ser socialistas).

    Durante la Guerra Civil también en Cataluña se dio una situación revolucionaria, pero aquí a cargo de la clase obrera agrupada en la CNT. En 1936 se creó el PSUC como fusión de pequeños partidos marxistas de carácter moderado, que en principio atrajo a elementos de las pequeñas clases medias militantes en ER, entonces en el gobierno catalán pero desbordada por los sucesos. La República Española para la guerra apenas contó con el apoyo catalán cuyos objetivos eran la separación y aplastar al movimiento obrero, lo que llevó a cabo mediante el Partido Comunista Español, entonces instrumento de la política de Stalin en España.

    Finalizada la guerra, la represión franquista no se ejerció ni exclusiva ni particularmente en Cataluña, como la mitología actual propugna; se ejerció en toda España. Los partidos políticos, las organizaciones obreras revolucionarias y también los nacionalistas (aunque no las clases medias altas ni las elites locales) fueron desmantelados y perseguidos.

    Las únicas fuerzas organizadas que mantuvieron una actividad de guerrillas antifranquistas fueron la CNT y el PCE al que se vinculó el PSUC, mientras tanto, los nacionalistas se dedicaban a crear gobiernos fantasmas en el exilio carentes incluso de valor simbólico; la CNT sufrió la represión más dura y resultó prácticamente desbaratada.

    Con el inicio de la liberalización del régimen, en la década 1950-1960, empieza tímidamente el resurgir de la oposición al franquismo, mediante numerosas organizaciones en toda España, en especial en Madrid. La oposición en Cataluña fue considerablemente menor, y estuvo liderada por el PSUC que empezó a infiltrar elementos en los sindicatos oficiales y en la universidad. El PSUC, que ya empezaba a deslizarse hacia tesis nacionalistas, dada su composición social, para convertirse en un partido de masas trató de atraerse a los trabajadores, la gran mayoría procedentes de otras regiones de España, y para evitar la escisión étnica impulsó la asimilación cultural, lo que se saldó con un rotundo fracaso. Donde, naturalmente, obtuvo mejores resultados fue en la universidad y entre la minoría obrera catalana; sus bases sociales progresivamente iban siendo las mismas que las del nacionalismo que lo iba impregnando.

    Los hijos de las familias catalanas influyentes (la antigua burguesía, ahora clases altas y clases medias altas) se iban situando en partidos simbólicos pretendidamente “socialistas” moderados, pero en realidad su prioridad era el elemento nacionalista (p.ej. Pascual Maragall, M.Roca, en el FOC), todos esos grupúsculos muy de vez en cuando protagonizaban alguna pequeña algarada, sin consecuencias (y que no era severamente reprimida porque, en realidad, pertenecían a los mismos clanes económicamente favorecidos por el régimen) ni la menor repercusión social.

    Por su parte, la Iglesia, que en Cataluña siempre estuvo inclinada hacia el nacionalismo, ahora, escarmentada por la guerra, adoptó posturas aparentemente “progresistas”, llegando a aceptar el marxismo (los “nuevos curas”), aunque, si se revisan sus documentos y homilías, su verdadero contenido fue, y es, puramente nacionalismo radical, siendo su polo la abadía de Montserrat, convertido en mito nacional, y símbolo de todo lo que se quiera. Y exactamente lo mismo ocurrió con todas las pequeñas asociaciones de origen católico y “preocupación social” inspiradas por la actitud aperturista de la Iglesia Católica, que rápidamente se escindieron o derivaron hacia el mero nacionalismo (el caso de la misteriosa “CC” fundada en 1954, donde se encontraba Jordi Pujol, es un ejemplo típico).

    También hay que consignar la aparición de grupúsculos terroristas, procedentes de antiguas organizaciones anteriores a la guerra, que en repetidas ocasiones se agruparon y escindieron, pero sin lograr formar ninguna organización importante. Sus acciones, más numerosas de lo que se cree, fueron no obstante poco efectivas y jamás lograron ningún apoyo social. Se disolvieron en 1977. Hacia 1980 apareció Terra Lliure, con vocación terrorista a imitación de ETA, pero sin lograr ningún resultado positivo.

