Opinión

Regreso al pasado

‘Mientras que Europa y sus estados miembros caminan hacia la unión en lo político y, sobre todo, en lo fiscal, los próceres del separatismo político en Cataluña, encabezados por el Muy Honorable Presidente de la Generalidad, Artur Mas (CiU), lejos de defender los derechos individuales proclamados por nuestra vigente Carta Magna y sancionados por diversas sentencias de los más altos tribunales, dejando en la cuneta la división de poderes, están forzando la máquina en su intención de romper la unidad entre españoles, levantando fronteras y acogiéndose a supuestos derechos territoriales y políticos firmemente enraizados en ‘l’Ancien Régime”.

Matías Alonso
Viernes, 23 de marzo de 2012 | 10:14

Hace muy pocos días se han cumplido 200 años desde que las Cortes Generales reunidas en Cádiz promulgaran la primera Constitución española. En 1812, en pleno fragor de la Guerra de la Independencia, los representantes de los territorios que conformaban el Reino de España sancionaron la Constitución Política de la Monarquía Española, cuyo principal objeto era el buen gobierno y la recta administración del Estado para conseguir la gloria, la prosperidad y el bien de toda la Nación, entendida como la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios.

Esta primera Constitución española fija como objeto del Gobierno ‘la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen’, con forma de ‘Monarquía moderada hereditaria’ de corte parlamentario ya que la ‘potestad de hacer las leyes reside en las Cortes (que las elabora y decreta) con el Rey (que las sanciona)’, afirma que ‘la soberanía reside esencialmente en la Nación’ que ‘está obligada a conservar y proteger por leyes sabias y justas la libertad civil, la propiedad y los demás derechos legítimos de todos los individuos que la componen’ y establece quienes tienen la condición de españoles y de ciudadanos.

En estos términos, la Constitución de 1812 es un primer gran paso hacia la conformación de un Estado contemporáneo en España, rompiendo con el Antiguo Régimen y su división estamental, mermando considerablemente la representatividad y el poder político que durante el siglo XVIII tenían los estamentos privilegiados, la alta nobleza y el clero. Establece la división de poderes y la cesión de la soberanía de la Nación en una única cámara de representación, cuyos diputados se eligen por sufragio universal indirecto, fijando un sistema electoral y un procedimiento claro de renovación de las Cortes.

Siendo cronológicamente la tercera de las constituciones contemporáneas –si no consideramos como tal el Acta de Independencia de Venezuela de 1811–, tras la de los Estados Unidos de América (1787) y la de Francia (1791), la Constitución española de 1812 es marcadamente progresista y sirvió de referente a los movimientos liberales –el verdadero progresismo de la época– en Europa, principalmente en Italia y Alemania. Sus principios fundamentales, la soberanía nacional en el conjunto de los españoles, la división efectiva de poderes, la igualdad de los ciudadanos ante la ley, la articulación del derecho de representación para el ejercicio de la soberanía mediante diputados a Cortes Generales elegidos por sufragio universal, hacen de ella un referente, un primer y marcado paso hacia la libertad, la igualdad y los derechos de ciudadanía de todos los españoles, por la que merece ser recordada, pese a su escasísimo período de vigencia.

La efeméride del 19 de marzo de 1812 tiene una importancia histórica de primer orden, en cuya gestación intervinieron 22 diputados en representación de las Juntas de Cataluña, varios de los cuales tuvieron un papel destacadísimo, como Ramón Lázaro de Dou y de Bassols, rector de la Universidad de Cervera y primer presidente de las Cortes constituyentes; o el también conservador Jaime Creus y Martí, sacerdote tradicionalista que formó parte de la junta especial de inspección que daría el visto bueno al Proyecto de Constitución; o el clérigo liberal José Espiga y Gadea que junto al barcelonés, militar y filósofo Antonio de Capmany y Montpalau apoyó fervientemente el concepto de Nación española y entendía su participación en representación de todos los que la conforman y no sólo en el de las juntas regionales en las que fueron electos.

