Opinión

Relanzando el universalismo

‘El progreso más sorprendente se refiere a la creación de un “nuevo mandato/país”. Ciertos regímenes autoritarios, Cuba a la cabeza, creían haber enterrado estas misiones que permiten investigar sobre la situación de los Derechos Humanos en un país en particular. Sorpresa, la alianza entre tiranos está tan resquebrajada, la fractura entre chíitas y sunníes está tan viva que no ha podido impedir la creación de una nueva misión centrada en… Irán’.

Caroline Fourest
Lunes, 28 de marzo de 2011 | 09:54

A la espera de la evolución -incierta- de los acontecimientos derivados de la resolución del Consejo de Seguridad sobre Libia, es en el Consejo de los Derechos Humanos (DDHH) de las Naciones Unidas que se escribe una nueva página del universalismo. Abierto a casi todos los países, tanto los más democráticos como los más tiránicos, el Consejo de DDHH nos ha acostumbrado a los mayores excesos. Desde el episodio de Sudán felicitando a China por sus “campos de reeducación a través del trabajo” al caso de Irán tronando contra los dibujos “blasfemos” sobre Mahoma. El organismo antecesor del Consejo de Derechos Humanos [la antigua Comisión de Derechos Humanos de la ONU] pereció tras haber elegido como presidenta a una delegada del régimen libio. La reforma del organismo no resultó convicente. Algunos piensan, incluso, que lo que habría que hacer es enterrarlo sin más, o incluso suprimir la ONU.

La última sesión del Consejo de Derechos Humanos, sin embargo, ha desmentido las visiones más pesimistas. Ésta se abrió sobre una decisión histórica, votada un poco antes en sesión especial: la expulsión de Libia. Y terminó con un intercambio constructivo en materias en las que las batallas terminológicas y los choques de culturas normalmente arrasan.

Tras el asunto de las caricaturas de Mahoma, asistimos a un diálogo de sordos entre la Unión Europea y numerosos países africanos y/o musulmanes con motivo del concepto de la “difamación de religiones”. Un caballo de Troya semántico, pensado para hacer pasar toda “ofensa” al islam por racismo. La cuestión ha sido objeto de múltiples resoluciones, sobre todo a raíz de los acontecimientos de Durban 2 [II Conferencia de la ONU sobre el Racismo, celebrada en Ginebra en 2009, utilizada por el presidente de Irán para hacer propaganda antijudía], la famosa conferencia celebrada para examinar la estrategia antiracista adoptada en África del Sur [en la I Conferencia de la ONU sobre el Racismo, celebrada en Durban (Suráfrica) en 2001]. La Unión Europea se ha negado siempre a legitimar esta retórica equívoca. Su determinación ha terminado por dar sus frutos.

En esta última sesión del Consejo de DDHH, la mayor parte de los países se pusieron de acuerdo para combatir, no la “difamación de religiones”, sino “la incitación al odio y la violencia contra personas por razón de su religión o sus creencias”. Una formación que lo cambia todo. Fundamentalmente, gracias a la toma de conciencia de Pakistán. La posición del país centroasiático evolucionó a partir de los recientes asesinatos, por parte de un grupo de fanáticos, de un gobernador y un ministro partidarios de derogar la ley pakistaní sobre la blasfemia. Las muertes de ambos dirigentes hizo reaccionar al Consejo, que se compromete ahora a proteger a toda persona perseguida por su fe o por su cambio de fe. Como los cristianos en Argelia, Pakistán o Egipto…

Eso no es todo. Una simbólica declaración fue también leída. Para “poner fin a los actos de violencia y a las violaciones de los Derechos Humanos por causa de la orientación sexual o la identidad de género”. Defendida en su momento por Rama Yade [antigua secretaria de Estado de DDHH del Gobierno de Francia, entre 2007 y 2009] en nombre de Francia, la declaración no convenció más que a 66 países en 2008. En esta ocasión, el número de firmantes ha crecido hasta los 83, entre los que se encuentran varios países africanos, como la República Centroafricana, Guinea-Bissau, Ruanda, las Islas Seychelles o Sierra Leona.

