Cataluña

‘PP y Ciudadanos, enemigos de Cataluña’

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Redacción
Lunes, 3 de enero de 2011 | 11:38

Víctor Alexandre, periodista y escritor, el 3 de enero en un artículo publicado en E-notícies y titulado PP y Ciudadanos, enemigos de Cataluña:

‘La nueva cruzada que los dos representantes catalanes del ultranacionalismo español, Partido Popular y Ciudadanos, parecen haber iniciado contra la lengua catalana no tiene nada de nueva. De hecho, Ciudadanos no ha hecho más que sumarse a la que los populares ya hace muchos años que llevan a cabo. Ahora hace diez años, en 2001 concretamente, cuando la consejera de Enseñanza consideró oportuno que, al acabar la escuela primaria, todos los niños catalanes conocieran la música y la letra de Els Segadors, el himno de su país, el PP, olvidando galdosament que el himno español es un himno sin letra, corrió a reclamar que los alumnos aprendiesen también los símbolos españoles. Cosa que fue contestada por la consejera de entonces, Carme-Laura Gil, afirmando que Cataluña no tiene «símbolos compartidos» con España, solo una «historia común».

[…] No tenemos una historia común por la sencilla razón de que cada pueblo, como cada persona, tiene su propia historia. Y la historia de toda identidad, como la identidad misma, es intransferible. Aceptar, por tanto, como proponía la ex consejera, que Cataluña tiene una historia común con España equivaldría a aceptar la sibilina idea de que Cataluña no tiene historia propia y que su historia es la historia de España. Cosa que sería lo mismo que decir que Cataluña es España.

[…] Hay que ir con mucho cuidado con las palabras y no confundir los símbolos con los incidentes de la historia, ya que la tierra, la lengua, el himno, la bandera, las costumbres, las tradiciones, las entidades representativas, los héroes nacionales y los personajes históricos constituyen el corazón simbólico de una nación y pertenecen al ámbito de la más estricta intimidad de un pueblo. Son los referentes de su identidad diferenciada y de sus elementos de cohesión interna. Y la prueba de su importancia la encontramos en el hecho de que este es siempre el principal objetivo a destruir que se marca el enemigo’.

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70 Comments en “‘PP y Ciudadanos, enemigos de Cataluña’”

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  1. momium - Martes, 4 de enero de 2011 a las 20:33

    La locura no tiene cura…Santa Paciencia….

    Bueno, frikadas aparte, volvamos a retomar los temas serios para gente seria

    Al hilo del excelente post que acabo de leerme de «caganer pesebrista» :

    (Como siempre abstenerse enemigos de la lectura, de la rigurosidad histórica, de la reflexión, puntillosos y otras hierbas nacionalistas

    ____________________________________

    La existencia de diferencias interiores en las naciones (común a todos los paises) es un hecho pero hay que examinar el verdadero alcance y significación :

    Remontandonos al “mundo ibérico” de tribus dispersas por la península, pese a su relativo aislamiento, impuesto por la compleja orografía ibérica, presentaba según se constata, una marcada continuidad cultural (que no “homogeneidad”) debido a la barrera (no estanca) de los Pirineos como factor determinante que configuró un espacio interior, casi como un límite natural.
    Así se materializa un “sustrato ibérico” que permanece incluso tras la conquista romana. Se mezcló a lo largo del proceso de integración con la nueva civilización y fue muy perceptible aún siglos después de la plena incorporación del territorio al Imperio. Roma dio forma estable a una comunidad política: Hispania, la ulterior, citerior, la «nación hispana», que deja de ser una mera referencia geográfica. Al influjo del crecimiento económico de las ciudades se intensificaron las migraciones interiores y con ellas la homogeneización y la unidad interna, fuertemente reforzada por el efecto vertebrador de todo el territorio que tuvieron las nuevas vías de comunicación: la red de calzadas.

    Al hundimiento del Imperio Romano le sigue en toda Europa una intensa fragmentación, y en España la llegada de los visigodos. La inestabilidad y debilidad de la monarquía goda impidió la inmediata reconstrucción de la unidad política romana en Hispania, ahora como reino. La fragilidad monárquica forzó importantes concesiones a los incipientes “señores” locales iniciándose así la feudalización o “privatización” de los poderes públicos (la monarquía común), e incluso de la soberanía (como poder absoluto, localmente por encima del monarca) en manos privadas. Entre otras prebendas, tal privatización incluía la “propiedad” de la población abarcada por el feudo.

    El mundo feudal no tenía nada que ver con etnias, culturas, ni origen de diferencialismo alguno, y menos aún con identidades ni sentido de pertenencia. Ni tampoco los pudo generar posteriormente dado que la configuración territorial y vertebración de los feudos era tremendamente voluble. La consolidación, parcial y siempre débil, de reinos locales empezó a darse bastantes siglos más tarde.

    A lo largo del período godo, pese a la feudalización, tanto en el mundo hispano como en el godo, pervivió y se difundió el recuerdo, la visión, de la Hispania romana y la de “patria común” constatado en los escritores godos, romano-godos e hispanos (Prudencio, Osorio, Leandro, Isidoro de Sevilla, etc…) para quienes “Hispania era una patria particular distinta de otras…”. Con Leovigildo se culmina la unificación que transforma definitivamente la provincia romana en un “reino independiente” (la conversión de la monarquía goda al catolicismo fue, a su vez, un factor importante en el proceso).

    Así queda fijada la idea de España que persistió durante la Edad Media en toda la península.

    La España islámica (Al-Andalus, la única vez que ha cambiado su denominación) jamás vertebra el territorio que ocupa. La reacción de los hispano-godos se inicia en numerosos pequeños núcleos, débiles, precarios, y más o menos aislados, en un proceso que resulta largo, de guerras discontínuas y de subsecuentes repoblaciones. A lo largo de este proceso se van decantando reinos, de límites a veces indefinidos y otras veces enormemente variables, conformados por innumerables azares, uniones, fragmentaciones por herencias, luchas intestinas, intentos de predominio, alianzas etc… obedeciendo a intereses y estrategias momentáneas de las pequeñas monarquías emergentes (simultáneamente se daba el mismo proceso en todo el ámbito Europeo, también con enormes dificultades de vertebración de territorios), de modo que el resultado pudo haber sido cualquier otro.

    Las colisiones entre los incipientes reinos cristianos en ningún momento oscurece, ni cambia, el sentido general de “recuperación” de territorios, y la idea de “Reconquista” procedente del recuerdo, nunca debilitado, y de la afirmación y deseo de la antigua unidad, se generaliza.

    La diferenciación entre los distintos reinos, desvertebrados y de configuración muy variable (por las uniones y fragmentaciones constantes), fue mínima. La expresión, que se hizo corriente, de “las Españas” da cuenta de estas dificultades en los entonces 5 reinos peninsulares.

    Lo que todo esto nos demuestra es que los reinos los “creaban” los reyes como resultado de su actividad bélica. Por lo tanto es una pura falsificación pretender, como quiere la turba nacionalista-separatista, fijar ya trazas de “identidades, voluntades, y conciencias nacionales diferenciadas”, cuando todo el poder local peninsular estaba dominado por el puro azar y la provisionalidad.

