Opinión

Elogio del trabajo

‘Por favor, ideólogos, pensadores, políticos, filósofos, moralistas, pongan al trabajo y a los trabajadores al principio de sus preocupaciones. Y explíquense bien. De lo contrario, ¿por qué vamos a ser cómplices de un marco jurídico que nos hace la vida más difícil?’.

Olegario Ortega
Domingo, 1 de mayo de 2011 | 11:36

Aquellos que somos de origen y realidad humildes hemos sido moldeados para mirar hacia el suelo. Al mismo tiempo, desde pequeños, hemos descubierto que a otros los han conformado para mirar de frente. Nuestra condición nos hace aprender pronto quiénes son unos y quiénes otros, quiénes contratan y quiénes son contratados, quiénes mandan y quiénes deben obedecer, quiénes tienen que pedir y quiénes pueden conceder, quiénes pueden expresarse con libertad y quiénes tienen que medir sus palabras, quiénes pueden ser insolentes y quiénes deben ser sumisos.

Estas reflexiones surgen de las vivencias de mi infancia. Creo que muchísimas personas procedentes del mundo rural y de una edad madura las pueden compartir. No obstante, otras realidades del industrialismo en tiempos duros podían tener un paisaje diferente, pero las reglas de entendimiento eran las mismas. No había demasiada diferencia entre trabajar en una colonia textil, una metalurgia, una fábrica de bicicletas o una cementera, en la que el amo era una figura inaccesible y normalmente temida, que transmitía órdenes y deseos a través de jefes y encargados, o hacerlo sirviendo en un cortijo, donde el terrateniente mandaba a través de mayorales, capataces y manijeros.

Estamos en otros tiempos, dirán los que lean. Es cierto, al menos para los que poblamos el llamado mundo desarrollado. Desgraciadamente, los avances han sido escasos si atendemos a las condiciones de la mayor parte de la humanidad.

La fiesta del trabajo debe ser ocasión para aprender a mirar de frente y para ser solidarios con los que no sólo deben mirar al suelo, sino agradecer poder hacerlo, por tener un empleo que garantice el sustento, aunque sea precario. No estoy exagerando ni haciendo demagogia; hablemos de factorías, plantaciones, conserveras, talleres, maquilas, invernaderos y otros engendros de la producción globalizada, ubicadas en lugares donde las estructuras del Estado sirven a los empleadores en sus manejos para explotar, someter, represaliar, perseguir o aniquilar a los que se rebelan.

Desde nuestra condición de trabajadores debemos aprender a mirar a la cara y no a los pies del interlocutor. No nos avergüenza pertenecer al mundo del trabajo, sabemos que la mejor contribución a la sociedad es el trabajo. De hecho creemos que el trabajo es la única fuente de legitimidad social; trabajar en la medida en que se puede.

Las casas que nos guarecen se deben al trabajo de albañiles; los alimentos que nos sostienen son trabajo duro de gentes en precario; nuestros vestidos vienen de mano de obra silenciosa y mal pagada; nuestra salud aguanta gracias a trabajadores sanitarios; nuestras tumbas las cavan sepultureros, etc., el trabajo es la cultura que transforma la realidad; la sociedad es posible gracias al trabajo.

Lo que debemos tener muy presente es que otros se mueven en el intento permanente de obtener otras vías de legitimidad. Incluso de atrincherarse en ellas formulándolas en términos grandilocuentes, épicos, sublimes. Siempre es lo mismo; se trata de tener un plus de ventaja implícito en la condición, sin que tenga que ver con el esfuerzo o la aportación personal al colectivo social

Unas han pasado a la historia: “Pertenezco a la nobleza”, “soy caballero”, “mi sangre es azul”, “es privilegio real”, “se remonta a una bula papal”, “es por la gracia de Dios”, “pertenezco a la familia abolengo”, “mis ancestros lucharon por esta tierra”, “por algo ganamos una guerra” o “es derecho de conquista”. Otras, tristemente, son de plena actualidad, están en boga, las oímos día sí, día también: “Vivo aquí desde siempre”, “ésta es mi tierra”, “cada uno tiene sus apellidos”, “es derecho de sangre”, “es derecho de suelo”, “son derechos históricos”, “son los derechos de mi pueblo”, “esos son de fuera”, “se trata de sin papeles”, “no son de aquí” o “que se vuelvan a su tierra” *.

