Opinión

La Europa sin corazón

‘Europa, que ha encontrado la forma de reducir los stocks agrícolas excedentarios, no puede quedarse sin ideas a la hora de evitar reducir el número de comidas distribuidas. Desde luego, no en un momento como el actual, en el que el número de europeos que pasan hambre no cesa de aumentar (entre un 10% y un 25%, según las asociaciones)’.

Caroline Fourest
Viernes, 30 de septiembre de 2011 | 13:27

Hay símbolos que la Unión Europea no puede permitirse. La reducción drástica del Programa Europeo de Ayuda Alimentaria a los Desfavorecidos (PEAD) es uno de ellos.

Nada ilustra con mayor precisión el sentido de Europa que este mecanismo de solidaridad concebido tras el terrible invierno de 1986-1987. Un año antes, el humorista Coluche lanzaba su iniciativa de ‘Restos du Coeur’ [‘Restaurantes del corazón’] a partir de la idea de que “cuando hay excedentes de comida que van a tirarse para mantener los precios de mercado, podrían recuperarse e intentar hacer un gran restaurante para dar de comer a todos los que tienen hambre“.

La observación dio en el clavo. Quedaba sacar estos stocks de la contabilidad de los mercados. Es lo que hizo la Unión Europea, que actuó redistribuyéndolos a asociaciones caritativas como los Restos du Coeur, el Socorro Popular francés o Acción contra el Hambre [También la Fundació Banc dels Aliments, en Barcelona]. Tres años más tarde de la fundación del Programa, y gracias a una mejor coordinación europea y de una reforma de la Política Agraria Común (PAC), los excedentes ya no existen. Pero la Unión no renunció por ello a seguir acudiendo en ayuda de los más desfavorecidos; decidió sustituir los excedentes por una cobertura presupuestaria: el 1% de la PAC, cerca de 500 millones de euros. Menos de 1 euro por ciudadano europeo… pero suficiente para alimentar a más de 13 millones de personas en dificultades.

Era el tiempo de la solidaridad. El logo de la Unión Europea, sus siglas y sus estrellas doraban su blasón al decorar los cartones de las asociaciones caritativas. Eso era antes de la crisis y de la vuelta de los egoísmos.

Un símbolo

En 2008, año maldito, Alemania decidió hacer de jurista puntilloso y plantear un recurso contra el Programa. Fue apoyada en el intento por Suecia, sometida a una fuerte presión por parte de su extrema derecha. El matrimonio entre rigor y repliegue va camino de romper el impulso europeo. El Derecho está de su lado. El Tribunal de Justicia de la Unión Europa da la razón a los recurrentes. La Comisión Europea se retira y renuncia a recurrir la decisión. El entierro estaba previsto para el 21 de septiembre. Se espera que los ministros de Agricultura [Medio Ambiente, Rural y Marino en España], reunidos en Bruselas, tomen nota. En lugar de los 500 millones de euros previstos, las asociaciones iban a recibir unos 113 millones en 2012. 130 millones de comidas menos, únicamente en Francia. Sólo faltaba votar, pero no. Coluche ha muerto, pero la solidaridad todavía no.

Las ONGs dieron la señal de alerta, y el ministro francés, Bruno Le Maire, obtuvo un aplazamiento de la decisión. El tiempo necesario para convencer a uno de los seis países refractarios (Alemania, Reino Unidos, Holanda, República Checa, Dinamarca y Suecia) para imaginar otras soluciones o hacer ahorros en otro sitio. Algo a lo que son favorables el 85% de los diputados europeos, además de 19 Estados miembros.

Si esta ayuda no puede obtenerse ya de la política agrícola, ¿por qué no mantenerla en nombre de lo social? Si la agricultura, ya muy frágil, no da más de sí, ¿por qué no poner en pie un mecanismo europeo de redistribución de los excedentes que se tiran en los supermercados?

Europa, que ha encontrado la forma de reducir los stocks agrícolas excedentarios, no puede quedarse sin ideas a la hora de evitar reducir el número de comidas distribuidas. Desde luego, no en un momento como el actual, en el que el número de europeos que pasan hambre no cesa de aumentar (entre un 10% y un 25%, según las asociaciones).

Mañana, es posible que la Unión Europea deba recapitalizar los bancos. ¿Qué se dirá entonces? Se dirá que hay dinero para los bancos, pero no para los pobres. Y el argumento será malintencionado, porque la parálisis del crédito implica más quiebras y por tanto, más pobres. Será el argumento blandido por los populismos egoístas que precisamente hacen presión sobre sus gobiernos para que no se dé más a los que menos tienen. Pero todo el mundo lo habrá olvidado. Al revés de lo que ocurrirá con la reducción del Programa Europeo de Ayuda Alimentaria si finalmente se concreta, símbolo terrible de una Europa sin imaginación para alimentar a aquellos a los que la parálisis política y la finanza desregulada han dejado hambrientos. Queda un mes para evitarlo.

Caroline Fourest es profesora en el Instituto de Ciencias Políticas de París, Sciences-Po París, y redactora jefe de la revista feminista Pro-Choix

[Artículo publicado en Le Monde el pasado 23 de septiembre. Reproducido en español con autorización de la autora. Traducción de Juan Antonio Cordero Fuertes]

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1 comentario en “La Europa sin corazón”

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  1. AFOR - Viernes, 30 de septiembre de 2011 a las 13:56

    Un gran artículo para una sociedad que necesita más que nunca de la solidaridad y menos que nunca del laissez-faire de los mercados.

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