    Por el contrario, todos los documentos de la época muestran la unánime concepción de que esos reinos formaban parte natural de una comunidad histórica, España, bien definida y con continuidad, desde mucho antes de la existencia de los “reinos” y de sus propias denominaciones, anterior a los musulmanes e incluso a los godos. Hubo siempre la conciencia plena de la existencia de España como “patria común” compartida por todos los reinos. Y es en esa época cuando se produjo la expansión de la lengua castellana por todos los territorios (convirtiéndose, a causa de los distintos influjos, en lengua española), sin ninguna imposición, imposible entonces, ni ningún propósito finalista, inimaginable en aquellos momentos en que nadie ni se ocupaba de ello, ni podía imaginar la importancia que cobraría ese factor siglos después, ni objeto de qué manejos vomitivos sería.

    El feudalismo no es un fenómeno que se pueda minusvalorar y despreciar en el rastreo y búsqueda de la idea de España porque de ahí arrancan todas las falsificaciones de los nacionalistas necesitados de “legitimidad histórica”.

    La debilidad y precariedad crónica de las incipientes monarquías, propicia una vez más el desarrollo y fortalecimiento del feudalismo.

    La sociedad de los pequeños reinos medievales, altamente fragmentada en estamentos, sacudida por la violencia de constantes revueltas, populares unas veces, y de los señores feudales otras, era incompatible con cualquier sentimiento nacional de tipo local ni con cualquier pretensión de homogeneidad. En las rebeliones populares no se encuentra ni un solo matiz antiespañol; el objeto de las iras fueron siempre los señores y oligarcas locales, que interpuestos entre el pueblo y el rey, eran sus opresores directos por medio de los instrumentos jurídicos arrancados, mediante pactos, a la monarquía : fueros, usatges, derechos de abuso y de mal trato, etc.

    Tales excepciones y anomalías jurídicas, pese a las delirantes y forzadas interpretaciones de los nacionalistas, jamás fueron expresiones de “libertades” de los pueblos, sinó de la libertad abundante y fértil de los señores feudales. Ni menos aún de “democracia” en una sociedad de siervos sometidos al poder absoluto y arbitrario de sus “señores”, mayor aún que el de los reyes, percibidos en general estos últimos, como valedores del pueblo llano frente a los abusos, muy frecuentes, de los poderes locales.

    Las revueltas de los señores feudales, aprovechando los momentos de debilidad o inestabilidad de la Monarquía, tenían justamente el sentido opuesto: defender sus prerrogativas e intereses, aumentar su poder a expensas del poder real y siempre tratando de incrementar su capacidad de opresión sobre su propia población.

    De ahí el constante cambio de fidelidades y vasallajes y de adscripciones de territorios a uno u otro reino; pese a esta evidencia, los nacionalistas osan calificar tales levantamientos como “revoluciones nacionales”……¡no puede haber nada más opuesto a ello!

    El progresivo desarrollo de los reinos peninsulares, y su configuración cambiante, no se produjo independientemente unos de otros, sinó en constante interacción y con gran similitud institucional y jurídica (derivada del “consuetudo Hispaniae”), la particularización emergente, no tuvo nada que ver con etnias ni con culturas propias, sinó exclusivamente con las relaciones de poder : poder feudal frente a poder público (la Monarquía). Allí donde las instituciones fueron más maduras y avanzadas, el balance se inclinó hacia el poder público (la Corona de Castilla), mientras que donde la evolución fue menor, el balance se inclinó hacia los más retrógrados poderes feudales y sus fueros exclusivistas (la Corona de Aragón).

    La monarquía renacentista por excelencia estuvo constituida por los Reyes Católicos quienes establecieron los fundamentos del Estado moderno, pionero en Europa, hacia 1500, creando instituciones y estructuras de gran racionalidad política, así como un modo de gobierno conjunto de las dos coronas, que sin imponer su unión abrió el camino para avanzar hacia ella, y lo importante es que las gentes de ambos reinos se autoidentificaban a sí mismos como españoles, con naturalidad, sin más matices ni significados especiales, que hubiesen sido imposibles por extemporáneos.

    Pese a no tratarse de una verdadera “unión” así era percibida tanto en ambos reinos como, muy especialmente, desde Europa, donde no se consideró como la creación de un nuevo país sinó como la recuperación del “antiguo reino” obra de ambas coronas (es falsa, interesada, y manipulada, la afirmación posterior de que “Castilla hizo a España”). Con todo, la obra de estos monarcas no logró eliminar todos los lastres feudales, y no mostraron una voluntad decidida en su eliminación y en “fundir” las dos coronas.

    La dinastía austríaca heredó inmensas posesiones en Europa entre las que se encontraban las coronas de España. Fracasado el intento de crear un “Estado” capaz de gobernar de modo uniforme toda esa amalgama, y en su papel de baluarte defensor de la fe, la dinastía hizo de España su centro. El tímido impulso modernizador logró algunas mejoras en la administración y en el refuerzo de los poderes públicos, pero burocráticamente escrupulosa en el respeto a las prerrogativas feudales, ahora ya conceptuadas como tradiciones de cada reino, no fue capaz de fundir la artificiosa “diversidad” interior cuyo sujeto eran las elites locales y no la población, con lo que no se logró todavía un Estado de caracter nacional.

    No obstante la adhesión a la Monarquía crece paralelamente al descrédito y oposición a las legislaciones locales, acentuándose la percepción de la población de los reinos como miembros iguales de una España común. Se percibe a la Monarquía como un poder superior, vertebrador, capaz de eliminar los poderes y excesos de las oligarquías locales.

    Era evidente que entre la población y sus oligarquías locales no existía, ni podía haberlo, ningún lazo de unión que permitiera, como se pretende, considerar la existencia de una “comunidad nacional” basada en los reinos medievales, antes al contrario. La “revuelta de los segadores”, por ejemplo, cuyo sentido ha sido completamente tergiversado por los nacionalistas catalanes, realmente fue un doble conflicto: las oligarquías catalanas contra Felipe IV, y a la vez las masas populares contra esas mismas oligarquías al grito de “Viva el rey de España y muera el mal gobierno”.

    Bajo los Austrias subsistieron las diferencias entre los reinos, debidas a distintos (pero muy parecidos) ordenamientos jurídicos. Las diferencias procedían exclusivamente de la mayor o menor preponderancia entre el poder público y el poder local, una constante a lo largo de esos siglos y aún de los venideros.

    El mayor poder local siempre se tradujo en una justicia arbitraria, despotismo, extraordinarios abusos económicos, en definitiva, en una mayor desigualdad e inanidad de la sociedad. El todavía irrestricto, y celoso de sus exclusividades, poder local, evolucionó hacia un enorme grado de corrupción (¿no ocurre así, también hoy día, en la España “autonómica”?) y degeneración caótica que desembocó en el notorio fenómeno del “bandolerismo” en el que estuvieron involucrados los propios poderes locales. De nuevo, aquí, el nacionalismo pretende imponer su interesada “visión romántica” del bandolerismo como una forma de “resistencia nacional” al Rey de España. Los tozudos hechos documentados desmienten, una vez más, el delirante imaginario nacionalista.

    La persistencia en el tiempo de esas diferencias, ciertamente conformaron sociedades distintas, habituadas a usos algo diferentes, pero aún así son indetectables diferencias étnicas, ni tampoco el desarrollo de “culturas” exclusivas, incompatibles, incomunicables e inmiscibles, por completo ajenas entre sí.

    Las diferencias no eran “intrínsecas” a la población en sí misma, como conviene a los nacionalistas hacer creer; no eran productos naturales, sinó el resultado de recientes circunstancias históricas profundamente conectadas con las de las poblaciones de los reinos vecinos, y enormemente cambiantes según los forcejeos con la Monarquía común. Este es el verdadero sentido de las diferencias que hoy día se explotan desvergonzadamente como “esenciales”.

