Opinión

El aula tradicional es un fósil

‘Las ideas aisladas están condenadas a desaparecer. En el intercambio, las ideas se combinan “para generar nuevas ideas”. La enseñanza tradicional fracasa a la hora de facilitar el diálogo y la comunicación’.

Roger Corcho
Jueves, 14 de abril de 2011 | 12:23

Recientemente se ha hecho pública la decisión del Gobierno autonómico de suspender el proceso de digitalización de las aulas de Cataluña. Entre las razones aducidas, la consejera de Enseñanza, Irene Rigau (CiU), ha asegurado que las tecnologías pueden entorpecer el aprendizaje de la lectura y la escritura. Es una acusación grave que extiende un halo de sospecha sobre la utilidad real de la tecnología aplicada a la educación. Se trata, además, de una opinión ampliamente extendida, por lo que merece la pena analizarla.

Entrar en un aula constituye para muchos alumnos un auténtico viaje en el tiempo. Nada más cruzar el umbral de la puerta de la clase, los alumnos tienen que dejar atrás sus SMS o sus podcast y sumergirse en un contexto tecnológico que fue revolucionario dos siglos atrás. La pizarra de tiza, las mesas de madera, los libros de papel, son instrumentos educativos que han demostrado su eficacia a lo largo de muchas generaciones. Sin embargo, en la actualidad no son más que residuos de una sociedad ya periclitada, auténticos fósiles que deberían recibir el tratamiento de piezas de museo, en vez de seguir considerándose como las herramientas capaces de preparar a las nuevas generaciones de estudiantes para el futuro.

Una pizarra, junto a la mesa del profesor, y enfrentada a las mesas y sillas de los alumnos: este es el esquema clásico del aula, y que se repite a lo largo y ancho del mundo. Se trata de una forma efectiva de transmitir los conocimientos, y lo seguirá siendo en el futuro. Pero esta disposición física del mobiliario puede contribuir a ocultar un error y una falsedad y, además, supone una limitación.

En primer lugar, el aula tradicional parece apoyarse en la creencia de que la única fuente de información procede del profesor. Incluso los niños de infantil ya saben usar Google para buscar toda clase de información sobre Bob Esponja o Van Gogh. Los alumnos tienen acceso a la información que desean, y es ridículo que este inmenso potencial informativo no se ponga al servicio de la educación. El profesor no puede ser la fuente exclusiva de conocimiento en el aula.

La falsedad se refiere a la concepción educativa que se esconde tras este modelo. El esquema es simple: el profesor está colmado de sabiduría y el proceso de aprendizaje consiste en verter sus conocimientos sobre esas vasijas vacías que constituyen los cerebros estudiantiles. A continuación, el profesor inspecciona en qué medida el conocimiento ha quedado atrapado en la mente del estudiante, o bien ha pasado sin pena ni gloria por las jóvenes cabezas. La mente humana no funciona así porque los niños llegan al aula con unos preconceptos que el profesor tiene que reconocer y combatir, para dar cabida a las ideas sistemáticas procedentes de los distintos campos de la ciencia. Muchos alumnos acaban la educación obligatoria sin haber comprendido nociones básicas como las referentes a la fuerza de gravedad debido a que nadie les obligó a replantearse unas ideas adquiridas durante la infancia. Al igual que un periodista tiene la obligación de reflexionar sobre su actividad -tal como nos recuerda de tanto en tanto el periodista Arcadi Espada-, un profesor no puede conformarse con dominar las asignaturas que enseña, ni limitarse exclusivamente a transmitir ciegamente esa información, sino que tiene la obligación de plantearse cuestiones metodológicas en cuanto al proceso de enseñanza y aprendizaje, y cómo lograr que este proceso sea lo más exitoso posible.

El tercer aspecto se refiere a la limitación e incapacidad del aula tradicional para preparar a los alumnos para la sociedad que estamos contribuyendo a construir. Hace poco se hizo pública una imagen creada a partir de las relaciones de amistad entre los usuarios de Facebook. Del conjunto de relaciones emergía una bella imagen en la que se acababa dibujando parcialmente todo el planeta Tierra. La tecnología está contribuyendo a crear una sociedad basada en relaciones y vínculos. Es la prueba definitiva de que la vieja creencia según la cual la tecnología era alineante y aislaba a los individuos del resto de la sociedad era un mito. Ocurre justamente al revés, la tecnología crea cauces de comunicación, permite la interacción y favorece el diálogo.

La comunicación está al servicio del progreso. Así lo cree Matt Ridley, un conocido zoólogo y periodista científico que en una entrevista reciente ha asegurado:

“Cuanto más prosperamos, más podemos prosperar y cuanto más conocimiento compartimos, más conocimiento podemos generar. Si el que inventó las vías y el que inventó la locomotora no se hubieran encontrado, quizá ahora no habría trenes”.

