Estudiantes universitarios: competencia imperfecta

05.03.2012 | 11:33
 

‘En unas jornadas [celebradas en León] abiertas al público, doce ponentes debatieron la actual situación de la universidad desde una perspectiva extremadamente crítica. […] Desde el exterior se pensará que esta crítica es habitual en la universidad, algo inherente a su cometido. Hoy, sin embargo, ya no es así, cuando menos la crítica pública. Ciertamente, en los pasillos y en las conversaciones privadas, muchos profesores muestran su descontento, fatiga y desánimo. Pero las críticas suelen hacerse en voz baja, no sea que ello pueda afectar a las subvenciones que reciben, a sus cargos y carguillos; o bien a simple pereza, a un gran escepticismo respecto a la posibilidad de conseguir mejoras, a la comodidad ante acciones colectivas que exigen esfuerzo y tiempo’ (Francesc de Carreras, en un artículo publicado en La Vanguardia, Al ministro José Ignacio Wert).

La semana pasada, Barcelona acogió una jornada reivindicativa en defensa de la universidad pública, en contra de unos recortes presupuestarios que no pueden asumir sin merma del servicio de calidad que ofrecen. Cinco de los siete campus públicos catalanes fueron ocupados: los de las universidades de Barcelona (UB), Autónoma (UAB), Politécnica (UPC), Pompeu Fabra (UPF) y Gerona (UdG). Estudiantes, profesores y personal administrativo, todos a una, se concentraron en una magna manifestación que se inició a las 12:30 horas del miércoles.

Decenas de miles de estudiantes y profesores -60.000 según los convocantes, 25.000 para la Guardia Urbana- tomaron parte en la marcha, que arrancó en la Plaza de la Universidad y terminó en el mismo lugar tras un recorrido circular que colapsó el tráfico en el Ensanche. En términos globales, la jornada que se vivió debe considerarse un éxito. Me niego a comentar los incidentes aislados que tuvieron lugar porque poco o nada tienen que ver con la manifestación aludida y que supondría otorgar un protagonismo a ciertos grupos que no lo merecen.

¿Por qué se ha llegado a este extremo? De Carreras hace mención a tres problemas de la universidad pública española actual que se comentaron ampliamente en las jornadas a las que hace alusión: la mala preparación de quienes ingresan en ella como estudiantes, lo cual nos conduce a una cuestión previa: los fallos en la enseñanza Primaria y Secundaria; el actual procedimiento de acceso al profesorado universitario de acreditaciones por puntos suele premiar a los mediocres que se ponen a la cola y no a los mejores; y, la perversión del sistema de gobierno universitario, burocrático e ineficiente, corporativo y nada democrático, que elude rendir cuentas ante los poderes públicos que financian la enseñanza superior. ‘La autonomía universitaria mal entendida acaba siendo un fraude, un coto cerrado, sustraído al control de los ciudadanos que son, en último término, quienes sufragan los gastos mediante sus impuestos’. Un ejemplo que no merece mayor comentario y que iría en esta línea: hace unos meses saltó la noticia de que Carod-Rovira coordinaría una cátedra sobre diversidad social en la UPF.

Para muchos ahí está la clave de todo el asunto: la reforma de la universidad debe venir de fuera de la universidad porque una trama de intereses gremiales en su interior impide cualquier cambio. A lo anterior hemos de añadir que en 2010 empezó a aplicarse -con carácter general- en las universidades españolas, el denominado Plan de Bolonia, que debe su nombre a la ciudad italiana donde los ministros de Educación firmaron la llamada Declaración de Bolonia (1999). Con él se puso en marcha el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). En este espacio y con este espacio, se pretende provocar una convergencia en la enseñanza superior europea, para propiciar, como sucedía en la Edad Media, la movilidad de estudiantes, de titulados y de profesores entre todos los países firmantes. Manuel I. Cabezas, por ejemplo y desde este mismo digital, escribía críticamente sobre el mismo; sirva de ejemplo a las numerosas voces que se han alzado alertando de los peligros que se ciernen sobre todo el sistema.

Si a ello añadimos las particularidades catalanas, el panorama no puede ser más desolador. Cataluña es la Comunidad Autónoma de España que más ha recortado en educación desde 2010: este año ha destinado a las aulas 4.595,9 millones de euros, 238,3 millones menos que en 2011. Y 626 menos, si lo comparamos con el año 2010. En total, un recorte del 11,95%. De igual manera se reducen las ayudas a futuros científicos un 19,1% en las universidades de Cataluña y ello pese a que es la Comunidad Autónoma española que más recursos recibe de la Unión Europea.

Otra particularidad del sistema catalán es la que se genera por una legislación nacionalista que deriva del Estatuto de Autonomía de Cataluña, que viene propiciando, aún más si cabe, una universidad cerrada sin un acceso fluido de otros profesores españoles y extranjeros. El Gobierno autonómico de CiU mantiene el decreto que exige el catalán a los profesores universitarios, incentivando los cursos y exámenes para que los profesores acrediten un nivel alto de conocimiento del catalán. Otro ejemplo significativo que demuestra que más que a la promoción del catalán sin más, los nacionalistas se dedican también a la exclusión de la otra lengua oficial en contra, siempre y de momento, de la jurisprudencia del Tribunal Constitucional es que la Generalidad veta el uso del español para el acceso a las ayudas y premios a investigadores. En definitiva, se propicia una endogamia lingüística.

De la misma forma y como consecuencia de lo anterior se limita la pluralidad ideológica en la misma donde las asociaciones de estudiantes están copadas por el nacionalismo más reaccionario, radical y trasnochado que llega a extremos repugnantes para cualquier análisis basado en la razón. Un ejemplo: en la última edición de la Universidad Catalana de Verano (UCV), el año pasado, se llegó a abogar por la continuidad de la banda terrorista ETA. Libertad de expresión dirán algunos; apología del terrorismo, más me parece a mí.

Después de todo lo anterior, lo increíble es que aún haya una universidad española y, precisamente, catalana entre las doscientas mejores del mundo. Demos todo nuestro apoyo a los estudiantes, a los profesores y al personal de las universidades. Ellos no han creado el problema y no se merecen las condiciones tan difíciles a las que están siendo sometidos. Crecieron en un sistema capitalista y competitivo, pero, nunca pensaron que les dejarían sin armas, en condiciones de desigualdad con otros competidores con los que, al final, en un mundo globalizado se encontrarán. Competencia imperfecta creo que lo llamaban en economía.

No hay comentarios en “Estudiantes universitarios: competencia imperfecta”

NOTA: Sean respetuosos con sus comentarios. Se borrarán los comentarios cuyo contenido o enlaces puedan ser considerados difamatorios, vejatorios o insultantes. Recuerden siempre que las formas importan y que hay muchas formas de decir lo mismo. Gracias por participar.

Aún no hay comentarios.

Suscripción RSS a los comentarios de esta entrada.