    Pese a que la sociedad de la época ya era consciente de las profundas injusticias y privilegios de las oligarquías locales, y de la Iglesia, muy vinculada a aquellas, los tímidos intentos modernizadores de la Monarquía (p.ej. para lograr un sistema impositivo más justo) resultaban excesivos para su tiempo; la Monarquía aún necesitaba pactar y lograr el consentimiento local para llevar adelante cualquier reforma modernizadora.

    Consecuentemente los Austrias no modificaron significativamente la complejidad de la articulación territorial del medievo ni la pervivencia de los antiguos privilegios de las elites (una vez más hay que señalar que la situación, al respecto, era incluso peor en Europa donde el nivel de conflictividad era mayor). Pese a ello la monarquía austríaca había sido una amenaza para las oligarquías locales. Combinar modernización, progreso, y tradición inamovible, cuando hay fuertes intereses económicos y de poder de por medio, es imposible

  2. elemental, querido watson - Martes, 4 de enero de 2011 a las 20:38

    fots pena

    asi que tu basas tu tesis, en una simple frase en un libro. Pero en cambio, no aceptas el termino del cual te quejas, a pesar que te hayan refutado que se usaba antes de lo que tu dices y con una connotacion diferente a la que tu le quieres dar.

    Como se como esa doble vara de medir chaval?

  3. momium - Martes, 4 de enero de 2011 a las 20:49

    Volviendo a la Corona – no lo he podido evitar XDDD –

    No hace falta ser muy necio-nalista para acertar a comprender la diferencia entre conde y rey. Basta con haber ido al colegio. Ni siquiera es necesario haber sacado buenas notas

    Pero bueno, no pasa nada tampoco. Si el 1714 fue la guerra entre Cataluña y España, los condes pueden ser hasta astronautas del enterprise y dirigentes de una macroconfederacion intergaláctica

  4. riot - Martes, 4 de enero de 2011 a las 21:12

    «Como se como esa doble vara de medir chaval?»

    FANATISMO

  5. riot - Martes, 4 de enero de 2011 a las 21:15
  6. ciudadanos fa molta pena - Martes, 4 de enero de 2011 a las 21:16

    És normal intentar trobar llinatges antics per legitimar el que és més nou. Ho han fet tots i els espanyolistes encara ho volen fer, encara que després dels franquisme les seves historietes només se les traga una minoria.

    Els romans es proclamaven hereus del Troia i quantitat de reietos s’han considerat continuadors de l’imperi romà.

    Els espanyols volen fer creure que hi ha una continuitat entre l’actual regne d’espanya, format per la imposició violenta de les institucions castellane a les altres nacions peninsulars i les institucions i pobles d’èpoques pretèrites.

    Per això intenten fer creure que les diverses nacions de l’època prellatina, la província romana repoblada per colons romans, un regne format per tribus d’origen escandinau o una multitut de regnes cristians que van acabat dominat pel més fort, constitueixen una mateixa entitat al llarg del temps.

    En canvi, neguen aquesta continuitat alss bascos que no s’han mogut en 2.500 anys, ni han deixat de parlar la mateixa llengua ni d’autodenominar-se amb un mateix nom.

    És curiós, però veient els arguments, el que m’extranya és que no pensin que els espanyols han vingut de Gaminedes a donar llum al món i crear una nova humanitat.

  7. Curioso - Martes, 4 de enero de 2011 a las 22:08

    Toda esta discusión proviene de una afirmación falsa, la siguiente: “El regne d’espanya” és un invent francès del segle XIX Per això el primer rei d’espanya va ser en “pepe botella”, germà de napoleó.» Es falsa porque el término «Reino de España» no lo inventa ningún francés en el siglo XIX sino que ya era un término que se utilizaba para hacer referencia a la monarquía española desde mucho antes y que aún se utiliza, pese a no ser oficial,en tratados internacionales para referirse al Estado Español (Constitucionalmente el nombre del Estado es España a secas pero en algunos tratados internacionales el Estado aparece mencionado como Reino de España que no es nombre constitucional); y además José Bonaparte nunca tuvo la consideración legal de Rey de España. Todo lo demás no es más que un intento de desviar la atención sobre su mentira.

    Saludos!

  8. Manel - Martes, 4 de enero de 2011 a las 23:34

    ‘ciudadanos fa molta pena’, si tu mismo te retratas, nadie sostiene que España a lo largo de los siglos sea una misma ‘entidad’, sino como entidad ha ido evolucionando, es decir cambiando, hasta el estado-nación actual, que no es lo mismo. Mantener la tesis de entidades intemporales como «los vascos» si que es propio de ciencia ficción y de mitología barata de tres al cuarto, sobretodo cuando estás hablando de distintos grupos étnicos asemejándose su denominación actual (vascos) con uno de esos grupos (vascones).

    Y citando a Sánchez Albornoz (exiliado republicano, por cierto): «La única causa de diferenciación entre los vascos y los otros españoles estriba en la perduración, en una zona cada vez más reducida de Vasconia, de la vieja lengua éuscara, que Dios conserve por los siglos de los siglos. Es decir, ni la raza ni la historia ni la contextura temperamental ni el amor al ayer… separan a los vascos de los otros hermanos de España. Los distingue de ellos solamente la supervivencia entre los vascos de un habla que en el extremo límite de la hoya y de los montes vascones ha resistido al avance, allí particularmente despacioso, de la romanización. La perduración no interrumpida de ese proceso va haciéndola retroceder poco a poco, de continuo, hacia los Pirineos. El éuscaro no es por tanto el habla de todos los vascos: muchos de ellos no la entienden hace tiempo. El que hoy llamamos español es tan legítimo patrimonio de los habitantes de Euzcadi como de los hijos de Castilla. Muchos vascos comenzaron a hablarlo tan temprano como los primitivos castellanos, mucho antes que los castellanos del Duero hacia el Sur. Y es notorio que en él se escribieron las más viejas leyes constitucionales de los vascos: sus fueros. Mas, aunque así no fuese, nunca el éuscaro separaría a los vascos del resto de los españoles. Porque no es una lengua más en la Península. Es una lengua hablada en la remotísima España neolítica. No obstante su inundación por lo céltico, y lo latino, al escucharla oímos aún como un eco de las voces milenarias de nuestros abuelos de la Edad de Piedra.»

  9. ciudadanos fa molta pena - Martes, 4 de enero de 2011 a las 23:47

    La història és clara, la monarquía hispànica era un conjunt de regnes sota l’autoritat d’un mateix regne. Cada regne tenia el seu parlament, les seves lleis, monedes i fronteres, encara que a partir de Felip V el de castellà va usurpar les funcions dels altres. I es signava amb un llistat de tots els títols que acumulava el rei (però que si hagués volgut hagués pogut dividir entre els seus fills, per exemple).

    Jose Bonaparte va ser el que va tenir la idea de fer un regne únic sota una constitució única i institucions úniques.

    Per això, el «regne d’espanya» és un invent francès del segle XIX d’un tal pepe botella. Per més que foti als nacionalistes espanyols que s’exciten pensant en celtíbers o visigods.

  10. elemental, querido watson - Miércoles, 5 de enero de 2011 a las 00:24

    fots pena.

    supongo que el que no respondas, es sinonimo de que admites que te encante la doble vara de medir?

    dime una cosa, como calificarias las historietas de tu gran cataluña que siempre nos cuentas?

