Nuestra deuda con los ‘desterrados’ por el nacionalismo catalán

03.02.2012 | 20:17
 

‘A partir de la primera ley de política lingüística, de 1983, el Gobierno [autonómico] de Jordi Pujol [CiU] comenzó una purga de maestros castellanohablantes. Se obligó a todos los maestros con plaza a reciclarse para poder seguir ejerciendo. […] La consecuencia fue el éxodo de 14.000 maestros, unos motu proprio, otros por verse incapaces de cambiar de lengua a los 50 años; y los que intentaron oponerse fueron expulsados de forma ilegal y mafiosa’ (Antonio Robles, De la lengua propia al apartheid estatutario, 2 de mayo de 2006 en Ideas de Libertad Digital).

El Foro Ermua ‘es una asociación cívica española, impulsada en su mayor parte por profesores universitarios y otros profesionales (políticos, escritores y periodistas) de origen vasco. Nació el 13 de febrero de 1998 a causa del asesinato del concejal de Ermua Miguel Ángel Blanco por parte de ETA’. Entre los fundadores del Foro Ermua se encontraban: Agustín Ibarrola, Carlos Totorika, Jon Juaristi, Mikel Azurmendi, Iñaki Ezkerra, Edurne Uriarte, Fernando Savater, Javier Corcuera o Hermann Tertsch (fuente: Wikipedia).

Con motivo de las elecciones autonómicas vascas de 2009, Foro Ermua presentó una propuesta que contemplaba la creación de un ‘censo de residentes ausentes’ en el País Vasco con la finalidad de que, de una u otra forma, se les tenga en cuenta en las citas electorales para que la democracia no se falsee en las urnas por la falta de libertad: ‘Las amenazas de ETA, la extorsión y el miedo les obligó a abandonar un día su tierra y dejar atrás su historia, grabada en cada rincón del País Vasco. Son ya 200.000 vascos, según un estudio del Foro Ermua, y de acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística, los desterrados que se vieron abocados a renunciar a su origen’.

Declaración Universal de los Derechos Humanos (foto: Flickr jaumedurgell).

Menos percibidos -el nacionalismo catalán siempre ha sido más sutil que el vasco en sus actitudes totalitarias-, pero, igual de desterrados los ha habido en Cataluña. Más allá de los casos de personajes mediáticos que dieron un sonoro portazo como respuesta a su insatisfacción y que son de todos conocidos -como Albert Boadella, José María Sanz, Loquillo, o, recientemente, Félix de Azúa-, un numero indeterminado de ciudadanos catalanes –en esta Comunidad Autónoma no conozco un estudio semejante al elaborado en el País Vasco- se vio, se ha visto o se ve obligado o, como mínimo, invitado a abandonar su pueblo o su ciudad porque las circunstancias ‘creadas’ por el nacionalismo no son, digamos eufemísticamente, las más apropiadas para desarrollar una vida en libertad.

‘Los gobiernos de Pujol [CiU] (con el apoyo de buena parte del Parlamento autonómico) impulsaron la reconstrucción nacional, cultural y lingüística a través de dos instrumentos fundamentales: la enseñanza y la radiotelevisión. Todos los niños catalanes, sin tener en cuenta su origen, fueron (y todavía son) escolarizados mediante lo que se denomina inmersión lingüística en catalán a lo largo del proceso de enseñanza Primaria y Secundaria para lograr que al final de este periodo dominen con pertinencia esta lengua y además conozcan mínimamente el otro idioma oficial en todo el Estado (el castellano) y otro extranjero’ [Daniel E. Jones, Pujol y la construcción de un espacio catalán de comunicación interacciones entre instituciones políticas y empresas mediáticas (1980-2003)].

Es en el ámbito de esos ‘dos instrumentos fundamentales’ donde encontraremos al mayor número de víctimas de las políticas nacionalistas y, en consecuencia, al mayor número de desterrados. Los profesores, sobre todo, de la enseñanza pública catalana y los profesionales de radio y televisión, también sobre todo, de aquellos de titularidad pública suponen el mayor número de afectados que, obligados por las circunstancias, abandonaron la tierra que les había visto nacer o en la que habían creado sus familias a partir de las grandes oleadas de la emigración que propició la injusta política franquista en los años 50 y 60 del pasado siglo.