    Por el momento la acción terrorista no figura en la estrategia nacionalista de un modo directo, aunque sí como posibilidad activable en cualquier ocasión. Actualmente su actividad principal es rastrear e introducirse en todo tipo de movilizaciones de protesta, de tipo ecologista, “movimiento” okupa, etc., a los que va dando un cierto “aire de familia” pues siempre, asociados a esos grupos, aparecen elementos nacionalistas en sí mismos extraños a las reivindicaciones aparentes. De ese modo se van colonizando esos nuevos ámbitos aplicando la vieja táctica nacionalista, y aunque sea forzadamente se logra asociar el nacionalismo con cualquier tipo de reivindicación que finalmente es recubierta por él y por sus símbolos.

    Hacia 1970 el régimen, cada vez mejor relacionado internacionalmente, se iba liberalizando y democratizando aunque muy lentamente; se empezaron a admitir las asociaciones políticas (no los partidos) y los “intelectuales” (en general clases medias bajas instruidas) pudieron hacer muchos “manifiestos”, con poco peligro, y sin ninguna repercusión en la calle.

    Se ha exagerado mucho la acción erosiva de las organizaciones políticas antifranquistas, cuando solamente tuvieron alguna repercusión en la universidad; el régimen franquista no cedió nada a causa de esas presiones, a la muerte de Franco se desplomó por sí sólo. No existió ninguna movilización de masas como se afirma actualmente en los libros (p.ej. J. D. Medrano “Naciones divididas”, págs. 207, 208).

    Precisamente, dada la incapacidad y escasa relevancia de todos los movimientos antifranquistas, hacia 1970, se inicia una decidida colaboración entre casi todos los grupos, las diferencias ideológicas serían dejadas de lado para incidir fuertemente en el antifranquismo y la cultura catalana (finalmente eso es lo único que quedó).

    Como consecuencia de la clandestinidad y de la colaboración con los nacionalistas, y también la entonces vigente disciplina soviética y la ortodoxia stalinista, permitió a los grupos de izquierda, sin pecar, deslizarse hacia el nacionalismo (aunque la “praxis” de Stalin, debería haber producido resultados opuestos), y finalmente ser devorados por él. No queda en esos grupos nada de “izquierda” salvo la retórica. El resultado no es sorprendente si se tiene en cuenta el origen social de sus militantes y de sus líderes, son todos hijos de las clases medias (estudiantes) y de las clases medias altas (sus dirigentes), con escasa o nula implantación en el mundo obrero y laboral.

    La oposición al franquismo, en Cataluña, no puede considerarse como una movilización de masas, sinó lo contrario, como un movimiento-secta, expresión exclusiva de la radicalidad de las clases medias bajas, que se hizo más evidente cuando, alcanzada la bonanza económica a partir de 1960, empezaron las crisis, en espacial la del petróleo en 1973, con la, más que real amenaza, a esas clases, de descenso social. Para los intelectuales, procedentes de esos medios, y profesionales educados en la universidad, su nivel de instrucción les impulsaba a valorarse en más, cuando la realidad del mundo industrial y la sociedad emergente, les negaba el ascenso social y relativizaba, desvalorizando, sus méritos académicos.

    En éstos 40 años, el crecimiento económico, y la política paternalista del régimen, permitió la elevación del nivel de vida de los trabajadores, y el ascenso social de bastantes de ellos, lo que además de desmovilizar a la población, supuso una nueva amenaza, competencial y social, para las clases medias bajas tradicionales, que han recurrido a “su” cultura y a “su” lengua como a baluartes para atrincherarse y defender su preeminencia económica y social. El control y el poder son los resortes para subordinar a los demás, bien sea negándoles (mediante la asimilación o la limpieza cultural) o ignorándoles (mediante su silenciamiento social, cultural y electoral), a éstas finalidades está dirigido el totalitarismo nacionalista que ha ocupado absolutamente todos los ámbitos (culturales, deportivos, profesionales, servicios públicos, medios de comunicación y sobre todo la enseñanza, el feudo más férreo del nacionalismo catalán).

    Con la democracia, encontramos en Cataluña una gran variedad de siglas de partidos pero una ideología única: el nacionalismo, la única posible y la única correcta. La disparidad de partidos es sólo aparente y forma parte del teatro necesario para mantener la apariencia de democracia. El nivel de afiliación a los partidos y sindicatos (también nacionalistas) es bajísimo.