    Eres el tio mas ridiculo que se pueda leer.

  11. ciudadanos fa molta pena - Miércoles, 5 de enero de 2011 a las 01:48

    manel

    No sé on vols anar a parar, però el que sembla que dius es contradeix amb la cita que poses.

    Segons Sanchez Albornoz, el basc s’ha parlat en una zona cada cop més petita desde el neolític, passant de pares a fills sense interrupció. Així doncs, segons aquesta teoria, en temps dels romans ja hi eren i en una zona encara més gran que l’actual (Guipuzkoa, Bizkaia i mitja Nafarroa). El nom de Gascogna és un derivat de Vasconia.

    El que diu l’autor sembla correspondre’s basicament amb la veritat. Els topònims bascos es troben a la Rioja, Burjos, Aragó i fins i tot el Pallars. A Navarra hi ha llibres desde fà quasi 500 anys i un vocabulari del segle XI o XII.

    El que no entenc és la cosa aquesta de confusió de pobles amb nom similar. No ho havia sentit mai. Quin és aquest poble misteriós que va desapareixer sense deixar rastre i la seva llengua va ser substituida per l’euskera sense deixar cap rastre ni comentari per un poble amb un nom idèntic (la n ha perdurat a Vasconia, vascuence o Vascongadas).

  12. momium - Miércoles, 5 de enero de 2011 a las 09:47

    No hace falta recurrir a tratados y firmas para encontrar la palabra España. Basta irse con Jaime I y sus Llibres :

    » Edixem nos gran meravella·ns donam de vosaltres, car sóts dura gent d´entendre raó; car bé deuríets guardar lo negoci qual és, e deuríets guardar sí ho fem nós per bon enteniment o per mal. Car creem per cert que null hom no·nd poria en mal notar açò, car nós ho fem : la primera cosa, per Deu; la segona, per salvar Espanya; la terça, que nós e vós hajam tan bon preu e tan gran nom, que per nós e por vós sia salvada Espanya. E fe que debem a Déu, pues aquells de Catalunya, que és lo mellor regne d´Espanya, el pus honrat el pus noble (per ço car hi ha quatre comtes, ço és lo comte d´Urgell, e·l comte d´Empúries, e·l comte de Fois, e·l comte de Pallars, e ha hi rics hòmens, que per un que aquí n´haja, n´ha quatre en Catalunya, e per un cavaller n´ha en Catalunya cinc, e per un clergue que ací haja lla n´ha deu, e per un citadà honrat n´ha en Catalunya cinc), e pus aquells de las pus honrada terra d´Espanya no·s volgren guardar en dar a nós del lur (…) »

    (Llibre dels feits del rei en Jacme, manuscrito Ms. 10121 de la B.N.E, folio 163)

    http://www.cervantesvirtual.com/obr....11;0/html/

    http://www.cervantesvirtual.com/s3/....64_168.htm

    _____________________________________________

    Jaime I :

    Jaime I de Aragón, el Conquistador (1208-1276) es una de las más señaladas personalidades de la Edad Media de las que se ha dicho que «expresan a España como unidad operante» ( Menéndez Pidal ).

    En su crónica Llibre dels feits del rei en Jacme, el monarca alude a una visión profética de un fraile minorita navarro, según la cual las pugnas entre cristianos y musulmanes «en terras despanya» cesarán porque «(…) un rey ho ha tot a restaurar e a defendre aquest mal que no venga en Espanya (…).»
    (Llibre dels feits del rei en Jacme, manuscrito Ms. 10121 de la B.N.E, folio 161)

    Cuando Jaime I decidió ayudar a Alfonso X en la conquista del Reino de Murcia (1265-1266) sin recibir nada a cambio, se encontró con las reticencias de las cortes de Zaragoza a sufragar la campaña. El rey les persuadió aduciendo, entre otras razones, que lo hacía «per salvar Espanya». Y en alusión a los nobles catalanes presentes calificó a Cataluña como «lo mellor regne d´Espanya».

    En 1274, durante el Concilio Lyon, el Conquistador se manifestó dispuesto a emprender de inmediato una nueva Cruzada con la participación de sus tropas. Cuando finalmente se decidió no llevarla a cabo, dijo a sus acompañantes: «Barons, anar nos ne podem, que huy es honrrada tota Espanya» («Barones, ya podemos irnos, que hoy por lo menos queda honrada toda España»).
    (Llibre dels feits del rei en Jacme, manuscrito Ms. 10121 de la B.N.E, folio 210)

    En cuanto a otros autores, P. Tomich escribe, en el siglo XV, sobre la Reconquista: Perderem, oh dolor, la Espanya […] les comtes e reys ab lurs inmortals virtuts la recobraran.

    Enlaces al índice y a los folios 161 y 210 :

    http://www.cervantesvirtual.com/obr....11;0/html/

    http://www.cervantesvirtual.com/s3/....64_166.htm

    http://www.cervantesvirtual.com/s3/....64_215.htm

  13. momium - Miércoles, 5 de enero de 2011 a las 10:25

    El famoso conde con «poderes paranormales» (poderes circunstanciales que le otorgaron el contexto de una boda y que una mujer no podía reinar) :

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    Ramón Berenguer IV : Barcelona en la Corona de Aragón

    (El Mundo, 7 de marzo de 1999)

    Nació en 1114 y murió en 1162. Príncipe de Aragón, marqués de Provenza y conde de Barcelona. Casado con Petronila, hija de Ramiro II de Aragón.

    Uno de los muchos enigmas y recovecos de la España Medieval es la creación de la Corona de Aragón, que unía el reino del mismo nombre y varios condados de lo que mucho más tarde se llamaría Cataluña, fundamentalmente el de Barcelona. Para añadir más elementos curiosos a una de las claves políticas de nuestra historia, no fue ningún rey aragonés sino un conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV, el que creó la que con el tiempo iba a convertirse en una de las potencias mediterráneas y, sobre todo, constitutiva y constituyente de la época de apogeo español en el mundo : La Corona de Aragón

    Fijándose más en la realidad de hoy que en la de hace casi nueve siglos, muchos se sorprenden de la modestia del conde barcelonés, que lo era también de Gerona, Ausona, Besalú, Cerdaña y Conflent. Pero cuando en 1131, a los 17 años, el hijo de Ramón Berenguer III y la última de sus esposas, Doña Dulce de Provenza, heredó las posesiones paternas, nadie hubiera pensado que un lustro después se hubiese convertido en el sucesor de hecho, aunque no de derecho, de Ramiro II El Monje, forzado heredero del forjador del poder aragonés, Alfonso I El Batallador, conquistador del Valle del Ebro.

    En realidad, Barcelona aparece en el horizonte político del Reino de Aragón cuando tanto la nobleza castellana como la aragonesa sabotean la unión de ambos reinos acordada en la boda del Batallador con doña Urraca, princesa heredera de Castilla, que preludiaba en tres siglos el eje de la unión peninsular, Los nobles aragoneses eran tan feroces e intratables como los de Castilla, y ante la posibilidad de la unión y la pérdida de poderes y privilegios sacaron de su monasterio al hermano monje del Batallador, llamado Ramiro, obligándole a casarse y procrear -una niña llamada Petronila- antes de volver al claustro a morirse en paz.

