Chicles & colillas

13.03.2012 | 11:19
 

‘La limpieza es la ausencia de suciedad. Es la cualidad de limpio. Para conseguir la limpieza hay que eliminar todo tipo de suciedad, a la acción de eliminar la suciedad se le llama detersión, limpiar o hacer limpieza. El propósito de la detersión es disminuir o exterminar los microorganismos en la piel y en los muebles, es decir en objetos animados e inanimados, evitando también olores desagradables’ (fuente: Wikipedia).

La cuestión de la limpieza en la ciudad no es cuestión menor, ni por su repercusión social ni por la económica. De ella depende la salud de los barceloneses y de aquellos que visitan la ciudad, así como la imagen que se proyecta de nuestro civismo en la utilización del espacio público, el de todos. Además, recordemos que el 1 de noviembre de 2009 entró en vigor la nueva macrocontrata de limpieza, que supone una inversión de 1.994 millones de euros hasta 2017, y que se adjudicó a las empresas FCC, Cespa, CLD y Urbaser.

Barcelona dedica un 10% de su presupuesto anual -unos 250 millones de euros por año– a la limpieza. ¿Quién no ha tenido la desagradable sorpresa de pisar un chicle o una caca de perro, en alguna ocasión, paseando por la ciudad? ¿Quién no ha observado a una persona lanzar la colilla a la acera como el que no quiere la cosa, sin ningún tipo de miramiento? Por no hablar de las recurrentes plagas de ratones que asolan nuestra ciudad. Cuando este tipo de cosas pasan, consciente o inconscientemente, se está degradando un espacio que nos pertenece a todos; supone una falta de respeto de sus responsables para con todos los demás ciudadanos.

Otra cuestión íntimamente relacionada es la polución. ‘La contaminación es la alteración nociva del estado natural de un medio como consecuencia de la introducción de un agente totalmente ajeno a ese medio (contaminante), causando inestabilidad, desorden, daño o malestar en un ecosistema, en el medio físico o en un ser vivo. El contaminante puede ser una sustancia química, energía (como sonido, calor o luz) o incluso genes. A veces el contaminante es una sustancia extraña, una forma de energía o una sustancia natural. Es siempre una alteración negativa del estado natural del medio, y por lo general, se genera como consecuencia de la actividad humana’ (fuente: Wikipedia).

El alcalde Trias (CiU) inició su mandato suprimiendo la tenencia de alcaldía de Medio Ambiente y supeditando esas competencias a un área más técnica, en este caso la de Urbanismo. No era un buen augurio: Ricard Gomà, líder de ICV-EUiA en el Consistorio, indicó que era “una declaración de intenciones sobre las prioridades políticas del nuevo gobierno. [...] Situar Medio Ambiente debajo del paraguas de urbanismo significa volver a concebir la sostenibilidad como un elemento decorativo”. Nunca ha sido una prioridad del nacionalismo conservador la salud y bienestar de sus conciudadanos.

Estamos hablando de una ciudad, Barcelona, que emitió en 2010 más contaminación de la permitida por la Comisión Europea (CE). ‘Incumplir la norma causa 3.500 muertes al año’, solo en la capital, según el Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL). La CE espera recibir los datos sobre la contaminación de las ciudades españolas en 2012 y decidirá entonces si denuncia al Gobierno español ante el Tribunal de Justicia de la UE.

La losa del tráfico, que se acumula en el corazón de la ciudad y especialmente en el Ensanche hasta registrar una densidad media de 6.100 vehículos por kilómetro cuadrado -superior a la de Madrid (2.100) y Londres (1.300)-, aleja todavía al área barcelonesa de las exigencias de la CE, señalaba El País. Sin embargo, en nuestro país, recordemos que la competencia de medio ambiente corresponde a las CCAA y así, la Generalidad de Cataluña ha fracasado en contener la contaminación pese a que en 2007 aplicó un plan diseñado a propósito para cumplir la normativa europea; se limitó la velocidad a 80 kilómetros por hora en los principales accesos de Barcelona, restricción impopular que fue eliminada por el nuevo Gobierno autonómico de CiU.

Frente a la problemática de fondo anterior, la política del gobierno de la ciudad consiste en meras respuestas estéticas, política de aparador, como por ejemplo, prohibir ir desnudo o en bañador por la playa, retrocediendo en el tiempo por acuerdo, tomado en su día, entre PSC y CiU. De ser una ciudad abierta al nudismo pasó a recatarse y a exigir decoro. De subvencionar un tríptico que invitaba a pasearse desnudo por las calles, a multar esta práctica.

El plan estrella mediáticamente por lo que hace a la limpieza de la ciudad ha sido el presentado por el alcalde bajo el nombre de Plan Técnico de Mejora de la Limpieza Viaria con el objetivo, desde enero de 2012, de que la ciudad esté más limpia y mejorar la percepción ciudadana, lo que se haría, según el propio alcalde, sin coste adicional para las arcas municipales. A grandes rasgos, el plan supondrá más recogida de hojas y basura de fuera de los contenedores, más frecuencia de la limpieza con agua en las calles más transitadas, papeleras dobles de gran capacidad en los puntos más concurridos y más vigilancia de la Guardia Urbana, señalaba La Vanguardia.

Los hechos demuestran, sin embargo, la escasa sensibilidad medio ambiental del actual equipo de gobierno municipal más preocupado, en la línea de lo apuntado, de consolidar una candidatura a los Juegos Olímpicos de invierno de 2022 que en respetar los estándares europeos en materia ecológica. Sirvan como muestra de lo anterior su promoción de instalaciones insostenibles como la pista de hielo en la Plaza de Cataluña o el proyecto para la instalación de una pista de esquí.

Mientras en Barcelona sea normal y cotidiano toparse con la realidad que suponen observar desechos en la vía pública, respirar un aire por debajo de los estándares europeos de calidad, donde al escaso civismo de algunos de sus ciudadanos se une la aportación negativa de un turismo de limitado poder adquisitivo o en el que los temas medioambientales no son una prioridad absoluta para sus gobernantes, tendremos un problema y grave.

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