Las ideas aisladas están condenadas a desaparecer. En el intercambio, las ideas se combinan “para generar nuevas ideas”. La enseñanza tradicional fracasa a la hora de facilitar el diálogo y la comunicación. Tal como señaló irónicamente el físico Jorge Wagensberg en una sesión que dedicó el Senado a la educación en 2009: “La palabra silencio se inventó en la escuela”. Wagensberg expresaba de esta manera el escándalo que supone que en un aula, donde convive un grupo de personas con el fin de aprender valores y conocimientos, no existen los medios que permitan el diálogo y la conversación. La frustración y el fracaso del profesor se expresa cuando reclama silencio por carecer de otros recursos y alternativas. ¿Por qué no aprovechamos en beneficio de la educación la predilección que sienten los jóvenes por las tecnologías? ¿Por qué no usamos las tecnologías para facilitar la comunicación y la transmisión de información? El aula tendría que ser el reflejo de una sociedad que se apoya en la conversación y la comunicación para progresar. Y sin tecnología, las posibilidades de comunicación se reducen dramáticamente hasta la unidireccionalidad.

El fin de la educación consiste, como afirma el psicólogo evolutivo Steven Pinker, en “proveer a los estudiantes con nuevas herramientas intelectuales para comprender el mundo”. La tecnología puede hacer realidad este objetivo, y constituir la gran oportunidad para crear ese ambiente propicio y estimulante con el que uno piensa al soñar con el aula ideal.

Roger Corcho es colaborador de Tercera Cultura

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11 comentarios en “El aula tradicional es un fósil”

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  1. Joan - Jueves, 14 de abril de 2011 a las 13:52

    No puede haber intercambio, diálogo, ni comunicación, si no hay ideas ni conocimiento previo. La idea de que el conocimiento se puede generar a partir del puro movimiento, la acción y el roce, sí que es un fósil. Un fósil dañino e infeccioso, añadiría yo…

  2. Álvaro - Jueves, 14 de abril de 2011 a las 14:40

    Totalmente de acuerdo con Joan. Para poder dialogar y tener algo que aportar a ese diálogo, primero hay que hincar los codos y estudiar. No todo puede ser twitear. Precisamente porque fuera del aula están hociqueando continuamente en internet, al menos en el aula que hagan algo diferente de lo que suelen, como aprender a leer y escribir correctamente (sí, qué carca soy).

  3. NO_SE NO_SE - Jueves, 14 de abril de 2011 a las 15:39

    Mucha gente se lanza a hablar de como dar clase, impartiendo conocimientos, y nunca ha estado de profesor delante de 30 alumnos de ESO o 40 de Bachillerato que no cumplen el mínimo de leer el dia anterior de lo que se va a explicar el dia siguiente.

  4. Romualdo - Jueves, 14 de abril de 2011 a las 15:59

    Yo desde que me enteré que los que diseñan la pedagogía y la educación para Primaria, ESO y Bachillerato no han pisado un aula no me creo nada.

    Si este señor trabaja con alumnos de esos niveles de acuerdo probemos con su sugerencia. Si no, su opinión no vale nada o vale, como siempre para determinados alumnos que son los que casi ni necesitan al profesor para aprender. A esos todo les motiva a los otros nada. Las nuevas tecnologías para cualquier cosa menos para aprender. Eso, al menos, dicen los profesores.

  5. Sánchez Alcalá - Jueves, 14 de abril de 2011 a las 16:26

    Las aulas y la mentalidad de algunos profesores no ha cambiado en los últimos doscientos años. Está claro que sustituir la pizarra de tiza por la pantalla digital no es la solución, pero sí puede ayudar a dotar de instrumentos al alumnado para la búsqueda y procesamiento de la información. Por otro lado, es fundamental acabar con el corporativismo que esconde a profesores inadaptados a los nuevos tiempos, o directamente a los jetas.

  6. esceptico - Jueves, 14 de abril de 2011 a las 17:12

    El artículo está planteado desde premisas contrapuestas. Pero un método no invalida al otro, sino que se pueden complementar. Como ha ocurrido siempre que se ha incorporado algún elemento tecnológico nuevo en el proceso de la transmisión de conocimientos el tiempo pone a cada uno en su lugar, en aquellas actividades en las que realmente es útil.
    Los nuevos medios TIC son útiles para el acceso y consulta de más información; pero por si mismos no garantizan el aprendizaje.
    En la actualidad es más factible el ideal del aprendizaje a distancia mediante ordenador; pero aún así un % de alumnado requiere de la ayuda del profesor. Y esto último es más antiguo todavía que el aula (maestros griegos). Así que según el proceso mental del articulista se debería desestimar el uso del profesor en el proceso del aprendizaje, pues es algo muy antiguo y obsoleto.
    NO todo es blanco o negro, también hay grises por medio.