    Conscientes de la fragilidad de un Reino que podía ser reclamado en derecho por Alfonso VII de Castilla; El Emperador, hijo de Urraca, casaron a la infantina Petronila con el barbado conde de Barcelona que, de ese modo, se convertía en rey consorte de Aragón. Pero, ahí está el intríngulis, no en rey del todo. Ramón Berenguer IV mandó mucho en Aragón mientras vivió. Tuvo descendencia con Petronila cuando ésta pudo tenerla y esa criatura heredó el Reino de Aragón y el Condado de Barcelona con las demás tierras de su padre, pero Ramón Berenguer nunca se tituló rey. No lo fue de derecho, aunque sí de hecho. Sin embargo, creó unas bases que se adaptaban bien a la realidad de la época y a las posibilidades de Ramón Berenguer.

    En nuestros días, suele denominarse a la obra de este conde barcelonés, la «Confederación catalano-aragonesa», con el que algunos pretenden enterrar el nombre y el mérito de la obra de Ramón Berenguer IV, que es la Corona de Aragón. Cataluña no existía, ni siquiera de nombre, en aquellos años. Ramón Berenguer IV añadía varios condados menores al de Barcelona, pero había otros cinco que no eran suyos e incluso el más importante, Urgel, rival antiguo de Barcelona, le privaba de tener frontera con Aragón. Tampoco le pertenecían los de Ampurias, Rosellón y los dos Pallars, Jussá y Sobirá, típicos territorios de la antigua Marca Hispánica, descolgados a ambos lados de los Pirineos y sin acabar de decidirse entre los centros políticos más importantes: Tolosa y Barcelona. El talento de Ramón Berenguer IV consistió en lo que llamaba Cambió el sentido de lo peninsular, trazando una línea de alianzas con Aragón como socio pero sin que los aragoneses pudieran sentirse limitados en su designio de autonomía y de expansión, que ya desde Alfonso I tenía en Valencia su objetivo político y militar.

    La táctica de Ramón Berenguer IV, inteligente sobre el mapa, y la de los aragoneses que buscaron su alianza, tenía un obstáculo institucional muy serio.

    Según la tradición aragonesa, las mujeres podían transmitir la corona pero no reinar, así que Petronila, hija del rey Ramiro II, sólo fue reina de Aragón para hacer rey a su hijo Alfonso II. Como éste era el heredero del Condado de Barcelona y el Reino de Aragón estaba unido al Reino de Navarra, la boda de Ramón y Petronila alumbró algo más que un heredero: una gran heredad.

    Al socaire de la alianza con los aragoneses se fue configurando Cataluña en torno al Condado de Barcelona. Por la unión dinástica de los Reinos aragonés y navarro, Ramón Berenguer IV tuvo un margen de maniobra que empleó para avanzar por el Este como sus socios habían hecho por el Oeste: eso sí, manteniendo la alianza con Alfonso VII de Castilla. Esa lealtad mutua permitió campañas militares y un nuevo reparto del mapa de la Reconquista.

    Gracias a la fuerza militar terrestre que le daban las armas aragonesas y a su tradicional alianza con Génova, Ramón Berenguer IV no sólo se mantuvo como regente y luego protector de Provenza, sino que emprendió dos campañas de limpieza de piratas en coordinación con Alfonso VII.

    La más importante, en 1147, fue la toma de Almería, meca de la piratería mediterránea a mediados del siglo XII. Y al año siguiente, la toma de Tortosa. Unos meses después (1149) cayeron Lérida y Fraga, con el apoyo del mismísimo Conde de Urgel. En 1154, en una operación de menor envergadura cayeron Ciurana y Mequinenza.

    La muerte del conde barcelonés se produjo de súbito y cuando estaba en el apogeo de su gloria y en la plenitud de sus facultades. Había emprendido un viaje para tratar con Federico Barbarroja, emperador de Alemania, los sempiternos problemas de Provenza con el Conde de Tolosa. Pero una súbita infección lo postró en un remoto lugar del Piamonte, Borgo San Dalmazzo, donde falleció el 6 de agosto de 1162.
    No llegó a cumplir los 48 años. Sus restos fueron enterrados en el monasterio de Ripoll, en loor de santidad. No llegó a ser canonizado y en los siglos XVIII y XIX bárbaros franceses y españoles se cebaron con sus cenizas. En 1794, las tropas de la república gala asaltaron Ripoll y robaron la espada de su ataúd, deteriorando su cuerpo incorrupto.

    Peores fueron los migueletes de Ripoll, que en 1837 sacaron la momia, la sometieron a juicio junto a los condes allí enterrados y terminaron pegándole fuego. Pero la figura histórica de Ramón Berenguer IV sobrevive a escarnios y manipulaciones. La Corona de Aragón quedó ahí. Aquí.

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    » Los acuerdos matrimoniales por los que se rigió el enlace se establecieron según el derecho aragonés y, según algunos historiadores, se establecieron bajo la forma de Matrimonio en Casa. Esto supone que, al no haber heredero varón, el esposo cumple la función de gobierno, pero no la de cabeza de la casa, que solo se otorgará al heredero. A partir de este contrato, quien tiene la última potestad no es el esposo, sino el Señor Mayor de la Casa de Aragón, hasta que el heredero legítimo adquiera la potestad (y en el caso del reino de Aragón, el reino, título de rey y cabeza de la Casa de Aragón) y, por tanto, asumía el linaje de la Casa de Aragón él y sus herederos per saecula saeculorum, por lo que, desde ese mismo momento, según un sector de la historiografía, se extingue el linaje de la Casa de Barcelona, tras el Casamiento en Casa en que se subsume en la Casa de Aragón en 1137, o bien se considera que perdura hasta la muerte sin descendencia masculina de Martín el Humano en el año 1410, según otros historiadores. »

    http://es.wikipedia.org/wiki/Ram%C3...._Barcelona

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    » Consecuentemente, según los documentos que se conservan en el Archivo de la Corona de Aragón, las funciones ejercidas por Ramón Berenguer fueron las propias del rey en el ejercicio del imperium o potestas, vedado a la reina por su condición femenina. Así, ejerció el gobierno acaudillando el ejército, disponiendo cesiones de castillos, dictando cartas puebla, etc. por lo que, Petronila quedó con la dignidad regia —que se hizo efectiva en sus testamentos y en la donación del patrimonio conjunto en herencia a su hijo—, mientras que el conde ejerció el poder como princeps de Aragón hasta su muerte en 1162, en que fue sustituido por una comisión de magnates aragoneses y barceloneses, entre los que figuraron los altos prelados (obispos de las principales sedes) y ricoshombres de ambas procedencias, reunidos para ese fin en las primeras cortes documentadas del Reino de Aragón el 11 de noviembre de 1164, pocos meses después de la transmisión de la herencia conjunta por parte de Petronila. La regencia de este consejo de notables en las decisiones de gobierno se extendió desde la muerte de Ramón Berenguer en 1162 hasta 1173, año en que Alfonso II, con dieciséis años de edad, pudo ponerse al fin al frente del gobierno y de sus huestes. »

    http://es.wikipedia.org/wiki/Casa_de_Barcelona

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    Curiosidad : (Berenguer en Madrit)

    http://es.wikipedia.org/wiki/Archiv....uer_IV.jpg

  14. momium - Miércoles, 5 de enero de 2011 a las 10:27

    Sobre la nación española : Respuesta a Rovira Vigili

    (Ramón Menéndez Pidal – El Sol, 6 de septiembre de 1931)

    Mi último artículo en EL SOL nos ha proporcionado dos encuentros con distinguidos catalanes.

    Uno de ellos amistoso y muy satisfactorio: la visita de D. Joaquín Xiráu y de D. Manuel Ainaud, con quienes no sólo es fácil entenderse, sino muy grato y útil, dada su altura de miras, su deseo de equidad y acierto en lo presente y en lo por venir.

