Opinión

(Mas)carell

‘Hace ya años que el eje izquierda-derecha resulta infructuoso para analizar la política local, cuyo único puntal atendible es el nacionalismo. Así, difícilmente puede haber traiciones ideológicas en un país donde cualquier variable de esa índole da como resultado ‘error system”.

Pepe Albert de Paco
Jueves, 30 de diciembre de 2010 | 08:01

El nombramiento de Ferran Mascarell como consejero de Cultura ha sido interpretado en diversos medios como una prueba de que el estilo de Artur Mas empieza a asemejarse al de Nicolás Sarkozy, quien, recordemos, se convirtió en el gran adalid europeo de la transversalidad fichando a izquierdistas lost in transition como Lang, Kouchner o Rocard. La comparación de semejante manifestación de audacia con lo que, en puridad, no es más que la rúbrica del ocaso de la política es, cuando menos, grotesca.

En primer lugar, la afirmación de que Mas ha antepuesto el criterio de excelencia a cualquier otra consideración debe ponerse bajo sospecha, máxime teniendo en cuenta los personajes a los que el propio Mas había ofrecido el deparmento antes de darle los trastos a Mascarell.

La mera posibilidad, por cierto, de que Mònica Terribas -directora de TV3- se hubiera hecho con las riendas de Cultura habla a la clara del concepto de meritocracia que maneja el presidente. Más humillante, sin duda, es la incapacidad de Cataluña para alumbrar un solo profesional que acredite aptitudes para el cargo.

En septiembre, el ex presidente autonómico Pasqual Maragall (PSC) dio su apoyo de cara a las elecciones del 28N al entonces candidato de CiU, Artur Mas (imagen: 'La Vanguardia').

En septiembre, el ex presidente autonómico Pasqual Maragall (PSC) dio su apoyo de cara a las elecciones del 28N al entonces candidato de CiU, Artur Mas (imagen: 'La Vanguardia').

A este respecto, el hecho de que se jalee la designación de Andreu Mas-Colell (consejero de Economía y Conocimiento) por tratarse de un sabio es la más nítida constatación de que la clase política catalana es impermeable a la sabiduría. Cataluña, se mire por donde se mire, es hoy un verdadero páramo, y es precisamente esa divisa lo que subraya su profunda españolidad.

En cuanto a la lectura de la apuesta por Mascarell como una doble traición (de Mascarell al PSC y de Mas al llamado pinyol), no cabe mayor desatino que hablar del transfuguismo de uno o la tibieza del otro. No en vano, hace ya años que el eje izquierda-derecha resulta infructuoso para analizar la política local, cuyo único puntal atendible es el nacionalismo. Así, difícilmente puede haber traiciones ideológicas en un país donde cualquier variable de esa índole da como resultado error system.

Con todo, no es descartable que el verdadero espaldarazo a Mascarell procediera de la órbita socialista; exactamente, de Pasqual Maragall, quien, tras asomarse a la ventana y otear el cielo, proclamó: “Ara toca Mas”. Por lo demás, y dada la obscena semejanza entre la actualidad política y una opera bufa, quién sabe si el auténtico demiurgo de Cataluña no es Albert Boadella.

Pepe Albert de Paco es periodista

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3 Comments en “(Mas)carell”

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  1. Joan Fuertes - Jueves, 30 de diciembre de 2010 a las 10:56

    Hombre; la idea que apuntas de que el análisis de la política local debe hacerse desde el punto de vista del nacionalismo, y no desde el tradicional eje derecha-izquierda, es interesante.
    Decir también que Ferran Mascarell, a quien no deseo quitar mérito alguno, había cesado en la empresa donde trabajaba RBA, con lo que ahora ya podrá seguir pagando el recibo de la luz.