    El Estatuto de Autonomía, que concedía una amplia gama de poderes a las instituciones locales, fue aprobado con toda facilidad, pero ninguna concesión fue suficiente, las exigencias nacionalistas elevan sin cesar el nivel de reclamaciones. El partido en el poder (PSOE) les concedió el control total de la educación, a partir de ese momento el proceso avanzó rápidamente, la “limpieza cultural” (p.ej. inicialmente se reivindicó el bilingüismo, conseguido éste, se está consumando, por la fuerza, el monolingüismo en catalán aunque la realidad social es que más del 60% de la población son hispanohablantes), y la eliminación en la región de toda traza y toda presencia del Estado han profundizado intensamente.

    Los medios de comunicación (especialmente los internacionales: CNN, etc.,) han adoptado el lenguaje de los nacionalistas, y así, se refieren a “los catalanes” como sinónimo de nacionalistas e independentistas (asignando al todo las propiedades de una parte, y no la mayor), y esa es una imagen muy distorsionada de la realidad. El apoyo electoral del nacionalismo, debe ser matizado.

    Las elecciones locales se desarrollan sistemáticamente con una abstención que oscila entre el 40% y el 60%, donde la mayoría la obtienen los nacionalistas, mientras que en las elecciones nacionales solamente hay entre un 15% y un 20% de abstención, y la mayoría la obtienen los partidos de ámbito español; éste resultado es indicativo de que hay aproximadamente un 30% o 40% de población silenciosa, que no se ve representada en las elecciones locales y se abstiene. Esta “bolsa” de abstención ha sido perfectamente identificada en las zonas obreras y barrios de las clases bajas (verdaderos guetos) donde jamás ningún partido nacionalista realiza campañas, ni se acerca, pese a sus denominaciones “obreras”, “socialistas” etc., . La clase obrera, que según los estudios sociológicos, puede alcanzar entre el 46% y el 55% de la población total, es completamente ajena al nacionalismo. Así pues el voto nacionalista representa como máximo entre el 20% y el 30% de la población total; el voto del único partido (ERC) que se declara abiertamente independentista (los otros también lo son, pero evitan definirse claramente, en especial frente a las elecciones) es invariablemente del 6% al 7%, es decir entre el 4.2% y el 2.4% de la población total.

    Pero esta debilidad electoral no es un indicativo de su fuerza efectiva, mucho mayor que su fuerza electoral. El nacionalismo controla completamente el poder político local, las cúpulas de los partidos (no las exigüas bases), las clases medias bajas y altas, parte de las elites económicas de las clases altas, y sobre todo la Iglesia. La Iglesia, carente de todo ecumenismo y catolicismo, en su voluntaria vinculación al nacionalismo contiene la misma xenofobia, desprecio y odio al “otro” como las recientes proclamas de Marta Ferrusola (ferviente católica, esposa de Jordi Pujol presidente de la Generalitat) a la que no ha censurado, quien, desde fuera de las instituciones dicta las consignas que el poder oficial no puede formular sin perder su máscara democrática.

    Las denominaciones izquierdistas o progresistas no deben engañarnos. Los nacionalistas jamás han hablado “en nombre de” los trabajadores, sinó “sobre los” trabajadores. En realidad el nacionalismo habla “a sus” bases, exhibiendo un cierto paternalismo, ficticio o no, hacia los trabajadores, pero no es su portavoz, entre ambas clases sociales hay un abismo abierto por la suma de una cierta diferencia económica más el etnicismo, dando lugar a mundos incomunicables.

    Los rasgos del nacionalismo catalán actualmente son:

    “Primordialismo”: la nación preexiste incluso a la sociedad.

    Identidad única, colectiva y predeterminada, no por la raza, sinó por la lengua y la cultura.
    La escuela es el instrumento transmisor de identidad.

    Las clases medias son las genuinas portadoras de la identidad catalana (J.Pujol, “Construir” 1979, p.266)

    Xenofobia, los inmigrantes amenazan la lengua, destruyen la identidad e incluso la economía.
    Solamente pueden tolerarse los inmigrantes si se asimilan y abandonan su propia identidad.

    El nacionalismo debe ocupar absolutamente todos los ámbitos de la sociedad, nada puede ser ajeno a la nación.

    En particular, el nacionalismo debe atraerse a las elites de los negocios y de las finanzas.

    “Pancatalanismo”: reclamaciones territoriales y anexiones de otras regiones, que asegurarán la perpetuación del conflicto. Ninguna concesión será jamás suficiente.