    El otro, verdadero encuentro bélico, con el Sr. Rovira y Virgili, quien en La Publicitat hace extremosos ademanes bajo el título de Las confusiones del Sr. Menéndez Pidal. Todo su escrito rebosa el infantil descomedimiento (que desde luego perdono y no retribuirá) de quien no le cabe en la cabeza que las cosas catalanas puedan ser atendidas bien más que por los catalanes. Yo, como creo que para entenderlas no todo consiste en ser catalán, me voy a permitir responder. Estoy además obligado a ello (más por una sola vez), en consideración a los merecimientos del Sr. Rovira y Virgili.

    Mis errores se dividen en tres clases. «Dejemos a un lado -dice el articulista- las confusiones relativas a la enseñanza de los niños en Barcelona, porque ya han sido rectificadas públicamente». El Sr. Rovira y Virgili obra con poca prudencia al expresarse así. Y no digo más porque quiero ser prudente.

    Enseguida mi contradictor me achaca confusiones en el terreno filológico, y me censura que clasifique al catalán entre las lenguas que afirman con la partícula «sí» como el castellano, pues los catalanes usaron también «oc». Respondo: la geografía lingüística hace sus agrupaciones por el uso habitual de un vocablo, sin atender al uso arcaico o excepcional de otro vocablo concurrente. Si en vez de hacer la geografía de la partícula afirmativa hiciésemos la de la voz latina «canis», Castilla figuraría con la palabra «perro», por más que nuestra antigua literatura no emplee esa voz, sino «can». Por esto, en cualquier atlas lingüístico, Cataluña es país de afirmación «sí». Además, compadece mi censor lo poco afortunado que ando, al llamar al francés lengua de «oui», y me recuerda caritativamente que los franceses también usan en algún caso el «sí». ¡Pero si yo no ando aquí afortunado ni desafortunado! El culpable es Dante, quien al aceptar la denominación tradicional del francés como lengua de «oui», poseía el recto sentido de la geografía lingüística, no haciendo caso del «sí» francés que, como victorioso trofeo enarbola mi impugnador, al par del «oc» catalán. En un artículo periodístico no puede uno entrar en distingos científicos; pero al hablar del «sí» catalán, pensaba yo (sin tener opinión formada): este «sí» puede ser una afirmación primitivamente catalana, cohibida en la lengua escrita por el «oc» provenzal, como «perro» era voz cohibida en Castilla por el literario «can», o puede ser una antiquísima penetración del español central, muy anterior a la unión política con Castilla. Por eso pasé a escribir inmediatamente sobre el carácter apolítico de la penetración.

    Tercer error: éste va expuesto con alguna cautela. Pregunta el articulista: «¿Es seguramente cierto que la frontera lingüística catalanocastellana es una ancha zona imprecisa? Filólogos catalanes creen que esa frontera es una simple línea tajante, etc». Sobre esto he escrito científicamente, y no he de reproducir aquí mi estudio. No le quepa duda al Sr. Rovira y Virgili: la frontera es una ancha zona que suelda indisolublemente las provincias de Lérida y de Huesca, y en la cual la filología descubre la íntima coespiritualidad de los españoles del centro y los de la periferia al crear el producto cultural del idioma.

    Continúa el Sr. Rovira y Virgili: Si en el terreno filológico de su especialidad incurre Menéndez Pidal en confusiones, ¿qué será fuera de él?, y copia este párrafo mío: «Que no se escamotee más el carácter apolítico de la penetración del idioma central en las regiones: los poetas catalanes empezaron a escribir en español bastante antes de la unión política con Castilla, por la cual suspiraban ya cuando ofrecían a Enrique IV el trono de Aragón». Mi duro contradictor rasga aquí sus vestiduras y exclama: «¡Qué amontonamiento de inexactitud y confusiones!»…

    Cuarto error: «antes de la unión con Castilla -dice el Sr. Rovira y Virgili- sólo hay casos excepcionales de poetas catalanes que escriban en castellano». Esto es divagar fuera del terreno, pues yo no afirmo que los castellanizantes fuesen mayoría.

    Quinta objeción: «lo que no hay que escamotear, añade mi censor, es que ya, antes de la unión, actuó sobre Cataluña la influencia política -y tan política- de la dinastía castellana, iniciada en 1412». Yo, ¿qué he de querer escamotear el hecho alegado? Lejos de eso quiero añadir que también antes del 1412 hubo influencias políticas a montones y culturales también. En lo que no estoy conforme es en la manera de razonar. El poetizar los catalanes en español, sin ninguna presión gubernativa, en actos oficiales, y sólo atraídos por el prestigio del idioma, es un hecho de carácter cultural, ocurra eso antes o después de una influencia política o de la unión con Castilla. Por lo cual, repito: no se trate de tergiversar más el carácter apolítico de tal fenómeno.

    Sexta confusión: El ofrecimiento del trono a Enrique IV, dice el Sr. Rovira Virgili, no fue debido a suspirar los catalanes por la unión con Castilla, sino a que Enrique era gran enemigo del Rey Juan. Yo realmente no estaba obligado a probar a mi pertinaz contradictor que los catalanes diesen suspiros, sino sólo a afirmar que apetecían con la mayor insistencia el entregarse a Castilla. Pero da la casualidad que daban suspiros, Sr. Rovira y Virgili; pues Diego Enríquez del Castillo, que escuchó los discursos de los embajadores catalanes en Atienza, en Segovia y en Almazán, nos atestigua, que iban mezclados con lágrimas y humildes lamentos, para mover el ánimo del rey castellano.

    Séptima objeción: Dice: «No ofrecían los catalanes a Enrique el trono de Aragón, pues los del Principado de Cataluña se había separado del resto del reino y obraban sólo por cuenta propia». Tampoco acierta esta vez mi docto impugnador. Zurita, aunque quiere afear y achicar todo lo posible la rebelión del Principado catalán, dice que el objetivo de los rebeldes era «deponer y privar el Rey Juan, que tiranizaba», y anular la elección de Caspe, no por odio a aquella grandiosa sentencia jurídica, sino para perfeccionarla, buscando en Enrique IV un mejor heredero de la extinguida dinastía catalana; y Enríquez del Castillo repita tres y más veces que los embajadores entregaban al castellano el Principado de Cataluña, a condición indispensable de que se titulase «Rey de Aragón», pues a la casa de Castilla, «según derecho divino y humano, pertenecía el reino de Aragón y señorío de Cataluña». Preciosa afirmación del aplauso catalán al compromiso de Caspe.

    Octavo error: «Un defecto de redacción hace decir a Menéndez Pidal que los que ofrecieron el trono a Enrique IV fueron los poetas catalanes». Reconozco que en efecto hay errata de un interlineado mal hecho. Al fin, el Sr. Rovira y Virgili ha encontrado una verdadera inexactitud.

    No entretendría yo al lector con estos dimes y diretes si los vivos ataques del Sr. Rovira y Virgili no fueran enseñanza y meditación. Tocan al nervio de nuestra nueva estructura nacional.

    ¿Qué he podido decir yo en mi anterior artículo molesto a un catalán para que así arremeta contra mí? Pues simplemente decía que Cataluña no vivió un momento sola, sino siempre unida a las regiones centrales, a Aragón, a Castilla, no sólo política, sino culturalmente. Esto es lo que molesta; con una pertinancia tan ciega como hemos visto, se trata de negar todo lazo espiritual; ésta es, en su fachosa desnudez, la verdad de las cosas. Y ahora, ¿no ven ustedes que estoy cargado de razón cuando digo que el desamor perdura y que si su signo prevalece no es posible estructurar una España sino peor que la pasada, en que ese desamor se engendró?