  2. Eduardo González Palomar (Manlleu) - Jueves, 30 de diciembre de 2010 a las 11:19

    -Ópera bufa-
    Desde las instituciones públicas en Catalunya quienes mueven los hilos, vaya, los peces gordos, llevan largo tiempo -30 años- tratando de extender el monótono escenario de su farsa al ancho panorama exterior; esto es, Catalunya en su conjunto e incluso, en la apoteosis de la representación – por qué no-, lo que en el argot de esta peculiar compañía se ha dado en llamar, “Els Països Catalans”. Para tan indescriptible tarea, no han dudado en incrementar progresivamente la “troupe” de funcionarios y altos cargos de confianza con toda índole de operarios hasta límites insostenibles. Algunos, cual avanzadillas de inconfesables ensoñaciones propias de toda obra nacionalista, como representantes lanzados por esos mundos de dios para sentar plaza en futuras y exitosas giras allende las estreñidas fronteras que la Historia se encaprichó en determinarles. Para tan arriesgada puesta en escena, quién mejor que alzapuertas salido de la propia familia de los primeros actores del reparto. Para garantizar que la empresa perdurase en cartelera, apenas tuvieron que vencer escrúpulos al dotarse de una prensa fiel y agradecida, muy dada al buen vivir al amparo de abundantes anuncios institucionales a toda plana bien remunerados, cuando no de suculentas subvenciones públicas “periódicas” que por supuesto –no me sean, por favor, mal pensados- nada tienen que ver (en tan noble profesión es notorio que existe una extendida inclinación a trabajar por amor al Arte) con la publicación de artículos de fondo, editoriales, columnas, reseñas y otras bagatelas por el estilo. Añadido a lo anterior, para mayor y mejor penetración en lo grueso del patio de butacas de los cuatro cuadrantes provinciales, cierto día, un anónimo seguidor de la causa tuvo la cardinal idea de introducir estratégicamente entre el público asistente al graderío y en el patio de butacas lo que se conoce por “sociedad civil” y un sinfin de plataformas privadas archisubvencionadas para mejor contagiar a patalear, aplaudir o silbar según el lance requiera, vaya, lo que cualquier desalmado, como quien esto escribe, calificaría como los más eficientes apuntadores convertidos en correa de trasmisión de la voluntad política de los mayores empresarios de la Magnánima Institución Pública. Como enlace final, lo que hace que todo quede aparentemente “anudado (no sea que alguien se ofenda si escribo atado) y bien anudado” tuvo su preludio en esta ópera bufa el mismo día del ensayo general antes del gran estreno ante el respetable pueblo llano donde la sacrosanta Dirección del sector acordó una suerte de parodia a modo de Ley Electoral donde todos los votos no tenían la facultad de sumar lo mismo; es decir, la función más representada podía ser la menos galardonada, todo dependía del cuadrante donde se ubicasen el componente del Gran Jurado. De tal manera que, un solo voto (el del coro) podría neutralizar a cuatro (el de figurinistas, maquilladores, porteros y encargadas de guardarropas) de la provincia con menos partidarios de la obra nacionalista oficial. Sin embargo, tanta “perfección” difícil será que dure cien años en este orbe tan inclinado a reverenciar a la musa “Moda” y más pronto que tarde… bueno ya saben ustedes… ¡córcholis! (es lo más fuerte que jamás escuché decir a la beata prima –Pilar- de mi difunto papá), no será un servidor quien lo deje caer, pero las “malas lenguas” de un tiempo a esta parte aseguran que cierto guión hiperrealista, interpretado por una compañía de amateurs que se da en llamar Ciutadans (pisó el escenario del teatro Tivolium hace unos años y recientemente ha representado en el Romeum con gran júbilo) el 28 de noviembre en la Gran Gala aspira a colgarse algún laurel. Ah, por cierto, si les preguntan, a mí ni me conocen, que tengo entendido que los que cortan el bacalao en las altas instancias gastan malas pulgas y yo lo último que busco son problemas.

  3. Postres - Viernes, 31 de diciembre de 2010 a las 14:22

    Eduardo que castellà que ets. XD

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