Siguiendo a Antonio Robles en el artículo referenciado es clave, por significativo, destacar ‘el documento que el Gobierno de la Generalidad, siendo presidente [autonómico] Jordi Pujol, elaboró en secreto con la intención de infiltrar y copar banca, prensa, escuela y demás estamentos sociales con el ideario nacionalista, y que filtró El País el 28 de octubre de 1990. Titulaba este periódico: Vigilantes seleccionados para velar por el adoctrinamiento en la enseñanza; y seguía:

‘La necesidad primordial para los inspiradores del documento es catalanizar a hombres y mujeres. Habrá, pues, que educar a estos hombres y mujeres, vigilar a los educadores para que cumplan lo estipulado y seleccionar con cuidado a los vigilantes […] vigilar la composición de los tribunales de oposición […] reorganizar el cuerpo de inspectores de forma que vigilen la correcta cumplimentación de la normativa sobre la catalanización de la enseñanza […]. Vigilar de cerca la selección de este personal. También los programas de enseñanza deben ser catalanizados, sin olvidar imponer análisis previos y aprobación de los contenidos por parte de personas de confianza’.

Al final del párrafo que acabamos de transcribir encontramos la esencia última de la cuestión: encontrar ‘personas de confianza’; es decir, aquella parte de la población que asume el ideario nacionalista que puede resumirse en un poble, una llengua, una nació. A todo aquel que no lo asuma se le debe invitar a marchar, más o menos, delicadamente, favoreciendo un entorno que de forma natural lleve a los disidentes a buscar residencia en otra parte del territorio nacional.

Así, no es de extrañar que, tras una política de zapa como la que acabamos de apuntar –auténtica ingeniería social llevada a cabo desde las instituciones catalanas dominadas por los nacionalistas durante décadas de hegemonía-, hoy en día ‘la inmensa mayoría de los profesores y políticos catalanohablantes presenta identidades predominantemente catalanas, y lo hace proporcionalmente mucho más altas que la población catalanohablante en general. Y a la inversa: absolutamente ningún profesor o político catalanohablante se identifica como predominantemente español […]. [Destacando además que] sólo el 6,5% de los políticos castellanohablantes presenta una identidad predominantemente española […]. Esto demuestra el grado en que se ha catalanizado la vida política en Cataluña después de la transición’ (Thomas Jeffrey Miley, Nacionalismo y política lingüística: el caso de Cataluña).

Para que no haya más desterrados catalanes en democracia: reconozcamos primero esta figura, denunciemos públicamente las políticas nacionalistas causantes de la diáspora, cuantifiquemos -a semejanza de lo hecho en el País Vasco- el fenómeno y restituyamos en su integridad y dignidad a los que las padecen o las hayan padecido más profundamente. “La libertad no hace mejores a los hombres, simplemente los hace hombres” (Manuel Azaña).

5 Comments en “Nuestra deuda con los ‘desterrados’ por el nacionalismo catalán”

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  1. Jorge - Sábado, 4 de febrero de 2012 a las 15:49

    ¡Excelente idea! Sólo querría añadir al respecto el estupor que me causó una de las últimas leyes aprobadas por la Generalitat de Cataluña y es que un director de instituto puede nombrar a dedo al 10% del profesorado para que comulgue con sus ideales. Sólo una sociedad altamente enferma puede permitir que se apruebe una ley como esta sin escandalizarse.

  2. resistente - Sábado, 4 de febrero de 2012 a las 19:14

    Una de las características,a mi juicio,de los españoles es la pereza. Y otra, contaminada por la anterior,la cobardía.Sólo cuando nos llega el agua al cuello y “de PERDIDOS p’allá no hay mas pueblos” empezamos a reaccionar..Hasta ahora el agua sólo nos llega hasta un palmo por debajo del ombligo.Obviamente:los catalanes no somos mas que un tipo de españoles.

  3. República roja amarilla y roja - Sábado, 4 de febrero de 2012 a las 19:43

    Creo que la instauración de la democracia en todos los territorios de España pasa por reconocer la realidad. Y esta realidad es que el Estado no ha podido, no ha querido, o no ha sabido garantizar la libertad de todos los ciudadanos. Que vascos y catalanes no pueden expresar sus ideas sin amedrentamiento ni coerción. Y que el los partidos “de gobierno” no tienen intención de mover un dedo a favor de la libertad de los ciudadanos citados. Es lo que hay.

  4. marcela - Lunes, 6 de febrero de 2012 a las 23:13

    Está muy bien lo que se dice aquí. Ahora, falta contemplar el “desterrado” de Cataluña que se sitúa en el resto de España. Y es que yo, como profesora, no he podido optar a realizar las oposiciones en Cataluña por no saber catalán, mientras que un catalán sí ha podido venir a Madrid, ciudad desde la que hablo. Osea, que los desterrados existen en los dos sentidos, de Cataluña para adentro, y de Cataluña para afuera.

  5. Federico Llosa Marsé - Viernes, 19 de octubre de 2012 a las 14:01

    José Antich, ahora director de LV, explicaba el asunto en un artículo de El País de la misma fecha, es decir, 28 de octubre de 1990:

    http://www.elpais.com/solotexto/art....;ed=diario

    ¡Cómo cambian las cosas!

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