Esta vez, es la persecución de homosexuales en Uganda la que ha sacudido las conciencias. Aunque no haya podido evitar ciertos comentarios odiosos, como el del delegado de Nigeria, que descalificaba la lucha contra la homofobia como contraria “a los valores de los países del grupo africano”, mientras acusaba a los países occidentales de no creer en Dios.

El progreso más sorprendente se refiere a la creación de un “nuevo mandato/país”. Ciertos regímenes autoritarios, Cuba a la cabeza, creían haber enterrado estas misiones que permiten investigar sobre la situación de los Derechos Humanos en un país en particular. Sorpresa, la alianza entre tiranos está tan resquebrajada, la fractura entre chíitas y sunníes está tan viva que no ha podido impedir la creación de una nueva misión centrada en… Irán. Prueba de que el concierto de las naciones puede cantar sólo cuando el contexto geopolítico lo permite. En otras palabras, la evolución de la intervención aérea en Libia -su brevedad o, al contrario, su eternización- tendrá un impacto decisivo sobre las próximas sesiones de la ONU. Sobre todo, sobre Durban 3, la tercera parte de la estrategia de la ONU contra el racismo, que empieza a diseñarse.

Caroline Fourest es profesora en el Instituto de Ciencias Políticas de París, Sciences-Po París, y redactora jefe de la revista feminista Pro-Choix

[Artículo publicado en Le Monde el pasado 25 de marzo. Reproducido en español con autorización de la autora. Traducción de Juan Antonio Cordero Fuertes]

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2 Comments en “Relanzando el universalismo”

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  1. Eduardo González Palomar (Manlleu -Barcelona-) - Lunes, 28 de marzo de 2011 a las 11:18

    ¡Ah de la casa!
    Acostumbro a anteponer la Razón al Sentimiento. A diferencia del nacionalista parcelario, me escudo en la Razón para salvaguardar lo que es mío: la Libertad. Mío no es el código lingüístico en el que por lo común me comunico, ni siquiera es mi patria un territorio determinado por más que haya nacido sobre él y en estos precisos momentos en él madure. Quizá por tan saludable inclinación doctrinal jamás colgó del balcón de mi casa bandera alguna, ¿y del suyo? Si alguien advierte sombra alguna de Nacionalismo en mi proceder es tanta como admite la concordancia con el mismo rigor argumental que me espolea a preferir Catalunya a la Tribu. Por consiguiente, es razonable que me sienta más español que catalán y prosiguiendo en este orden de razonamientos, más europeo que español, pero más cosmopolita que europeo. Es decir, que me tengo por lo que se da en llamar un internacionalista por antonomasia. No soy amigo de comulgar con nacionalistas al uso, mas no me duelen prendas si participamos de algún postulado. Antaño, mi abuelo materno fue recluido tres años en un campo de concentración franquista; hogaño, otros nacionalistas, desde instituciones públicas en Catalunya me conculcan derechos lingüísticos e ideológicos de modo totalitario; esto es, vulnerando el código legal vigente del que nos hemos dotado todos en Democracia. Rechazo de plano pasar de un extremo a otro; no obstante, entre mis preferencias no hallará doblar el espinazo o arar el mar. Por lo tanto, colaboro codo con codo con señalado partido político o deposito mi papeleta de voto en democrática urna aunque no comparta el ideario completo a pies juntillas. Vaya, que como me sé insignificante sólo trato de inclinar mínimamente la balanza programática de quienes nos gobiernan desde nuestras administraciones oficiales. Después de 43 años por estos parajes y algunos menos en uso de razón, aún no he tropezado con lengua o patria alguna que engendre seres humanos de sublime virtud. En último extremo, no soy individuo que ande arreglando discordancias a pedradas, conque de usted, que reside en suntuosa morada ideológica, sólo deseo apaciblemente que no me mire de través y santas pascuas.

  2. Protestante - Lunes, 28 de marzo de 2011 a las 14:50

    Me alegro de ver como avanza poco a poco la racionalidad en el mundo y como los países musulmanes no han conseguido convertir en ilegal la crítica libre a las religiones. No sólo eso sino que se va poco a poco arrinconando la intolerancia religiosa en el mundo musulmán y contra los gays en todo el mundo, al menos a nivel de la ONU.

    Poco a poco.

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