Todo esto, si tenemos conciencia de trabajadores, nos debe sonar a ridículo y a impostura. No hay derechos gratuitos, hay que ganarlos día a día. El axioma básico del derecho: “Te doy para que me des”, implica conducta, reglas recíprocas, al menos dos sujetos, y tiempo presente.

Quizá por eso nos gusta tanto lo de “la tierra para quien la trabaja”, y ni siquiera decimos la tierra para quien la trabajó, por eso nos sentimos eternos inmigrantes, novísimos recién llegados. Por eso nos duelen las pateras, por eso nos atemorizan las patrias y nos aterran los patriotas, por eso nos ofende que se dediquen tantas energías a falsos problemas existenciales.

Por favor, ideólogos, pensadores, políticos, filósofos, moralistas, pongan al trabajo y a los trabajadores al principio de sus preocupaciones. Y explíquense bien. De lo contrario, ¿por qué vamos a ser cómplices de un marco jurídico que nos hace la vida más difícil?

Hagan pedagogía positiva, no alimenten la fascistización popular de las gentes trabajadoras, invitándoles a exigir a un camarero o a una sirvienta que se expresen en catalán en lugar de fomentar que se interesen por la persona, por su lugar de origen, por cómo ha llegado hasta aquí, por cómo de fragmentada ha quedado su familia, qué seguridad tiene en su trabajo, cuántos metros cuadrados le dejan para vivir, cuántas horas tiene que trabajar, cuándo dispondrá de un mínimo de seguridad jurídica, etc.; es muy peligrosa esa dinámica.

Olegario Ortega es vicepresidente de Ágora Socialista

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13 Comments en “Elogio del trabajo”

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  1. Angel - Domingo, 1 de mayo de 2011 a las 12:16

    Olegario Ortega,das en la diana con tu comentario.La primera responsabilidad de quien administra el Estado,es poner todos los medios para fomentar el trabajo.El trabajo es tan fundamental para la prosperidad de una sociedad,como fundamental es disponer de buena salud para poder hacer proyectos.Salud,trabajo,enseñanza y justicia,son los pilares fundamenales.

    La España de las Autonomias es un fracaso porque se fomenta lo contrario.Se esta fomentando las oligarquias tipo feudales en las 17 taifas que se ha dividido el Estado.Unos se creen los propietarios y viven sin trabajar con el dinero del esfuerzo de la mayoria,creando parasitos con las subvenciones y esto produce problemas sociales y economicos.

    El Estado de las Autonomias es un estado de funcionarios y no lo que debiera ser un Estado de empresarios.

  2. Antonio - Domingo, 1 de mayo de 2011 a las 12:44

    Una reflexión digna en mitad de tanta demagogia. Sólo los que muerden el polvo pueden sentir en sus carnes la verdad de fondo de la vida. A veces perdemos el sentido y los límites de las cosas, de las cosas de verdad importantes, como las expuestas por Olegario.

  3. ciudadanosfamoltapena - Domingo, 1 de mayo de 2011 a las 13:42

    Els espanyolers més extremistes pensen que poden insultar-nos sense que això tingui conseqüencie als resultats electorals.

    Cada cop que un espanyol ens digui que demanar un “cafè amb llet” en un bar és ser feixista és important donar-li publicitat. Perque quedi clar que l’odi i el despreci d’aquesta gent no es va calmar amb els 40 anys de prohibició.

  4. Escarlata - Domingo, 1 de mayo de 2011 a las 15:33

    ciudadanosfamoltapena:

    L’altre día vaig ser al Restaurant Alt Heildeberg ( No sé pas com encara no l’han multat per no possar “Vell Hilldebergt”) , no saps pas com hem va baixar el sou de cap de mes i les meves necesitats primàrias, cuan li vaig dir a un cambrer: Ich will ein Kofee mit milch.

