Aceras: la ley del más fuerte

22.03.2012 | 11:21
 

‘Una acera, calzada, banqueta, vereda o andén es un camino para peatones que se sitúa a los costados de una calle. En cuanto elemento del espacio público, en muchos países existen leyes que fomentan la remoción de las llamadas barreras de infraestructura de las aceras para así reducir las dificultades de los discapacitados. Se requiere que las aceras tengan rampas en las esquinas para permitir el tránsito fluido de personas en silla de ruedas. Sus dimensiones dependen del tránsito que deban soportar’ (fuente: Wikipedia).

Una acera de Barcelona, en la que se hace casi imposible transitar por ella (foto: Federico Llosa Marsé).

En la ciudad de Barcelona, el uso de las vías y los espacios públicos vienen regulados por una ordenanza del 27 de noviembre de 1998 (por lo que hace a la circulación de viandantes y vehículos, por otra ordenanza específica de la misma fecha). Así, en su artículo 2 se recoge, entre otros, como principios generales los siguientes:

‘Las vías, los espacios públicos y las instalaciones y mobiliario urbano que están ubicados están destinados al uso general por parte de los ciudadanos, según la naturaleza respectiva de los bienes y bajo los principios de libertad individual y respeto a las personas […]. Las actividades que se desarrollen en la vía pública no pueden limitar el derecho de los otros a los usos generales, excepto que se disponga de licencia o concesión para el uso común especial o privativo’.

Es decir, para resumir, las aceras son de todos, para el uso general de los ciudadanos y aquél que las ocupe particularmente debe tener una autorización municipal expresa y concreta para ello. Aconsejo una lectura detenida de esas ordenanzas para comprobar que son innumerables los comportamientos cotidianos en las aceras que las incumplen. Incluso, alguien se dedicó a contar los obstáculos en la vía pública de Barcelona y sumaban nada menos que 3.400.

Me centraré en un tema concreto que ha llegado a límites insostenibles: el estacionamiento en las aceras de motocicletas y ciclomotores. La regulación de la ordenanza es permisiva y clara:

‘Las motocicletas y ciclomotores de dos ruedas se estacionarán en los espacios destinados especialmente a este fin, sin que puedan ocupar un espacio destinado y delimitado para otro tipo de vehículo. En el supuesto de que no haya, podrán estacionar en la calzada, en semibatería, ocupando un ancho máximo de un metro y medio, y sin impedir el acceso a vehículos inmediatos’.

Además, y con condiciones estrictas, si no fuera posible lo anterior, se permite aparcar en las aceras de más de tres metros de ancho. Es decir, de la normativa vigente se deduce un uso excepcional, estrictamente regulado, de las aceras para estacionar vehículos de dos ruedas.

La realidad, sin embargo, para cualquiera que pasee por la ciudad de Barcelona es observar los abusos, por ignorancia o por mala fe, de los motoristas. No caben regulaciones en estos temas que, en definitiva, ni van a ser respetadas ni sancionadas como corresponden sus infracciones.

Debe ya implementarse un plan que las vacíe de estos vehículos y limite su uso para el que originariamente estaba previsto: los peatones (las personas que van a pie). Hoy ni tan siquiera podemos dejar a nuestros hijos ir tranquilamente al colegio; no nos queda otra opción porque la mayoría de centros educativos barceloneses carecen de caminos escolares que faciliten que los menores puedan acudir solos al colegio. El camino escolar es un concepto que se aplica en otros países (como Suiza e Italia) y que consiste en hacer intervenciones en las calles que reduzcan los riesgos: vallas en aceras, semáforos con el tiempo adecuado, pasos para peatones bien señalizados y la peatonalización de algunas vías.

Los vehículos tienen su espacio y los viandantes deben tener el suyo propio, sin interferencias; pues, los espacios mixtos han demostrado la imposibilidad práctica de la convivencia. Al fin y al cabo, las ciudades se crearon para las personas y ellas, sin añadidos, deben ser siempre prioritarias.

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