Opinión
Síntomas húngaros para la reflexión
‘La moraleja de todo esto es que los húngaros pierden cada día alguna de sus libertades públicas, pero siguen dependiendo del Fondo Monetario Internacional y de la Unión Europea para sus finanzas’.
El Gobierno húngaro parece acumular todos los rasgos, por no decir todas las taras, del impasse nacionalista contemporáneo. Viktor Orban y su partido [Fidesz-Unión Cívica Húngara, FIDESZ-Magyar Polgári Szövetség en húngaro] fueron elegidos en 2010, gracias a un discurso que denunciaba los “diktats de Bruselas” y prometía un Estado fuerte, patriotismo económico y restablecer y reforzar la identidad húngara y católica del país. La primera, respecto a los gitanos. La segunda, para pasar página del pasado comunista.
Cerca de dos años después de su elección, el resultado no es agradable a la vista. Bajo la apariencia de un Estado fuerte, los húngaros se acercan a un Estado autoritario. La toma de control del país se parece a un semigolpe de Estado: una Constitución liberticida (con numerosas novedades que nunca fueron evocadas durante la campaña electoral) votada en tiempo récord gracias al sistema de voto de artículos en ráfagas. La República de Hungría ha muerto, ha llegado la era de una Hungría a secas, situada bajo la bendición de Dios y al amparo de una Constitución retrógrada, que en particular prohíbe el derecho al aborto, el matrimonio entre homosexuales y persigue a los sin techo.
En lo relativo a la identidad, como es habitual, Orban se apoya en la religión y en las heridas de la historia. En un país marcado por las derrotas, nada mejor que un discurso nostálgico sobre la Gran Hungría, católica e imperial, para dar la impresión de recuperar la soberbia en un contexto dominado por la globalización.
Va, pues, por la Gran Hungría y la revisión del Tratado de Trianon firmado en 1920, que es para Hungría lo que el Tratado de Versalles fue para Alemania. En nombre del derecho de los pueblos a disponer de sí mismos, Austria-Hungría fue desmantelada y Hungría perdió un 60% del territorio que entonces ocupaba, en beneficio de nuevas naciones. Un verdadero trauma explotado por los nacionalistas.
El credo estuvo reservado durante mucho tiempo al Jobbik [Movimiento por una Hungría Mejor, Jobbik Magyarországért Mozgalom en su denominación completa en húngaro], un partido de extrema derecha violentamente antisemita y antigitano. Bajo los efectos del actual proceso de derechización de la política húngara, se ha convertido también en el credo del partido conservador (Fidesz) de Viktor Orban, que pesca en los mismos caladeros de voto. Con éxito, a falta de opositores creíbles. A causa de la ocupación soviética, la izquierda húngara es liberal en lo económico. Es también europeísta y proamericana. La derecha húngara, por su parte, denuncia los “diktats de Bruselas”, sinónimo de ajustes, y por tanto de dolor.
En otras palabras, con la crisis, la oposición tiene dificultades para coger aire, pero el malestar va en aumento. El discurso del orgullo nacional reencontrado, falsamente antiliberal, se ha revelado sobre todo liberticida y adherido a una política fiscal injusta, que favorece a los más ricos sin permitir reflotar la economía del país. Para mantener la ilusión durante algo más de tiempo, Orban podría prometer arreglarlo todo con un golpe de varita mágica, saliendo del euro. Pero ah, Hungría no forma parte del euro. Su moneda, el florín húngaro, se deprecia, y los capitales huyen del país. Sin que la competitividad pueda recuperarse.
La moraleja de todo esto es que los húngaros pierden cada día alguna de sus libertades públicas, pero siguen dependiendo del Fondo Monetario Internacional y de la Unión Europea para sus finanzas. Lo que ilustra con claridad a dónde conduce la ilusión nacionalista: a sufrir los inconvenientes de Europa sin beneficiarse de sus ventajas. Para reflexionar.
Caroline Fourest es profesora en el Instituto de Ciencias Políticas de París, Sciences-Po París, y redactora jefe de la revista feminista Pro-Choix
[Artículo publicado en Le Monde el pasado 6 de enero. Reproducido en español con autorización de la autora. Traducción de Juan Antonio Cordero Fuertes]
3 comentarios en “Síntomas húngaros para la reflexión”
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Lo mismo pasa en Cataluña en que con leyecitas autonómicas hurtan derechos constitucionales en esta región para remarcar sus hechos diferenciales mitológicos, como demuestra la verdadera historia:
Respuesta a:
A margarito olivares estima europa – Domingo, 8 de enero de 2012 a las 15:09
Rectificar es de sabios y el Historiador Marcelo Capdeferro ya lo hizo cuando se dio cuenta, unos años al haber escrito:
Historia de Cataluña·, para despues ver el error de los mitos y escribir sobre la verdadera Historia de Cataluña:
“La Otra Historia de Cataluña””…Es la verdadera al menos la que más gente lee y no una pequeña parte del sector catalanista que está bendecida por sus mitos, pero que no dejan de ser mitos.
Para Ver y comentar:
http://russafi.blogspot.com/2010/06....una-i.html
http://www.amazon.com/Historia-Cata....8470024264
Esto tiene doble valor pues es un autor que conoce las dos historias: la errónea y la rectificada por el mismo. Es un autor catalán y creo que ya ha fallecido hace unos diez años.
Cierzo
Lo que deja claro es que el irredentismo en la Unión Europea, aun partiendo de un Estado-nación consolidado es un imposible romántico y extemporáneo, ya planteado desde una región, sea Cataluña (Países Catalanes), País Vasco (Euskal Herria) o Laponia ( Sápmi), y sea sobre otras regiones del mismo Estado-nación o de uno vecino son ya delirantes.
Es lo que hay.
Lo de Hungria debería hacernos reflexionar sobre los peligros que acechan a la democracia en Europa, entre los que el nacionalismo no es uno menor.