Opinión

La (in)competencia política

‘Los catedráticos de Berkeley o Harvard, los dirigentes de empresas y aseguradoras de prestigio, que en la actualidad ostentan los cargos de poder económico de los gobiernos, toman medidas que, si se me perdona la vulgaridad, tanto usted como yo, que seguramente no gozamos de la sabiduría, en materia económica, de nuestros actuales mandamases, tomaríamos’.

Oriol Alonso Cano
Martes, 10 de abril de 2012 | 10:18

La actual competencia de la clase dirigente de los diferentes países se halla en la encrucijada debido a múltiples factores, entre los que cabe destacar la completa sumisión de su fuerza de gobierno para con los estamentos económicos, que se erigen, de facto, en los mecanismos que dictaminan el presente rumbo de los estados.

Ya Platón, en los albores de la civilización, problematizó la cuota de poder que debía corresponder a los gobernantes de las ciudades-estado. En particular, para solventar esta problemática, postuló su célebre tesis del filósofo-rey, no como un intento de fomentar el corporativismo entre sus colegas, sino, más bien, para alojar el funcionamiento de la sociedad, con todos los riesgos que ello conlleva, en las mejores manos posibles. Dicho en otras palabras, el objetivo de la tesis platónica no era generar un discurso que colocase en la cresta de la ola a sus compañeros, por el mero hecho de ser filósofos, y de ocuparse de unos temas determinados (las ideas, eidos), sino de articular una doctrina de lo político en el que los asuntos de la ciudad sean gestionados por aquellos que se encuentran más preparados.

Esta tesis, que puede calificarse sin ambages de elitismo político, nos conduce a una lógica que, como poco, debe hacernos pensar en la presente situación: llevamos desde fines de 2008 sumergidos en las pantanosas aguas de la crisis económica mundial (que se podría dividir en dos etapas, la crisis financiera, por un lado, y la de la deuda, por el otro) y, por el momento, las únicas decisiones que se han materializado son, si se me permite la expresión, medidas que cualesquiera de los presentes podríamos haber ejecutado. Maticemos esta última cuestión polémica. Los actuales dirigentes políticos (sobre todo, presidentes del Gobierno y ministros de Economía) son sujetos dotados de una enorme cualificación tanto académica como profesional. Por consiguiente, y si seguimos la lógica platónica, nos hallamos en un contexto en el que tal vez no gobiernen los mejores, pero sí que gobierna gente con un ingente background personal.

Al estar dotados de esta capacitación y experiencia, uno podría dejarse llevar por el fugaz pensamiento de que los asuntos problemáticos serían tratados, como mínimo, con el mismo nivel de ingenio y competencia que, presuntamente, poseen nuestros dirigentes. Ahora bien, en el momento en que, empleando términos de Popper, falseamos esa competencia con la crudeza de los hechos, advertimos, como poco, que, como diría el anuncio, el algodón no engaña, y la excelsa capacitación de nuestros gobernantes se desploma, cual castillo de naipes se tratase.

Como apunté anteriormente, desde 2008 venimos sufriendo esta enojosa situación en la que, día tras día, la vida de miles de seres humanos se viene abajo por doquier. Y la única respuesta que tiene la clase gobernante, de los diferentes países arrojados a este dramático contexto, es recortar y aligerar el gasto público. Dicho en otros términos, los catedráticos de Berkeley o Harvard, los dirigentes de empresas y aseguradoras de prestigio, que en la actualidad ostentan los cargos de poder económico de los gobiernos, toman medidas que, si se me perdona la vulgaridad, tanto usted como yo, que seguramente no gozamos de la sabiduría, en materia económica, de nuestros actuales mandamases, tomaríamos. ¿Dónde se encuentran las teóricas reformulaciones del keynesianismo, o las innovadoras estrategias geoeconómicas de las diversas aseguradoras, que vociferaron a los cuatro vientos los queridos responsables de nuestro presente devenir económico, cuando ostentaban esos otros cargos menos, digámoslo sin emplear un concepto violento, cruciales?

Oriol Alonso Cano es docente de Filosofía y Epistemología en la UOC e investigador de la Facultad de Filosofía de la UB

Temas:

1 comentario en “La (in)competencia política”

NOTA: Sean respetuosos con sus comentarios. Se borrarán los comentarios cuyo contenido o enlaces puedan ser considerados difamatorios, vejatorios o insultantes. Recuerden siempre que las formas importan y que hay muchas formas de decir lo mismo. Gracias por participar.
  1. jaumet - Martes, 10 de abril de 2012 a las 16:48

    Estoy de acuerdo, pero el nivel de los políticos que tenemos es lamentable. Y ya no me refiero a Montilla y Benach, esos analfabetos de postín; ni siquiera a Rajoy y Zapatero, que no saben ni hablar inglés en un mundo donde ya hay políticos que hablan chino; sino a los que no tienen ningún tipo de experiencia laboral en la empresa privada: siempre a sueldo del partido o nombrados funcionarios a dedo.

    Esa gente no es la mejor preparada, necesitamos criterios de empresa privada para hacer una empresa pública competente. Y eso se empieza por exigir títulos y experiencia real, demostrable y valiosa a los que ocupan cargos públicos. Y si queremos a los mejores, habrá que pagarles como a los mejores. ¿O no?

Suscripción RSS a los comentarios de esta entrada.