    Si esa psicología rencorosa fuese general, si el ensimismado exclusivismo de Prat de la Riba fuera a seguir de moda mucho tiempo, no habría sido inclinarse y decir tristemente adiós cuanto antes a esos hermanos que reniegan la fraternidad. Pero todos tenemos experiencias en contra y podemos afirmar que esos sentimientos, aunque dominantes entre los luchadores del régimen antiguo, no son generales, ni parecen ser los de las generaciones nuevas.

    Pero si por transigir de momento con el viejo desamor, por una componenda para salir del paso, tomasen las hojas de la nueva Constitución cualquier pliegue funesto, ¡qué grave deformidad vendría en el cuerpo de España! La que siempre fue una nación, se convertiría en una simple Estado; compartimentos estancos, nacioncillas aisladas, cultivadoras del hecho diferencial, empeñadas en negar obcecadamente, como vemos, los lazos ideales, para quedarse sólo con los lazos materiales que convengan. Peor que un Imperio austrohúngaro.

    No nos hagamos ilusiones. Si bajo esta psicología del resentimiento el Estado Español no tiene respecto de la región una prenda de unión espiritual en la enseñanza, la generación del desamor acabará por raer, con pertinaz trabajo de zapa, todo sentimiento de unidad espiritual; la fuerza moral de la nación, la única fuerza de los pueblos, será arruinada y la disgregación del nuevo Imperio austrohúngaro será rápida.

    Pero, dentro del terreno de la cultura, no toda la culpa es de los que en la periferia roen, como carcoma, la unidad espiritual, sino de los que en el centro debieran cuidar de afirmarla. ¡Qué pobre es la literatura en este campo! Nos hacía falta, por ejemplo, un penetrante estudio sobre el concepto nacional de España, partiendo de San Isidoro o, para pedir poco y lo más importante, limitándose a la época en que, con la invasión árabe, la Península dejó de ser un Estado, hasta que volvió a serlo en el siglo XV, bajo el imperio de grandiosas ideas nacionales.

    En esa Edad Media bastaría estudiar el maravilloso siglo XIII sus literatos, sobre todo sus cronistas que, desarrollando viejísimas ideas, expresan a España como unidad operante, realizadora de una misión histórica, común a todos sus reinos.

    En una región propugna esta idea el obispo de Tuy; en otra, aquel gran navarro, el arzobispo Jiménez de Rada, el hombre que más inspiradamente sintió a España y más doctamente enseñó a comprenderla como un conjunto nacional; después, Alfonso el Sabio, que, al planear la Crónica General fundiendo en su relato las hazañas de León y Castilla con las de Navarra y de Aragón, dice que escribe «del fecho de España», el «fecho» en singular, el hecho unitario de una nación que, por su mal, se fraccionó en Estados varios: «et del daño que vino a ella por partir los regnes».

    En ese mismo siglo XIII, la crónica de D. Jaime el Conquistador. Abrimos el libro. El rey aragonés decide ir en ayuda del rey castellano contra una inquietante rebelión de los moros de Murcia; pero los nobles catalanes y aragoneses le niegan su concurso con desabridas respuestas, continuamente reiteradas; tenían rencor de agravios pasados y no pensaban más que en afirmar sus privativos fueros, su Estatuto. Pero al fin los catalanes renuncian a su fuero y se avienen a conceder la ayuda pedida para que D. Jaime, «pueda servir a Dios y auxiliar al Rey de Castilla». No en vano habían nacido en la región que D. Jaime tenía por «la plus honrada terra d’Espanya». Y las razones supremas que el Rey proponía (después de agotadas las de carácter práctico, ineficaces) para que los irreductibles dejasen a un lado el Estatuto en que obstinadamente se parapetaban eran tres razones de orden ideal primera, por servir a Dios; segunda por salvar a España; tercera, porque él y ellos ganasen el prez y el honor de salvarlas: «que Nos e vos haiam tan bon preu e tan gran honor que per Nos e vos sia salvada Espanya». Es decir, los propone el lema «Dios, España y Prez».

    Al recordar esta nítida precisión con que el Rey Conquistador percibe, en lo material y en lo ideal, todos los motivos de solidaridad hacia una patria más ancha que su particular patria, y que su reino propio, al ver cómo inculca esos motivos a sus vasallos, no sabemos abandonar las elevadas naves del alcázar historial para salir a la calle. ¡Despierta, Rey Don Jaime; habla otra vez de España a los que no piensan sino en su propio Estatuto! ¡Yergue otra vez tu frente cubierta con ese yelmo de grandes alas avezadas a los vuelos aguileños!

    A los muchos catalanes que, como D. Jaime, sienten su nación catalana intimada en la española, a las generaciones nuevas que pueden leer sin torvo desamor las épicas crónicas de su tierra, me dirijo con fervorosa esperanza. ¡Salud!

  15. Curioso - Miércoles, 5 de enero de 2011 a las 11:49

    «Jose Bonaparte va ser el que va tenir la idea de fer un regne únic sota una constitució única i institucions úniques.»

    Cada vez escarba más y más en el error. Esta es más gorda que hacer subir al trono a Alfonso XII en 1837. XD

    Saludos!

  16. momium - Miércoles, 5 de enero de 2011 a las 12:25

    » Jose Bonaparte va ser el que va tenir la idea de fer un regne únic sota una constitució única i institucions úniques.

    Per això, el “regne d’espanya” és un invent francès del segle XIX d’un tal pepe botella. Per més que foti als nacionalistes espanyols que s’exciten pensant en celtíbers o visigods »

    Que nivel de rigurosidad. Que dotes de reflexión en materia de historicismo, oh !

    Tu te excitas con ¿ la visión de Carod con una corona real y del imperio de Salses a Guardamar ?

    » Cada vez escarba más y más en el error. Esta es más gorda que hacer subir al trono a Alfonso XII en 1837. XD »

    XD. Se llama huida hacia delante. España o su reino es un invento aunque la palabra España salga hasta en el libro de Jaimito I ochocientos años antes. Es un pobre diablo……me está empezando a dar pena de verdad…

    Voy a dejarlo, esto es injustamente desproporcionado XD

    Saludos

  17. Eduardo González Palomar (Manlleu) - Miércoles, 5 de enero de 2011 a las 12:43

    -Donde vean reparo, tú, compañero, hallarás sostén-
    Sinécdoque a sinécdoque, el entorno ultranacatalanista (¡”Catalunya”?) adorna su retórica. Luctuosamente, aun con todo este bagaje de miseria que arrastra tras de sí, no son pocos los coetáneos que sostienen, como hay Dios, que Catalunya habla, designa metas político-sociales y, sobre todo, señala enemigos.