  7. Juan Pérez - Jueves, 14 de abril de 2011 a las 20:30

    Si el modo de razonar de este articulista lo ha fundado en su práctica cibernética, es el ejemplo más elocuente de lo dañinas que pueden ser, mal usadas, las nuevas tecnologías. No desdeño las tics, y hay programas, como el SpciyNodes para hacer mapas conceptuales que me parecen muy útiles; pero este buen señor ha de saber que las dos herramientas más revolucionarias que tengo a mi alcance son los textos impresos, el papel y el lápiz. Fíjese con qué poco desembolso soy capaz, como profesor, de enseñar a mis alumnos a leer, a pensar y a escribir de una forma solvente, y, en algunos casos, aun con estilo. Lo que es ya dato de la realidad incontrovertible es que el famoso 1X1 está creando uan generación de ludópatas y pantalladictos a quienes cuando se les intenta apartar, siquiera brevemente, de su adicción responden con una violencia propia del “mono”.

  8. Jose Orgulloso - Viernes, 15 de abril de 2011 a las 19:29

    Me parece que, si he entendido bien, lo que nos está diciendo este Señor es que nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros bisabuelos y así hasta Adán y Eva, no aprendieron más porque no tuvieron un ordenador delante y los pobres estudiaron con cosas tan antiguas como una pizarra, una tiza y, con un poco de suerte, algún que otro libro.

    Seguramente la suerte de nuestros ancestros es que, además de estos instrumentos antediluvianos, también contaron con la colaboración y la entrega absoluta de unos grandísimos profesionales de la educación: unos maestros de verdad. Y no quiero ponerme a hacer comparaciones.

  9. Eduardo González Palomar (Manlleu -Barcelona-) - Sábado, 16 de abril de 2011 a las 10:31

    El discurso de política educativa en Catalunya ha pasado del paradigma del portátil y la pizarra táctil a la tarima y el uniforme escolar.

  10. Carmen - Sábado, 16 de abril de 2011 a las 11:48

    Como dice alguien más arriba, no hay blancos ni negros sinó grises. Los jóvenes de hoy usan las nuevas tecnologías para su diversión y entretenimiento. Y es normal!, se pasan horas solos con padres enfrascados en trabajar 12 horas diarias para pagar hipotecas, sin tiempo para invertir en la construcción de sus hijos.
    Podemos aprovechar el atractivo que tienen estos medios para ellos y utilizarlos a nuestro favor para construír entornos de enseñanza más divertidos. No sé si conoceis la consola Nintendo DS. Os aseguro que yo prefiero hacer ejercicios con el Brain Training en la consola que hacer los mismos ejercicios en una hoja de papel. ¿Que no harán los niños?
    Claro que por si solas las tecnologías no bastan. Es necesario inculcar en los niños el sosiego de la lectura comprensiva, los debates presenciales, el razonamiento, las redacciones de sus opiniones (sean en OpenOffice o con lapiz y papel) y principalmente inculcar responsabilidad y respeto por su trabajo y el de los demás para acabar así con el terrorífico CORTA Y PEGA. Esto es imposible sin la figura de un profesor/a tolerante, abierto a sus espectativas y necesidades y conocedor de su realidad. Alguien así logrará un balanceo entre tecnologías y medios tradicionales.
    Os voy a contar una anécdota: mi hemano es mecánico y un dia nos dijo a mi padre y a mi que se iba a arreglar un barco a Marsella. Yo le pregunté a mi hermano en que costa francesa estaba Marsella, en la mediterránea o atlántica. Al momento respondió mi padre (tiene 86 años) que estaba en la mediterránea. Yo me quedé sorprendida de que mi padre supiera eso. Nos explicó que cuando era pequeño, su maestro les sacó al campo que rodeaba el colegio y les hizo dibujar con piedras el mapa de Europa. En este mapa les mandó localizar los puertos de mercancías más importantes. Mi padre nunca los olvidó. Este hecho confirma que el aprendizaje significativo es el más importante. Y para los niños de ahora las herramientas 2.0 son muy significativas. Solo tenemos que ser listos y adaptarlas.
    A las queridas administraciones habría que decirles que hay que mimar, animar y formar de froma decente a los profesores.
    Como siempre, lo peor es empezar. Después ya va todo rodando a su ritmo…

  11. joana - Domingo, 24 de abril de 2011 a las 12:32

    Lo que me sorprende, y a la vez me indigna, es que cualquier persona ajena a esta profesión se atreva a dar consejos de cómo tiene que hacer su trabajo un profesional de la enseñanza. Es tan ridículo como si los docentes quisieran dar lecciones a los peluqueros de cómo tienen que peinar o a las médicos sobre qué tienen que recetar.

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