Todo es mentira y si no, lo piensa
‘[...] Todo empezó a tener un aire viciado. Tras denunciar que aquel perfil no era de Camps, alguien se dirigió a mí para preguntarme “por qué lo defendía”. Una señora, por su parte, explotó: “Me da igual que sea falso o no, lo piensa y para mí ya es suficiente”. En ese espíritu conmovedor se encierran siglos de la Historia de España, y en la actitud pasiva de quien estaba avisado de la falsedad y sin embargo la deja correr, poniéndolo todo perdido, una clave fundamental ya no de estrategia política, sino de la ventresca de la sociedad: su portentosa capacidad, nada disimulada, para atrincherar la mentira en pos del daño ajeno. Lo había visto ya suficientes veces a izquierda y derecha. La impotencia de que te señalen el amarillo diciéndote que es verde. El hedor profundo de la mentira despojada de arquitectura, mostrada en su primitivismo: verla nacer, reproducirse y jamás morir’.





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