    Encara no m’he reposat i un pobre home que hi era recullint escombreríes alimentícies d’un container ( Uhmm, altre paraula masa perillosa perque es d’oríen anglosaxó) en va comprende moltíiissim, perque comprenía que menjar no era pas gaire important.

  5. Juanc - Domingo, 1 de mayo de 2011 a las 15:51

    A muchos nos gustaría que los argumentos de Olegario los usaran los sindicatos y sus dirigentes.
    El colmo del surealismo y del no saber cual es su lugar, es la sede de la UGT en Barcelona, donde en su fachada tiene una pancarta que dice “Som una nació”….

  6. Angel - Domingo, 1 de mayo de 2011 a las 16:55

    Juanc

    La UGT es una institucion mas que tenemos en Cataluña que esta participando a favor del regimen nacionalista por las subvenciones.UGT me recuerda al sindicato franquista,en version ahora nacionalista regional.

  7. Ciudadanista - Domingo, 1 de mayo de 2011 a las 17:41

    Mi experiencia como trabajador me ha enseñado que los buenos empresarios no miran desde arriba al que hace el trabajo, saben que la motivación psicológica es tan importante como la monetaria para que los empleados se integren y se esmeren en su labor. En esas empresas los trabajadores se sienten como ciudadanos de las mismas y, a pesar de los organigramas, hay mucha más libertad, igualdad y solidaridad que en las viejas empresas. El mundo ha cambiado, ha pasado ya el tiempo de los totalitarismos, incluidos los laborales. Y también los de los nacionalismos de las identidades colectivas; no importa si se pide un café en catalán, español o alemán, lo que cuenta es el respeto a las personas y la buena comunicación entre las mismas mediante el lenguaje.

  8. John - Domingo, 1 de mayo de 2011 a las 18:06

    «Castilla educa en castellano y no es una imposición. Apliquemos el mismo razonamiento al resto si las lenguas son iguales. Lo que es una imposición es el castellano en Catalunya, como lo sería el catalán en Castilla. Ningún catalán pretende eso.»

    Juan Carlos Moreno Cabrera, catedrático de Lingüística de la Universidad Autónoma de Madrid
    http://m.publico.es/230651

  9. John - Domingo, 1 de mayo de 2011 a las 18:10

    “Castilla educa en castellano y no es una imposición. Apliquemos el mismo razonamiento al resto si las lenguas son iguales. Lo que es una imposición es el castellano en Catalunya, como lo sería el catalán en Castilla. Ningún catalán pretende eso.”

    Juan Carlos Moreno Cabrera, catedrático de Lingüística de la Universidad Autónoma de Madrid
    http://m.publico.es/230651

  10. Romualdo - Domingo, 1 de mayo de 2011 a las 21:29

    John:

    Juan Carlos Moreno Cabrera habla de lenguas pero no de Derecho. Es filólogo y por eso argumenta así.

    Ese argumento no se sostiene porque en Castilla no se habla catalán y en Cataluña la totalidad de las personas son castellanohablantes. No obstante en Madrid han ofertado enseñanza en catalán y no se han cubierto las plazas.

    Moreno Cabrera habla para convencidos, sobre todo convencidos políticamente.

  11. jomateix - Domingo, 1 de mayo de 2011 a las 22:38

    Escarlata: i es clar… el català s’hauria de dir aragonés i l’aragonés… català…

  12. Romualdo - Domingo, 1 de mayo de 2011 a las 22:58

    A ver si cunde el ejemplo de este señor y cada vez oímos más voces dentro de la izquierds en este sentido. Es necesario que la izquierda hable alto y claro sobre estas cuestiones y que se plante ante el nacionalismo.

  13. Juanjo - Lunes, 2 de mayo de 2011 a las 08:32

    @jomateix,

    Contestas a Escarlata y le dices: ” i es clar… el català s’hauria de dir aragonés i l’aragonés… català…

    I per què?

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