Opinión

Reforma agresiva

‘El paro es el gran problema que atenaza a España. No nos podemos permitir una tasa de desempleo del 22%, que sigue subiendo y que podría superar, en breve, el 25%. La reforma laboral, la enésima en democracia, debería servir para salir de este atolladero y para que nunca más nos volvamos a encontrar en una situación similar. Se mire como se mire no parece que esa sea la intención de esta reforma’.

Bernardo Fernández
Martes, 14 de febrero de 2012 | 10:42

A juzgar por las declaraciones del ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, al The Wall Street Journal parecía que el nuevo Gobierno venía con la reforma laboral bajo el brazo y daba la sensación que tan sólo faltaba la foto con los agentes sociales para que el asunto empezara a funcionar. Pues no. Queda claro que no es lo mismo saber lo que hay que hacer que saber cómo hacerlo.

Finalmente, el Gobierno decidió ponerse manos a la obra, a pesar de las fuertes discrepancias que sobre la cuestión había en el seno del Ejecutivo. Por una parte, Luis de Guindos presionado por la situación económica europea quería una reforma ambiciosa que pudiera recibir el plácet de Europa, los mercados y sobre todo de Alemania. Por otra, Fátima Báñez (PP), responsable de Empleo y Seguridad Social, y Cristóbal Montoro, de Hacienda y Administraciones Públicas, querían una reforma suave para evitar a toda costa una huelga general, sobre todo antes de las elecciones andaluzas que se han de celebrar el próximo 25 de marzo.

Es evidente que la línea dura se ha impuesto y la reforma será “extremadamente agresiva”, según dijo el propio De Guindos en Bruselas. Poco importa que en junio de 2010 Soraya Sáenz de Santamaría (PP), criticando la reforma laboral de José Luis Rodrñiguez Zapatero (PSOE), dijera que: “Lo que necesita España no es facilitar el despido”, o que la cuenta de Twitter oficial del PP, el 14 de septiembre, se hiciera eco de unas declaraciones de Mariano Rajoy (PP) en las que manifestaba que: “El PP no pensaba abaratar el despido”.

Pues menos mal, porque esta reforma refuerza el poder de los empresarios en las relaciones laborales. Cuando las nuevas medidas entren en vigor, la clase empresarial podrá modificar las condiciones laborales e incluso bajar el sueldo sin necesidad de pactarlo con la otra parte. Bastará que argumente que se hace el ajuste por motivos de productividad o competitividad. Así, tal cual. De igual manera, será suficiente que el empresario justifique nueve meses de caída de ventas para poder aplicar el despido colectivo, sin autorización previa. Como dicen algunos, “se han inventado la ERE exprés”.

Sea como fuere el mantenimiento de los puestos de trabajo y la creación de empleo han de ser los objetivos. El paro es el gran problema que atenaza a España. No nos podemos permitir una tasa de desempleo del 22%, que sigue subiendo y que podría superar, en breve, el 25%. La reforma laboral, la enésima en democracia, debería servir para salir de este atolladero y para que nunca más nos volvamos a encontrar en una situación similar.

Pues bien, se mire como se mire no parece que esa sea la intención de esta reforma. Es verdad que cometemos un error si achacamos a la crisis y a la legislación laboral todos los males que en la materia nos afectan. El problema fundamental es la globalización, las nuevas reglas de la economía han hecho que nuestras empresas no puedan competir en costes laborales. Además, nuestra producción, en su conjunto, es de poco valor añadido. En consecuencia, la normativa del mercado laboral debe ser un instrumento útil para la recuperación y la competitividad y no una rémora, pero no parece que los nuevos cambios vayan en esa dirección.

De todos modos, cualquier reforma laboral que se precie necesita de la ayuda y el empuje de la vuelta al crédito y de la recuperación económica para que sea efectiva. Además, el acuerdo con los agentes sociales es consustancial si se aspira al éxito y, obviamente, no es el caso. Según José Ignacio Pérez Infante, economista laboral y director general de Empleo en los años ochenta: “Casi todas las reformas laborales que se han aprobado hasta ahora han sido muy parciales”. Opina que realizar una reforma en profundidad en plena recesión puede agravar el problema y sostiene que: “No es momento de hacer reformas porque las medidas para la contratación no funcionan, mientras que las de despido si”. No le falta razón a Pérez Infante.

Para los sindicatos esta reforma es: “Radical, inútil y desequilibrada”. Y va a servir para despedir a los padres de manara barata y fácil, para luego poder contratar a los hijos con menos dineros y menos derechos. Ahora falta el trámite parlamentario, pero no cabe imaginar que se vayan a producir muchos acercamientos a los planteamientos sindicales. Los populares tienen una holgada mayoría absoluta y Artur Mas (CiU) ya ha dicho que la música de la reforma le suena bien y para Josep Antoni Duran i Lleida la reforma está bien orientada, por tanto que CiU vote con el PP está cantado. Y es que al final la derecha siempre acaba entendiéndose.

Bernardo Fernández Martínez es ex diputado autonómico del PSC

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3 Comments en “Reforma agresiva”

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  1. Libre - Martes, 14 de febrero de 2012 a las 11:16

    Lo que no parece entender demasiada gente es que esta reforma esta hecha mirando al largo plazo. Esa es la clave: se busca lanzar un salvavidas a las empresas para evitar que a la larga mueran todas y el paro aumente durante años y años.
    Sí, esta reforma en el corto plazo provocará más paro y hará peor la crisis pero en el largo permitirá ser más competitivas a las empresas y atenuará así el “sálvese quien pueda” actual. Porque ahora si las cosas siguieran sin reforma laboral las empresas correrían peligro de acabar a la larga cerrando todas y es en su ayuda que va esta reforma. Se facilita el despido, se abaratan costes a las empresas, sube el paro durante un tiempo pero al menos se evita el cierre de muchas otras.
    Es un mal que se ejecuta para evitar un mal mayor. Hay que entender esto.

  2. Jose Orgulloso - Martes, 14 de febrero de 2012 a las 16:51

    El problema del paro no es, precisamente, que sea fácil o difícil despedir a un trabajador. El problema es que al trabajador y al empresario les sale más a cuenta trabajar en negro. Por esto ninguna reforma laboral soluciona nada (ni a corto ni a largo plazo, Don Libre) porque lo que hay que reformar es la fiscalidad.

  3. AFOR - Martes, 14 de febrero de 2012 a las 18:43

    CiU y el PP en el ámbito económico son lo mismo… El problema es que en aquello que es sagrado para el otro no osan insmiscuirse (como por ejemplo la inmersión lingüística para el nacionalismo conservador catalán o la monarquía para el nacionalismo conservador español).

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