Sin embargo, en Cataluña ha pasado absolutamente desapercibida, salvo por los dos actos conmemorativos organizados por Ciudadanos en Barcelona, el día 19, y en Sabadell el día 20 de marzo. Ningún otro partido político ha movido lo más mínimo para conmemorar la efeméride como se merece.

Este hecho no sería especialmente preocupante si no estuviéramos viviendo durante los últimos años y de forma muy especial en los últimos meses y semanas, un intento continuado de regreso al pasado por parte de los partidos políticos que conforman el estamento que comprende la Cataluña oficial, la que está instalada en un régimen político cuyas referencias siguen ancladas en el corazón del Antiguo Régimen y cuya principal aspiración pasa tanto por romper la soberanía nacional, que la vigente Constitución española nos otorga y garantiza, como por conseguir el concierto económico a imagen y semejanza de los derechos forales de las diputaciones vascas y de Navarra, cuyo origen antecede a nuestra primera Carta Magna que no los contemplaba y creaba una hacienda única del Estado y que se arraigaron en la España del siglo XIX en las guerras civiles ocasionadas por el carlismo.

Mientras que Europa y sus estados miembros caminan hacia la unión en lo político y, sobre todo, en lo fiscal, los próceres del separatismo político en Cataluña, encabezados por el Muy Honorable Presidente de la Generalidad, Artur Mas (CiU), lejos de defender los derechos individuales proclamados por nuestra vigente Carta Magna y sancionados por diversas sentencias de los más altos tribunales, dejando en la cuneta la división de poderes, están forzando la máquina en su intención de romper la unidad entre españoles, levantando fronteras y acogiéndose a supuestos derechos territoriales y políticos firmemente enraizados en l’Ancien Régime. En el caso del señor Mas puede ser comprensible, ya que con seguridad habrá leído a Charles Maurice de Talleyrand y recordará aquello de ‘ceux qui n’ont pas connu l’Ancien Régime ne pourront jamais savoir ce qu’était la douceur de vivre’.

Matías Alonso es secretario general de Ciudadanos

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7 Comments en “Regreso al pasado”

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  1. Pablito - Viernes, 23 de marzo de 2012 a las 10:41

    En ocasiones. En muchas ocasiones, tal y como están las cosas, uno no pierde las esperanzas aunque sepas de antemano que son soñuelos o utopías.
    Yo Sr. Alonso estoy de acuerdo con su comentario. Otra cosa, es que comparta esa esperanza o capacidad que parece tiene depositada en algunos de nuestros políticos, para que puedan rectificar, invitándoles a reflexionar, sobre sus bravatas o peroratas carentes de fundamento y lógica y, que por tanto no nos llevaran, ni los levaran a ninguna parte.
    La anarquía que sufrimos en Catalunya por buena parte de nuestros políticos, no tiene capacidad de existencia en una democracia que sea democracia. Hoy, están al margen de la ley buena parte de ellos, y en mi pueblo decía mi abuelo aquello de; cuando el cura va a por peces, que serán los feligreses.
    Otra cosa y la comparto con Vd. es que así, con ésta oligarquía no podemos llegar a buenos términos. Este desplante permanente a las normas y leyes del Estado Central por la Generalitat, está teniendo un precio. Lo que pasa, es que los procesos sociales son lentos en su evolución y apenas en cortos márgenes los apreciamos, pero insisto tienen un precio y a Catalunya nos puede costar caro.

  2. bcn - Viernes, 23 de marzo de 2012 a las 11:14

    Espero que los ciudadanos catalanes no nacionalistas se vayan dando cuenta de la importancia que tiene la existencia de CIUTADANS.
    Ya vemos como se ha vendido el PP a los independentistas de CIU por unas cuantas sillas y no han sido capaces ni de celebrar este gran acontecimiento que fue La Constitución de 1812.
    Contad con mi voto!!

