Opinión

Daños colaterales

‘Los partidos mayoritarios les han dado la espalda a los ciudadanos, no cabe olvidar que muchos de sus compañeros de partido están en los consejos de administración de esas entidades que además financian muchas de sus campañas electorales, créditos que en algunos casos han sido perdonados. Los movimientos cívicos están intentando, con gran éxito debo decir, plantar cara a esta situación pero, sin un apoyo político, es una tarea terriblemente complicada’.

Óscar Bautista
Viernes, 4 de marzo de 2011 | 10:22

Era el año 2003 cuando escuché un término militar que me dejó terriblemente turbado: “daños colaterales”. Se refería al hecho de que en un conflicto militar, aun tan quirúrgicos y limpios como dicen que son ahora, a veces no queda más remedio que asumir ciertas pérdidas civiles accidentales y es a eso a lo que llaman “daños colaterales”. Lo curioso es como intentan disminuir el número de esos “daños”, no intentando reducir las causas que llevan a la generación de conflictos armados sino que, parece, desarrollando armas más precisas.

Podemos encontrar ciertos parecidos a lo que ha acontecido en la última crisis financiera y económica que estamos sufriendo. Las entidades bancarias se lanzaron a una guerra comercial brutal ofreciendo financiación de manera masiva incluso a aquellos que claramente no podían pagarlas. Hasta les pusieron nombre: hipotecas subprime. Todo esto aceptado y avalado por múltiples gurús, analistas, supuestos expertos y, cómo no, el sector público, que encontró en el sector del ladrillo una fuente inagotable de financiación por la vía de la recaudación de impuestos y gestión del suelo.

Bankia es el último banco español en crearse, tras una fusión de cajas de ahorro, y en uno de los más potentes de Europa.

Todos sabemos cómo acabó el tema, estamos sufriendo las consecuencias de ese modelo de financiación loco y autodestructivo: hay una restricción del crédito y eso impide una mayor velocidad de la tan deseada recuperación económica, ya que disminuye la capacidad de inversión de nuestras empresas (por lo tanto no aumenta la generación de empleo) y la capacidad de consumo de los ciudadanos disminuye por lo que las empresas venden menos (con el consecuente aumento del desempleo que esto lleva asociado).

Lo sorprendente es la reacción de los entes públicos a tal situación. Se han puesto todos los medios, no para buscar un nuevo modelo de financiación que sirva al ciudadano y a las empresas, sino para salvar el modelo ya existente. Han inyectado cantidades millonarias de nuestros recursos públicos en las entidades de crédito para sanearlas y luego las han obligado a fusionarse y a convertirse en bancos, para ser más eficaces a la hora de gestionar otra crisis parecida a esta. Es decir, como ocurría en el conflicto armado, vamos a seguir disparando misiles pase lo que pase, nunca vamos a valorar otra opción y lo único que hacemos es que los misiles sean cada ven más eficaces, o al menos intentarlo.

Esto nos llevará a que nunca podremos evitar los “daños colaterales”, que en el caso de la crisis financiera son las más de 400.000 familias que en España ya han perdido su vivienda. Y no solo eso sino que en la mayoría de los casos esto no ha sido suficiente. Las subastas ya no cubren el total de la deuda y es por ello que, a pesar de acabar en la calle, siguen teniendo que pagar cantidades enormes a las entidades de crédito, que en su día tantas facilidades les dieron para endeudarse y ahora les dan pocas opciones para continuar adelante con sus vidas.

Cómo no, los partidos mayoritarios les han dado la espalda a los ciudadanos, no cabe olvidar que muchos de sus compañeros de partido están en los consejos de administración de esas entidades que además financian muchas de sus campañas electorales, créditos que en algunos casos han sido perdonados. Los movimientos cívicos están intentando, con gran éxito debo decir, plantar cara a esta situación pero, sin un apoyo político, es una tarea terriblemente complicada. Espero y deseo que lo encuentren, al menos mi apoyo, si de algo les sirve, lo tienen.

Óscar Bautista es economista y militante de UPyD

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2 Comments en “Daños colaterales”

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  1. Pau - Viernes, 4 de marzo de 2011 a las 13:31

    Interesantísimo artículo, aunque no me ha quedado clara la alternativa propuesta.

    A mi me gusta lo ocurrido en Islandia:
    http://nosinmibici.com/2011/01/23/2073/

  2. Rafael - Sábado, 5 de marzo de 2011 a las 23:50

    Después de conspitar contra el Consejo Territorialo de UPyD elegido democráticamente y machacar a C’s, las multitudes te leen. Hasta ahora un comentario. Y de casa. Quién siembra vientos, recoge tempestades.

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