Fundaciones bajo sospecha

27.03.2012 | 10:57
 

‘Una fundación es un tipo de persona jurídica que se caracteriza por ser una organización sin ánimo o fines de lucro. Dotada con un patrimonio propio otorgado por sus fundadores, la fundación debe perseguir los fines que se contemplaron en su objeto social, si bien debe también cuidar de su patrimonio como medio para la consecución de los fines. En algunos países [como en España], su órgano de gobierno se denomina patronato. Por ello, si bien la finalidad de la fundación debe ser sin ánimo de lucro, ello no impide que la persona jurídica se dedique al comercio y a actividades lucrativas que enriquezcan su patrimonio para un mejor cumplimiento del fin último […]. Las fundaciones son objeto de beneficios fiscales’ (fuente: Wikipedia).

En Cataluña, su regulación la encontramos en libro tercero del Código Civil de Cataluña, relativo a las personas jurídicas. Las fundaciones declaradas de utilidad pública pueden gozar de un tratamiento fiscal muy ventajoso pudiendo alcanzar beneficios fiscales tales como la exención del IBI o el IAE.

Esta figura jurídica es muy utilizada; así, por ejemplo son fundaciones: la de gestión sanitaria del Hospital de San Pablo, la del Palacio de la Música, la de la Caixa, o, incluso, la recientemente creada Mobile World Capital Barcelona que gestionará los proyectos y programas que se desarrollarán en Barcelona como capital mundial de las comunicaciones móviles, entre otras.

Sin embargo, en los últimos tiempos hemos podido observar cómo, a menudo, propiciaba la falta de transparencia y servía de instrumento para financiar intereses particulares burlando los controles existentes, que, al parecer, se han demostrado, del todo, insuficientes. En este sentido, en multitud de ocasiones, han servido para ocultar tramas que servían, presuntamente, a un único fin: financiar, directa o indirectamente, irregularmente al nacionalismo catalán (sus partidos, asociaciones, etc.); muy especialmente en los últimos tiempos a Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), el partido en el gobierno en la Generalidad y en el Ayuntamiento de Barcelona.

Recordemos, por ejemplo, algunos casos recientes de corrupción, o al menos, de gestión dudosa, en los que directa o indirectamente aparecen fundaciones:

9 de enero de 2012. La Fundación Barcelona Comerç anuncia que la pista de hielo que instaló con subvención del Ayuntamiento en la Plaza de Cataluña cerró “con pérdidas del 5%”.

8 de marzo de 2012. Xavier Solà (CDC) y familiares suyos, facturaban, cantidades indeterminadas, a la Asociación Catalana de Municipios (ACM) a través de la Fundación Privada de Vivienda Pública (FPVP).

19 de marzo de 2012. La Generalidad de Cataluña se ve forzada a destituir al director gerente del Hospital de San Pablo de Barcelona por irregularidades (18 millones de euros de déficit en 2011).

26 de marzo de 2012. Dos empresas del escándalo de las ITV pagaron 140.000 euros a la fundación de CDC, la Ramon Trias Fargas (hoy Catdem).

En el año 2011, como consecuencia, fundamentalmente, del caso Palacio de la Música, se aprobó un Plan específico de inspección de fundaciones para ese año subrayando que ‘la función de inspección de las fundaciones por parte del protectorado constituye una herramienta fundamental con vista a salvaguardar el interés general al cual las fundaciones están afectadas, y velar porque sus recursos económicos sean aplicados al cumplimiento de las finalidades fundacionales, y también para que las fundaciones cumplan las obligaciones previstas en la normativa vigente’. Por lo que se ve, no ha dado resultado.

Bien al contrario, a día de hoy, en Barcelona y en el resto de Cataluña, este tipo de persona jurídica continúa bajo sospecha. ¿A qué fines inconfesables sirven, como mínimo, algunas de ellas? ¿Por qué se dan tantos casos que, al final, acaban tocando a miembros destacados de las formaciones políticas?

Mientras la ciudadanía se hace estas preguntas, los que llegan a ser encausados criminalmente por estas cuestiones, como por ejemplo Fèlix Millet y los suyos, continúan en la calle, como si nada; no es un buen ejemplo.

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