  18. momium - Miércoles, 5 de enero de 2011 a las 12:44

    Vamos a excitarnos un rato con San Isidoro de Sevilla, España y los «godos» (como llaman en Canarias a los penisulares). Y es que España es demasiado para tí, ‘ fots pena ‘ :

    «Puesto que sostienen que, la monarquía visigoda tenía vocación de dominio político y religioso de todo el territorio de Hispana, basándose en que, en el plano religioso, Recaredo consiguió la unión de godos (de religión arriana) con los hispanorromanos (católicos) con su conversión al catolicismo en 587 y, en el ámbito territorial, Leovigildo consiguió derrotar a Vascones (585) y Suevos (581) y en 624 Suintila consigue expulsar a los bizantinos de Hispana. Por otro lado, la monarquía y la iglesia visigodas establecen el primer órgano político con vocación de legislar en todo el territorio nacional: Los Concilios de la Iglesia Visigoda en los que, reunidos en asamblea el Rey y los obispos de todas las diócesis de España decidían sobre asuntos tanto políticos como espirituales. Se establece además una capital que centraliza el poder político y religioso en Toletum (Toledo)

    Otros autores manifiestan que Leovigildo, se titula así mismo como rey de «Gallaecia, Hispania y Narbonensis», y que, como en la carta del Papa Gregorio Magno a Recaredo, se denominan simplemente como «rey de los Godos y de los Suevos» y que no fue hasta el año 621 que Suntila expulsó a los bizantinos del Sur de la Península y que en el Concilio de Toledo de 585 se alude a «totius Hispaniae, Gallie et Gallecie »

    «Algunos consideran que el primer Estado español se consiguió con la unidad política y religiosa del reino visigodo, Sin embargo es Hispania la primera que consigue esa unidad. Podemos invocar incluso la fecha concreta del 589 cuando se reconocen los dos signos de unidad, el catolicismo eclesiástico y la «lex romana wisigothorum» es decir, el Derecho romano custodiado por los monarcas godos. No eran estos últimos los garantes de la autoridad sino esas dos dimensiones que producían libertad. Esa Hispania se perdió, a causa de la invasión musulmana. El término «pérdida de España» es acuñado por un cronista en torno al 748. Fue necesario recobrarla partiendo de varios puntos de los que uno, Asturias, alcanzó notable significación porque desde allí se trataba de restaurar la Monarquía, signo de legitimidad. Se organizaron diversos modos de administración, algunos de los cuales se titularon a sí mismos reinos -al final cuatro- pero todos tenían conciencia de formar esa unidad, España, radicalmente distinta del Andalus musulmán. El rey Pedro IV de Aragón, queriendo hacer el elogio de Cataluña, escribió que esta era «la mejor tierra de España». Unos años antes un poeta tampoco se había quedado corto al decir en el Poema de Fernán González que «de toda España, Castilla es lo mejor». Las vanaglorias tienen también su lado positivo. La conciencia de unidad se fue acentuando.» (LUIS SUÁREZ FERNÁNDEZ de la Real Academia Española, catedrático de Historia Medieval)

    ___________________________________________

    » Asimismo cabe destacar su obra La Hispania, la cual es una colección de cánones conciliares y epístolas pontificias. Los cánones recogidos corresponden a concilios griegos, africanos, galicanos y españoles, mientras las epístolas pontificadas, más de un centenar, quedan agrupadas por orden cronológico. La riqueza de contenido y universalidad de sus planteamientos confieren a La Hispania un papel de capital importancia, sin parangón posible con cualquier otra colección canónica de la misma época. La Hispania fue percedida desde mediados del siglo VI por un índice formado por el extracto de los cánones, y constó de tres recenciones: la Isidoriana, correspondiente a la redacción primitiva, la Juliana de la época de San Julián de Toledo) y la vulgata, o edición más difundida y utilizada, que habría de ser bien conocida en las Galias y que influyó además en otras colecciones canónicas posteriores »

    » Cuando (Suintila) ascendió a la cumbre de la realeza, conquistó las demás ciudades que tenía en Hispania el poder romano (se refiere a los romanos orientales o bizantinos), tras de luchar con ellas, y con gran felicidad, consiguió la gloria aumentada del triunfo por encima de todos los reyes anteriores, y fue el primero que poseyó la monarquía del reino de toda España que rodea el Oceano, cosa que a ninguno de sus antecesores le fue concedida…»

    San Isidoro de Sevilla «Historia Gothorum»

    http://es.wikipedia.org/wiki/Isidoro_de_Sevilla

  19. FZP - Lunes, 17 de enero de 2011 a las 13:27

    Suele pasar que cuando uno lee rápido y escribe aun más rápido, meta la pata. Por ello, me disculpo. Efectivamente la familia de Sabino Arana fue carlista y desde luego eso le tuvo que influir de alguna manera. No se si de ahí se pudiera catalogar que «hasta los 17 años fue carlista». Lo digo por que a esas edades no se si nadie tiene muy claro lo que es (y aquí solo puedo recurrir a mi propio caso). Después podemos analizar en profundidad el origen del nacionalismo, frente al tradicionalismo que en España básicamente fue carlista (algún elmento, los menos, fue más partidario de la rama isabelina, como Menendez Pelayo). Respecto a eso, y me permitireis no entrar en profundidad, pues no creo que sea el ámbito, creo que debo insisitir en que el nacionalismo en general, es fruto, como todas las ideologías, del siglo XIX y de las diferentes corrientes filosóficas que en ese siglo se dieron (añadanse influencias anteriores, por supuesto). Y las ideologías, en si mismas no son creaciones de la nada, sin ningún elemento que las vincule a nada anterior. Me atrevería a decir que todas toman partes tanto de la realidad contemporanea como de la historia, de manera que se puedan asentar sobre algo. Por ejemplo, el nacionalismo toma ciertos elementos del tradicionalismo, que «efectivamente» mezclados con otros elementos ajenos, producen lo que ya conocemos. Pero bueno, esto daría para mucho.

  20. nacionalist i prou - Viernes, 31 de agosto de 2012 a las 13:00

    Clar i la unitat d’Espanya del regne visigot eren ja castellans !!!

    Espanya = Castilla, per diversos motius

    1. Idioma castellà rebatejat com a ‘español’ (mot d’origen català) des de fa ‘4 dies’, concretament des de 1925 per la RAE per motius merament polítics ‘antinacions perifèriques’ contra tota moral i lògica científica (si fa no fa com l’Italià).

    2. La primera roig i gualba de 1785 inventada per Carlos III només incorporava les armes de Castilla y León. Recordem que Jaume I ja emprava la senyera de 2 franges (o gules vermells en camp d’or) catalana que es copiaren els castellans 5 segles més tard. Hi ha un tip de mapes del XIV-XVI que identifiquen la rojigualda amb la bandera nacional CATALANA.

    3. El segon Borbó Rei D’Espanya Ferran VI (1749) pren la numeració castellana de de Ferran II D’Aragó el Catòlic i V de Castella. També prenen numeració castellana Alfonso XII Rei d’Espanya (d’Alfonso XI rei de Castilla y León) i Felipe V (numeració castellana dels Felip’s Habsburg).

    4. Español és un terme d’origen català manllevat pels lladregots castellans. O bé som els catalans els únics dignes d’anomenar-nos ‘espanyols’ (els que parlem català és clar, batejats carinyosament des de molt temps ençà pels nostres cosins occitans que ens van acollir al segle VIII a casa seva; a més que ‘español’ no és una paraula castellana) o resulta que els catalans ens varem inventar el terme per a insultar els castellans (espanyol en català vol dir ‘hispaniet’, diminutiu vexatori si anava dirigit a castellans).

    Amb tot, si Catalunya NO és Castilla … llavors amb tota lògica Catalunya NO ÉS ESPANYA, atès que aquesta avui en dia només és Castilla !!! Jo cada cop n’estic més convençut i confesso que temps enrere em sentia espanyol, cada cop menys i compte que no estigui arrabassant el llindar de la completa catalanitat !

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