Opinión
Filopolítica
‘El liderazgo político debe mezclar emociones, discurso y acción, ejecución. Si parece demostrado que los tristes no ganan elecciones, la experiencia y la historia han confirmado que los demagogos no arreglan los problemas’.
No hay opción para la reflexión. La política se ha convertido en un sprint diario en el que cada mañana nos ponen el reloj a cero. Declaraciones sin sentido, formas deplorables o crítica convertida en grosería. Pero hay otra forma de hacer política. Política en mayúsculas.
¿Qué pasaría si Zapatero, en la próxima rueda de prensa, respondiera a alguno de los periodistas con un “no lo sé” o un “estudiaré la pregunta y le responderé cuando sepa la respuesta”? ¿Qué sería de la política si sus protagonistas dieran ruedas de prensa -con preguntas, claro- solo cuando tuvieran algo que decir, algo que aportar, una solución que proponer o una iniciativa que presentar? ¿Qué pasaría si Artur Mas no volviera a un estudio de radio o plató de televisión hasta que su aparición en escena tuviera un interés objetivo?

Antoni Gutiérrez-Rubí y Victoria Camps, durante la presentación del libro 'Filopolítica' en Barcelona (foto: LVdB).
Un día cualquiera se reciben en la redacción de un modesto diario de política en Cataluña más de 50 mails con declaraciones o comunicados de distintos partidos políticos y gobiernos de distinto nivel. A eso hay que sumar las ruedas de prensa -varias por semana de cada formación política- y las entrevistas en los medios de comunicación. Llamadas por teléfono, tuiters, facebooks… ¿De verdad, hay tanto que decir, tanto que proponer, tanto que solucionar?
1. Recuperar el sentido noble de la política. Antoni Gutiérrez-Rubí plantea otra opción de hacer política. Llenar de reflexión la actividad política diaria. Reflexión, es decir, pausa, meditación y, en definitiva, ideas. Lo explica en su último libro -que se puede descargar desde su web y es altamente recomendable-, Filopolítica. Filosofía para la política, cuyo prólogo además es obra de Victoria Camps.
Se presentó el libro en Barcelona hace unos días y apenas hubo repercusión mediática, poniendo de manifiesto que su lectura es más necesaria que nunca. Gutiérrez-Rubí es asesor de comunicación y critica el exceso de palabras y de retórica en los políticos. Exige una mayor “vida interior” -que no es sinónimo de una reflexión religiosa- al líder político del futuro y que se caracterice por la renovación del lenguaje y el léxico. Hay que volver a conectar a la ciudadanía con la política.
2. Hay que preguntarse si se están haciendo bien las cosas. En Filopolítica -una buena recopilación de textos publicados en diarios y en la revista de la Fundació Rafael Campalans, del PSC- se pueden encontrar las claves teóricas que pongan las bases de una estrategia política de futuro. Hay que parar, quitarse las zapatillas de la pista de atletismo, sentarse y reflexionar. Hemos de cambiar el sprint por la maratón. Perder a corto plazo para ganar a medio y largo.
Gutiérrez-Rubí alerta de que ha desaparecido la capacidad para evaluar la respuesta correcta, necesaria y acertada. Hay que estudiar las propuestas, las preguntas, tener tiempo para pensar con calma una respuesta, la mejor. Tomar decisiones con tranquilidad. Mayor profundidad. Todo esto, o corremos el riesgo de que la política se convierta en algo irrelevante, que es la peor de las respuestas.
3. El discurso vacío es transversal. ¿Dónde está ese gran discurso? ¿Y esa reflexión que quedará marcada para la historia? ¿Dónde, la respuesta a los problemas? Responde Gutiérrez-Rubí: “La ignorancia de buena parte de la política se maquilla por el ejercicio del poder, la prepotencia ideológica y la banalidad de la mayoría de sus presencias y retóricas públicas”.
Sí, es cierto, Gutiérrez-Rubí asesoró al PSC, pero su libro no responde a una ideología. La derecha acepta postulados que eran bandera de la izquierda no hace tanto (en sanidad, en educación, en derechos civiles) y el discurso innecesario, por desgracia, es transversal. Ya no hay emociones, ni en la derecha ni en la izquierda, si bien -aunque con excepciones- los partidarios de lo primero manejan mejor el lenguaje político y los defensores de lo segundo tienen el camino más fácil para llegar al corazón de la población.
4. Es imprescindible el relato. La conexión entre el político y la ciudadanía necesita una conjunción o una complicidad. El político ha de hablar para la ciudadanía y no es esta la que debe interpretar a los dirigentes políticos del siglo XXI. Los discursos políticos deben generar ilusión, complicidades y confianza. El desprestigio es el primero de los problemas a resolver, es decir, la recuperación del sentido (valor) de las palabras. No gana (resuelve) quien más chilla.
5. Se acabaron los charlatanes. El político que quiera ser un líder no puede ser un titiritero de palabras. Hay que actuar en consecuencia. La ciudadanía detecta los problemas con el día a día, el político no puede ser el último en analizar la situación. Así, el populismo es caduco y no soluciona problemas. Es retórico. El liderazgo político debe mezclar emociones, discurso y acción, ejecución. Si parece demostrado que los tristes no ganan elecciones, la experiencia y la historia han confirmado que los demagogos no arreglan los problemas.
3 comentarios en “Filopolítica”
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Muchas gracias por tu artículo, Daniel. Muy interesante y educativo.
Los ciudadanos, para bien o para mal, buscamos ídolos, gestos, poses… Preferimos a políticos que nos muevan las pasiones y las visceras a que nos hagan pensar.
HAY QUE DERRIBAR EL SISTEMA AUTONÓMICO
VENTAJAS DEL SISTEMA ELECTORAL MAYORITARIO
En el sistema electoral proporcional, que es el que tenemos en España, los grandes partidos de ámbito nacional necesitan a pequeños partidos localistas pilotados por minorías regionalistas o separatistas que imponen su chantaje mediante la obtención de privilegios del gobierno de la Nación, a cambio del apoyo que este necesita. La representación de la mayoría del pueblo no puede gobernar, pues se ve sometida al chantaje de una minoría insignificante, localista y separatista, que la condiciona y pervierte.
El sistema mayoritario (bien sea a una o a dos vueltas) es verdaderamente democrático y más justo. Porque tiene la ventaja de que la opción más votada es la ganadora. No hay riesgos de que las minorías localistas, regionalistas o separatistas chantajeen a la mayoría ganadora para que pueda gobernar. Es un sistema mucho más democrático y conduce a la estabilidad política.
En España es preciso, según la opinión de los expertos, implantar un sistema de base mayoritaria para evitar el referido chantaje separatista y la desmembración de la Nación. Pero ningún partido tiene, hasta el presente, la intención de cambiar el sistema electoral proporcional, en el que más que la voluntad del pueblo español, mandan los intereses partidistas y las representaciones minúsculas.
Es preciso por parte de los ciudadanos sometidos a esta arbitrariedad, exigir un cambio en el sistema electoral para logra una representación verdaderamente democrática, homologable o la que tiene los países que fueron punteros en el establecimiento de la democracia, como Francia, Gran Bretaña o los Estados Unidos.