  17. assumpció cantalozella - Lunes, 13 de diciembre de 2010 a las 00:59

    Heu citat Pierre Vilar, “Catalunya dins l’Espanya moderna”? I diversos estudis d’industrialització i catalanisme? De recuperació de la llengua catalana a la Renaixença , s. XIX, lligada a l’aparició d’unes necessitats polítiques especials de la nova burgesia industrial?

  18. assumpció cantalozella - Lunes, 13 de diciembre de 2010 a las 01:12

    Ui, en quin blog m’he ficat!!!! Per què no seguiu un curs d’introducció a la història de la Catalunya moderna?
    Us heu preguntat mai per què la lllengua catalana va arribar a tenir l’alçada literària d’un Carner, Carles Riba, etc, etc., malgrat el Decret de Nova Planta del 1716?
    Us heu preguntat per què la llengua catalana arriba amb tan bona salut fins als nostres dies sense ser des del 1714 llenguga d’estat?
    És un cas únic. Per tant, alguna causa hi ha d’haver.
    Les causes són ben estudiades per Coromines, Badia Margarit, Sanchis Guarner, Molas, etcètera, etcètera
    És molt senzill: a molts llocs les llengües no oficials a l’estat van passar a ser parlades només pel poble, qui les va anant deteriorant a través del registre vulgar. A Catalunya, es va conservar, també, parlada. Però també va ser llengua de la cultura a partit de la Renaixença fins ara mateix –amb l’excepció del franquisme, que no va poder, però, destruir la força cultural de la llengua catalana, que fou escrita per gent com Carles Riba, Rodoreda, Espriu, Vinyoli, etc.,etc. ;) ;)

  19. momium - Lunes, 13 de diciembre de 2010 a las 02:00

    assumpció cantalozella – Lunes, 13 de diciembre de 2010 a las 01:12
    Ui, en quin blog m’he ficat!!!!

    Si, realmente es terrible. Es lo que pasa cuando uno sale de la cajita. Que una vez fuera de la aldea se puede encontrar con gente que piensa diferente. Y que incluso tienen hasta razón. Y lo pueden demostrar ¡¡¡ Qué terrible !!! Brrrrrrrr………

    assumpció cantalozella – Lunes, 13 de diciembre de 2010 a las 01:12
    Per què no seguiu un curs d’introducció a la història de la Catalunya moderna?

    Querida, ¿ y usted por que no sigue un cursillo de desprogramación mental sobre Catalunya ?
    Hagalo, ya verá que bien le va…….

    assumpció cantalozella – Lunes, 13 de diciembre de 2010 a las 01:12
    Us heu preguntat mai per què la lllengua catalana va arribar a tenir l’alçada literària d’un Carner, Carles Riba, etc, etc

    No se altere tampoco demasiado con lo que le voy a decir (y si se altera me da igual) pero llengua catalana y alçada literaria todo así junto en una misma frase es un poco como de cachondeo
    Todos esos que menciona son gente de tercera o cuarta fila….

    assumpció cantalozella – Lunes, 13 de diciembre de 2010 a las 01:12
    És molt senzill: a molts llocs les llengües no oficials a l’estat van passar a ser parlades només pel poble, qui les va anant deteriorant a través del registre vulgar. A Catalunya, es va conservar, també, parlada. Però també va ser llengua de la cultura a partit de la Renaixença fins ara mateix –amb l’excepció del franquisme, que no va poder, però, destruir la força cultural de la llengua catalana, que fou escrita per gent com Carles Riba, Rodoreda, Espriu, Vinyoli, etc.,etc. ;) ;)

    Ni todas las mentiras del 1714, Decret de Nova Planta, Franquismo (ni una sola ley pueden demostrar que existiera contra el catalán a diferencia de ahora contra el castellano) ni todas las manipulaciones de su nacionalismo atavico pueden con la fuerza de la lógica y la razón :

    Si todo eso que dice fuera verdad (intento de prohibir mediante leyes) simplemente la lengua catalana no hubiera podido sobrevivir. Ni la lengua catalana ni ninguna lengua en ninguna parte.

