Opinión

Tothom a terra

‘El único e insólito efecto del Senado multilingüe es la reducción de unas lenguas razonablemente útiles a la categoría de símbolo, esto es, a un andrajo formalista que, más pronto que tarde, será identificado con un peso muerto o, lo que viene siendo peor, un capricho’.

Pepe Albert de Paco
Jueves, 20 de enero de 2011 | 07:20

En los días en que en Barcelona se debatía la conveniencia de dotarse de tranvías, un concejal opositor, no recuerdo su nombre, resolvió que, en cualquier caso, era preferible que los tranvías circularan bajo tierra para no entorpecer el tráfico. Su propuesta concitó la sorna del pleno municipal, y no se hizo esperar el valiente que, recogiendo a vuela pluma el rumor que electrificaba los bancos, advirtió a su adversario que el tranvía subterráneo ya existia: recibía el nombre de metro.

La anécdota viene a cuento de la ópera bufa que en estos días se representa en el Senado, en lo que constituye la enésima expresión de la dictadura de las minorías, unas minorías que, en el caso que nos ocupa, rebozan sus demandas en el más que discutible derecho a vivir en catalán, o en vascuence, o en gallego; en cualquier lengua, en fin, salvo en español.

El vicepresidente tercero del Gobierno y ministro de Política Territorial y Administración Pública, Manuel Chaves, usando el sistema de traducción simultánea para entender al presidente autonómico de Cataluña, José Montilla, el pasado 24 mayo de 2010 en el Senado, a pesar de que ambos son andaluces y tienen el castellano como lengua materna (foto: 'El Mundo').

Tras observar al animalillo con más melancolía que indignación, no puedo por menos de señalar que semejante trasiego de lenguas presenta una falla clamorosa. No en vano, la brigada de traductores contratados al efecto emplea como lengua de destino el español, siendo así que los senadores, por mucho que invoquen el derecho a la diferencia, terminan por oír las intervenciones en la misma lengua en que las oían hasta hoy; en el único idioma, por cierto, que, en virtud de su cualidad de común, hace posible semejante mascarada, ya que los traductores de vascuence-catalán o de gallego-vascuence son, afortunadamente, rara avis, como son rara avis en EEUU los traductores de inupiak-hawaino.

Como acostumbran los defensores del nuevo reglamento arguyen que esta clase de medidas inyecta vigor a las lenguas minoritarias, eternamente amenazadas, ay, por el todopoderoso castellano. En verdad, el único e insólito efecto del Senado multilingüe es la reducción de unas lenguas razonablemente útiles a la categoría de símbolo, esto es, a un andrajo formalista que, más pronto que tarde, será identificado con un peso muerto o, lo que viene siendo peor, un capricho.

Con ser llamativa, la babelización de la Cámara Alta no debería hacernos olvidar que estas operaciones de desguace (que lo son, sobre todo, de la inteligencia) están a la orden del día. Bastaba con ver, esta misma semana, a los representantes de las CCAA catalana, valenciana, murciana (¡murciana!) y andaluza, trabajando en Bruselas codo con codo por un proyecto común. Tal vez haya que recordar que ese proyecto común ya existe y se llama España. Lo que ignoro es si resistirá circunloquios como ése durante mucho más tiempo.

Pepe Albert de Paco es periodista

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6 Comments en “Tothom a terra”

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  1. xavier - Jueves, 20 de enero de 2011 a las 08:00

    yo si estuviera en el senado, no me pondría pinganillo, las lenguas están para entenderte, y si usted por los intereses de su comunidad no quiere hacerse entender, pues peor para usted y su comunidad, seguro luego no tendrán problema para hablar inglés ante cualquier turistas

  2. Los CIUDADANOS votaron!! - Jueves, 20 de enero de 2011 a las 11:41

    MUY BIEN PEPE:

    ERES UN DIGNO VOTANTE DE CIUDADANOS!!

    CON ESTA POLITICA-LINGÜÍSTA, QUE TRAES SEGURO QUE ENCUENTRAS UN SITIO EN LAS JUNTAS DE CIUDADANOS.

    DE VERDAD QUE NO ENCUENTRAS NADA MÁS DE QUE HABLAR, QUE DE BLA, BLA; BLA…??

    Por lo que hace el artículo, demuestra una vez más el nacional-lingüismo español de ciertos sectores minoritarios de la comunidad catalana.

  3. ciudadanos fa molta pena - Jueves, 20 de enero de 2011 a las 13:45

    Que jo sàpiga la única minoria que hi havia era la que volia prohibir als senadors parlar la llengua que vulguin.

    Quan un espanyolista perd una votació, per raons que se m’escapen, comença a parlar de «la dictadura de les minories».

    No seria més senzill, posar-se hemoal?

  4. Rubinense - Jueves, 20 de enero de 2011 a las 15:57

    Seguro que tú hablas perfectamente el vascuence, por eso no te hace falta el pinganillo, o a lo mejor es que te importa una leche lo que se diga en el senado. Lo mejor que podían hacer es cerrar el senado que nos cuesta a todos los españoles 400 millones de euros, seguro que no haría falta bajar las pensiones. Todos esos senadores chupópteros que busquen trabajo en alguna empresa como todo el mundo, o al paro, que ellos no tienen problema de mandarte a ti.

  5. ciudadanos fa molta pena - Jueves, 20 de enero de 2011 a las 23:44

    Es kara la kakatua?

  6. Quatre i el Gat - Viernes, 21 de enero de 2011 a las 04:56

    Cierto Pepe.

    Gastos innecesarios son lo que el nacionalismo sabe inventarse para reclamar dinero a Madrit, y luego traspasarlo y desviarlo sabiamente a su ámbito privado y nacionalista mas sectario.

    La comedia del pinganillo, parece un vodevil en pleno S. XXI.

    Pero, la «tontería nacionalista» cobra muy requetebién y vive de muerte como consecuencia de estas «grazietas» políticas. ¡Y así va España!.

    ¡¡REBÉLATE!!

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