Sindicato nacional

01.02.2012 | 10:40
 

Pintada en las calles de Valencia (foto: CNT).

‘Un sindicato es una organización integrada por trabajadores en defensa y promoción de sus intereses sociales, económicos y profesionales relacionados con su actividad laboral, respecto al centro de producción (fábrica, taller, empresa) o al empleador con el que están relacionados contractualmente (…) Desde los comienzos mismos en que el trabajo comenzó a organizarse en el Siglo XIX, los trabajadores consideraron que la organización internacional era un componente indispensable, del sindicalismo. La famosa convocatoria de Marx y Engels, “trabajadores del mundo, uníos”, y la creación de la Asociación Internacional de Trabajadores en 1864, dan cuenta del sentimiento “internacionalista” y de la importancia que la “solidaridad internacional” han tenido desde los primeros momentos en que el trabajo comenzara a organizarse’ (fuente: Wikipedia).

Y es que el movimiento obrero, en su acepción más genuina, debe combatir los intentos de desmembración de éste, procurando la máxima unión de los trabajadores, vengan de donde vengan, residan donde residan, en la lucha por la consecución de objetivos comunes. Los estados, las fronteras, las religiones, los ejércitos, las lenguas… son instrumentos creados por el poder económico coyuntural (aristocracia, burguesía,…) por intereses ajenos a esa mayoría de ciudadanos trabajadores y en cuanto se constituyan en un obstáculo a esa, fundamental, unión deben ser relegados siempre un plano secundario, cuando no eliminados.

Ayer en Barcelona, en el Ateneo Barcelonés, se renovó la reclamación del concierto económico que cinco entidades (Fomento del Trabajo, Instituto Agrícola San Isidro, Sociedad Económica Barcelonesa de Amigos del País, Ateneo Barcelonés y Liga de la Defensa Industrial y Comercial) realizaron, en 1898, ante la reina María Cristina. A esta reivindicación se unieron los dos grandes sindicatos Comisiones Obreras (CCOO) y la Unión General de Trabajadores (UGT).

No importa que el sistema de concierto económico sea profundamente reaccionario e insolidario para con los trabajadores del resto de España. No importa que el propio Miquel Roca Junyent (CiU) –uno de los padres de la actual Constitución- reconozca que el sistema no sería generalizable porque ellos lo piden para Cataluña. No importa bailarle el agua al nacionalismo que se ha fijado como objetivo que su propuesta se convierta en una reivindicación mayoritaria en esta Comunidad Autónoma. No importa que Carme Chacón, aspirante a liderar el PSOE, no coincida -¿convencimiento o tacticismo?- con la línea adoptada por el PSC, prometiendo combatir el pacto fiscal de CiU ‘con uñas y dientes’. Nada le importa ya, en Cataluña, a un sindicalismo secuestrado por el nacionalismo ajeno, por completo, a los intereses de los trabajadores que dice defender.

Hace tiempo que importantes intelectuales de la izquierda nos vienen alertando de la incompatibilidad de la izquierda y el nacionalismo, ya que la primera ‘es fundamentalmente igualitaria, ningún privilegio de origen es admisible, mientras que el segundo dice nosotros, por ser nosotros, exigimos un espacio jurídico especial que atienda a las consideraciones del grupo. Esto atenta constitutivamente contra las bases de la izquierda […]. La forma de evitar eso es con leyes universales que valgan para todos y que nos comprometan a todos’ (Félix Ovejero Lucas).

Ante la realidad que nos toca vivir, ‘colocados en un tránsito histórico’ como manifestara en otro tiempo y en otra fatal circunstancia Salvador Allende, se hace necesario no resignarnos ante unos sindicatos que han renegado de sus obligaciones de clase para entregarse a los intereses del capital que representa políticamente en la Comunidad Autónoma de Cataluña la coalición conservadora y nacionalista CiU.

¿Qué pensarían los antepasados del movimiento obrero de principios del siglo XX en Barcelona que hicieron de esta capital, un referente mundial anarquista constituyendo, por ejemplo, en octubre de 1910 la Confederación General del Trabajo que, meses después, se convertiría ya definitivamente en la Confederación Nacional del Trabajo, la CNT? El derecho universal a la educación, el acceso a la cultura, los derechos laborales, los derechos de las mujeres, el pacifismo y el antimilitarismo o el ecologismo formaban parte del ideario avanzadísimo de aquellos anarquistas. Quizás en esta unión confederal de sindicatos autónomos de ideología anarcosindicalista de España que está adherida a la organización de carácter mundial Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT) pueda estar el germen necesario en estos momentos de orfandad sindical para muchos obreros en el cinturón industrial del área metropolitana de la ciudad.

Otras centrales sindicales son necesarias, otros instrumentos que recuperen esa solidaridad y esa referencia internacionalista de la que abdicaron hace tiempo CCOO y UGT en Cataluña son posibles. A semejanza de lo que ha supuesto la creación de partidos políticos no nacionalistas como Ciudadanos y UPyD, más allá del debate no concluido sobre la necesidad de una formación política genuinamente de izquierdas en Cataluña, se hace, imprescindible, en esta Comunidad Autónoma el implementar los mecanismos necesarios para la creación de una nueva referencia sindical que ocupe el espacio abandonado a su suerte. ¿Para cuándo un verdadero sindicato nacional?

1 comentario en “Sindicato nacional”

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  1. Angel Hernandez Guardia - Jueves, 2 de febrero de 2012 a las 14:40

    Comparto lo que expones y añadiré alguna cuestión al debate, desde mi opinión.

    Hace unos días en la presentación de un reciente libro de Felix Ovejero La Trama Estéril) le pregunté sobre si el consideraba que la lucha entre clases sociales estaba superada a lo que me dió una respuesta un tanto “diplomática”: no se si continua o no, pero el conflicto sigue existiendo.

    Desde que la “izquierda” mayoritaria de España (PSOE-IU) se ha ido alejando del marxismo y por tanto del concepto de lucha de clases, sus apendices sindicales han hecho otro tanto, incomprensible por su propia esencia, pero real por acomodo al pesebre político.

    Si como Felix Ovejero decía, el conflicto entre el capitalismo y su clase explotadora existe, los trabajadores, como clase explotada, deben mantener la tensión de ese conflicto, so pena de volver a la época esclavista. Y necesitan, más que nunca de organizaciones de clase que fundamentalmente, funcionen democráticamente y sin ser “correa de transmisión” política.

    Lo de la incompatibilidad entre clase obrera y nacionalismo, es de a,b,c,pero los dirigentes sindicales, sobre todo los regionales, no quieren saberlo.

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