Opinión

Qatar y su curioso predicador

‘Por un lado, contribuye a la primavera árabe y a la democratización, necesaria para que los teócratas dejen de aparecer como la única alternativa posible a los dictadores. Por el otro, financia a los movimientos islamistas en posición de aprovechar esta democratización. No a los salafistas más caricaturales (más bien financiados por mecenas wahhabíes), sino a los más estrategas, como el Frente Islámico de Salvación (FIS) argelino o el partido Ennahda (Renacimiento) en Túnez’.

Caroline Fourest
Lunes, 2 de abril de 2012 | 09:50

Youssef Al-Qaradaoui se le esperaba como a un mesías en el congreso anual de la Unión de Organizaciones Islámicas de Francia (UOIF). Esta estructura, ideológicamente tutelada por los Hermanos Musulmanes, ha ampliado considerablemente su audiencia desde que Nicolas Sarkozy le concedió estatus institucional en el seno del Consejo Francés del Culto Musulmán (CFCM). El mentor de la UOIF viene a Francia con regularidad, pero no será así este año, debido al contexto dramático [causado por los atentados integristas de Toulouse] y a la alerta pública lanzada por el periodista Mohamed Sifaoui. Bajo presión, las autoridades francesas han tenido que declarar (a Al-Qaradaoui) persona non grata.

¿Estamos, como lo describe el comunicado de la UOIF, ante un ‘hombre de paz y tolerancia’, o bien delante de un predicador que incita al odio? Basta con escuchar su programa en la cadena Al-Jazeera o leer sus libros para hacerse una idea. Entre fatwas y consignas, Youssef Al-Qaradaoui justifica la agresión física a su mujer si ésta se muestra insumisa, admite que se pueda quemar a los homosexuales para ‘depurar a la sociedad islámica de estos seres nocivos’ y autoriza los atentados kamikazes.

Está convencido de que ‘el único diálogo con los judíos pasa por el sable y el fusil’ y se felicita de que Hitler haya sabido ‘ponerlos en su sitio’. Antes de continuar: ‘Fue un castigo divino. Con permiso de Alá, la próxima vez, será por la mano de los creyentes (musulmanes)’. Se muestra igual de despiadado con los ‘enemigos del islam’, sobre los que autoriza ‘matarlos’. Digamos que Mohamed Merah (el autor de los atentados de Toulouse) habría asentido.

A pesar de estos sermones, periodistas e investigadores complacientes califican a veces a este telepredicador de ‘centro en el islam’, incluso de ‘término medio’. Unas apreciaciones que denotan una visión cuanto menos paternalista y caricatural de la religión musulmana.

Salvo que denoten una forma de benevolencia hacia el padrino de Al-Qaradaoui: el emirato de Qatar, que mantiene excelentes relaciones con la UMP (Unión por un Movimiento Popular, principal formación de la derecha francesa, gobernante y liderada por Sarkozy), algunos políticos franceses y algunos inversores. El pequeño emirato es conocido por su capacidad de lobbying, pero tiene la ventaja de resultar un socio árabe indispensable cuando Francia y Estados Unidos se plantean derrocar -con toda la razón- a tiranos como Muamar El-Gadafi o Bachar El-Asad. De ahí la ambigüedad, difícil de descifrar, el papel que juega Qatar.

Por un lado, contribuye a la primavera árabe y a la democratización, necesaria para que los teócratas dejen de aparecer como la única alternativa posible a los dictadores. Por el otro, financia a los movimientos islamistas en posición de aprovechar esta democratización. No a los salafistas más caricaturales (más bien financiados por mecenas wahhabíes), sino a los más estrategas, como el Frente Islámico de Salvación (FIS) argelino o el partido Ennahda (Renacimiento) en Túnez.

Estos últimos no pretenden imponer la sharia como ley civil por la fuerza, sino convencer de su necesidad, tras haber ganado la batalla cultural contra la secularización. Pero ocurre que este plan por etapas -el credo de los Hermanos Musulmanes- pasa por el combate contra los musulmanes laicos. Ningún cálculo de realpolitik debería llevar a abandonarlos.

Y no hablamos del islam de Francia; porque allí no hay nada que justifique la consideración de Al-Qaradaoui y sus amigos de la UOIF como un ‘término medio’. Salvo que queramos hacer el juego al integrismo con el pretexto de luchar contra el yihadismo.

Caroline Fourest es profesora en el Instituto de Ciencias Políticas de París, Sciences-Po París, y redactora jefe de la revista feminista Pro-Choix

[Artículo publicado en Le Monde el pasado 30 de marzo. Reproducido en español con autorización de la autora. Traducción de Juan Antonio Cordero Fuertes]

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3 Comments en “Qatar y su curioso predicador”

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  1. AFOR - Lunes, 2 de abril de 2012 a las 12:16

    Todos los fundamentalismos deben causarnos rechazo y sus excesos, en cuanto afecten a derechos fundamentales, denunciados públicamente. El musulmán no es una excepción.

  2. Ciudadano Sinmitos - Lunes, 2 de abril de 2012 a las 12:30

    Pues si Al-Qaradawi no puede ir a Francia, que venga a Cataluña. Como aquí Qatar tiene muchos amigos en el Barça y la Generalitat, lo van a recibir muy bien, sobre todo en Tarrasa. Lástima que no haya venido hace unos meses, tal vez hubiera podido arreglarse el problema de Spanair de la mano de Qatar. La construcción de la nación identitaria necesita la ayuda económica de Qatar; por tanto, ha de apoyar al islam que predica Al-Qaradawi.

  3. Libre - Lunes, 2 de abril de 2012 a las 17:09

    He visto un vídeo del tal Al Qaradawi y me he quedado pasmado, diciendo que “Hitler puso a los judíos en su sitio” entre otras perlas.
    ¿Pero qué nivel de gentuza hay por esos lares?

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