  3. Angel - Viernes, 23 de marzo de 2012 a las 11:50

    Tenemos la Constitucion de 1978.La Constitucion es como los planos de un edificio.El trabajo esta en hacer realidad el edificio y es aqui donde tenemos el problema,no tenemos nadie que cordine los trabajos del edificio,cada autonomia va a sus intereses y se cordinan segun sus intereses ideologicos.Lo vemos claramente en Cataluña,el nacionalismo cree que la autonomia es una oportunidad para hacer una nacion,nacion que la Constitucion no contempla,sin embargo,ni los Gobiernos,ni el TC,les dice nada y les deja que sigan construyendo el edificio,sin que este en los planos.El nacionalismo catalan,no debiera poder hacer nada sin que el TC,lo aprobara,sin embargo,se esta haciendo lo contrario,se aprueban temas en el parlamento regional,se ponen en practica,aun no siendo constitucional y pasan los años,y el TC,no dice nada.Lo logico seria al reves,lo que el TC,no tuviera claro que fuera constitucional,quedara la obra parada hasta que el TC,lo diera por correcto.

    Se hizo una Constitucion,pero no hemos tenido Gobiernos,preparados para gobernar.La prueba es a la situacion de quiebra social y economica que hemos llegado.Alguien se imagina hacer un partido de futbol sin arbitro,pues esto es lo que esta pasando en España,tenemos la Constitucion,que son las reglas del juego,pero no tenemos arbitro que es el TC.No puede ser que el TC pite un penalti despues de años de haber jugado el partido.Es de escandalo que,un gobierno autonomico,haga leyes anticonstitucionales las imponga y el Gobierno y el TC,no hagan nada.

    Con Zapatero lleguemos al absurdo,el fue quien aprobo un estatuto de Cataluña que iba contra el mismo como presidente de la Nacion,haciendo a Cataluña otra nacion.¡Increible!,pero asi fue.

  4. El Palleter - Viernes, 23 de marzo de 2012 a las 13:04

    Se dice que, “por un garbanzo no se estropea el cocido”, y es cierto. Entonces, si ha salido un garbanzo malo, sin más inteligencia que la justa para intentar cargarse la convivencia común de todos los españoles, ¿por qué no se le aparta, cesando la autonomía y después ya veremos? ¿Acaso no hay mecanismos legales, o es que todos esos mecanismos se pueden aplicar a los ciudadanos pero no a los políticos?

  5. Ciudadano Sinmitos - Sábado, 24 de marzo de 2012 a las 01:47

    La Constitución de 1812, que define la Nación española de ciudadanos, no puede gustar a los nacionalistas identitarios que la niegan. Jordi Pujol afirmó en 1998 en RTVE que Catalunya era una nación y España no. Los separatistas ocultan la historia de esa Constitución tan importante, no les interesa que se sepa que su nacionalismo es reciente. Para su desgracia, la aparición de CIUDADANOS (C´s) en el panorama político puso en evidencia que hay una Cataluña real muy diferente de la que ellos pintan. Vaticino que el tercer centenario de la Pepa será una gran fiesta también en Catalunya.

  6. kru - Sábado, 24 de marzo de 2012 a las 21:55

    Un ejemplo del carácter liberal y progresista de la Const. 1812:

    “La religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas y prohibe el ejercicio de cualquiera otra.”

    Constitución Española de 1812, artic. 12

  7. E.Gimeno - Martes, 27 de marzo de 2012 a las 15:46

    Pues no “Ciudadano”, no ha sido una gran fiesta.
    Entre otras cosas Cataluña estaba entonces en el Imperio Francés porque se la anexionó. Tampoco es que haya que celebrarlo, pero es un síntoma de que poca gente aquí se siente a gusto en el Estado Español tal como está ahora mismo. Estamos cabalgando sobre una dictadura, que no se ha acabado de limpiar y hay un centralismo rabioso a prueba de constituciones y gobiernos de uno u otro signo, yo creo que el peor de Europa ahora mismo incluido el francés.

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