    Viven de la mitificación de mentiras y manipulaciones constantes. Y mentiran y manipularan tantas veces como haga falta. Soy perfectamente consciente de ello

    Y el tema no era sobre lengua ni cultura. Pero ya puestos, si usted quiere lengua y cultura, tendrá su ración de lengua y cultura :

    ___________________________________

    El mito nacionalista

    En conjunto el nacionalismo apoya su actuación en un mito que ha sabido crear, difundir e implantar con éxito. Se trata de un mito clásico, común a todos los nacionalistas, compuesto de unos elementos básicos esenciales construidos a partir de retazos de antiguas leyendas y sagas, reunidos convenientemente, para encarnar al nuevo monstruo, pero revestidos de lenguaje e imágenes actuales. Se trata de los siguientes arquetipos (modelos abstractos):

    El “recuerdo” de una antigua “Edad de Oro”, por supuesto inexistente. De una forma implícita (no explícita, para evitar el ridículo de la burda caricatura) presupone la ideación de un paraíso terrenal, donde la “nación” vivía idílicamente.
    El “ultraje”, la “ofensa” y la “traición” por la cual “otros” (las “fuerzas del mal”… el “enemigo” envidioso de sus logros; en Alemania se utilizó la imagen de la “puñalada por la espalda”) les arrojaron del paraíso sumiéndolos en la desgracia que les aqueja hasta hoy.
    La “redención”, a veces asociada al advenimiento del “líder” (el “Salvador”), necesaria para lavar la mancha y recuperar la gracia, y, como al caballero Lohengrin, eso exige cualquier sacrificio: la lucha; y como el ultraje ha sido eterno, el castigo también lo ha de ser: con el nacionalismo no puede haber paz pues las ofensas están cruzadas y entrecruzadas de un modo inextricable. Pero el sacrificio se lo imponen a los demás, y con ellos, el infierno se ha materializado en dos guerras mundiales.
    El mito nacionalista funciona, es completamente irracional y por ello inatacable, una vez lanzado proporciona la adhesión y la movilización ciega. El individuo capturado por el mito es a partir de ese momento inmune a toda otra influencia.

    El interés por la cultura, y su sacralización, proviene del s. XIX, de la reacción romántica contra la razón.

    La nación, culturalmente definida y sacralizada, se convierte en un sustitutivo de la religión pero no incompatible con ella, pues como vemos, ambas religiones coexisten e incluso, en nuestros días, los restos de la religiosidad moribunda han encontrado un inesperado y eficaz aliado en el nacionalismo.

    El dominio del ámbito cultural es clave para el nacionalismo porque le permite “llenar” el imaginario social con sus símbolos y sus afirmaciones, de ese modo, como el ámbito cultural es el medio en que se desenvuelve cotidianamente el individuo, se logra su control total alcanzando bien sea su colaboración, o en el peor de los casos la paralización de la disidencia.

    La persistencia en los caracteres culturales como identidad, mediante la propaganda constante, y la simplicidad de la misma, que no requiere ni preparación ni análisis facilita la difusión, aceptación y adhesión de la misma.

    Cinismo, hipocresía, arbitrariedad… el mundo de la caverna nacionalista es tenebroso, irracional y muy peligroso, pues el “espíritu heroico” del romanticismo hace de los nacionalistas activistas “revolucionarios”, como suelen autodenominarse, en realidad salvapatrias agresivos.

  20. Quatre i el Gat - Lunes, 13 de diciembre de 2010 a las 02:19

    momium,

    ¡Chapeau!

  21. mariona - Lunes, 13 de diciembre de 2010 a las 12:38

    assumpció cantalozella,

    Dona, ets un bloc de saperuts, perquè saperudes aquí no n’hi ha de moment-com a molt una-, on només valen les seves fonts perquè totes les altres estan atacades pel virus nacionalista, ja sigui la Wikipèdia els EUA o els de la conxinxina, si no diuen el que els agrada Zaaaaaaaaaaaaas virus nacionalista al canto. A més hi ha algú que ha descobert la veritat, pos res: escoltem-lo!!

  22. mariona - Lunes, 13 de diciembre de 2010 a las 12:42

    Ahhh i al Momium no li facis molt de cas, és bon xiquet suposo, però es que des del resultat del 28-N ell fa com el quijote llegeix llibres de cavalleria sense parar. Aviat combaterem molins…

  23. assumpció cantalozella - Jueves, 17 de marzo de 2011 a las 11:06

    Fins on pot arribar, la ignorància!!!!!!!!
    Estudieu una mica, preciositats, que sou tan universals que només coneixeu els reyes católicos i el cid campeador!!!!

Suscripción RSS a los comentarios de esta entrada.