Barcelona, en la distancia

23.04.2012 | 13:54
 

‘Barcelona no sólo fue aclamada en el mundo, sino sobre todo en España. Su decadencia de los últimos años hay que relacionarla con el abandono de esta capitalidad española y el peso que va adquiriendo su condición de capital de Cataluña’ (Arcadi Espada, periodista, en un artículo de 2 de julio de 2011).

Por razones personales, hoy escribo mi entrada desde una ciudad española ajena a la Comunidad Autónoma catalana. En ocasiones, es bueno coger distancia no sólo temporal sino, también, física para poder analizar la situación de algo con la suficiente perspectiva que la inmersión en tu ciudad no hace posible. Una ciudad es un área urbana con alta densidad de población en la que predominan fundamentalmente la industria y los servicios.

En este sentido, Barcelona no es más que una más de las aglomeraciones urbanas más pobladas del mundo; concretamente, se encuentra en un discreto puesto 66 entre ellas, con más de 5 millones de habitantes -muy lejos, por ejemplo, de la que encabeza la clasificación, Tokio, con más de 34 millones– (fuente: Wikipedia).

Aunque son muchos los elementos y circunstancias que han acontecido en la ciudad condal, son pocos los acontecimientos que la han hecho destacar por encima de otras: la existencia de uno de los parlamentos medievales más antiguos, el haber sido el mayor centro editorial en lengua española, el acoger unos Juegos Olímpicos… Otras ciudades han sido centros coyunturales de situaciones relevantes semejantes. Sin embargo, lo que ha hecho a Barcelona siempre diferente han sido sus gentes y su capacidad de organizar el progreso.

Su situación geográfica abierta al resto de Europa, auténtica frontera natural entre una península Ibérica -paso natural a América y África- y Francia -cuna de la Ilustración y protagonista de una Revolución- hizo que la ciudad recibiese influencias diversas de uno u otro tipo y, en ocasiones, fuera vanguardia en experimentos sociopolíticos únicos e irrepetidos en la historia, como los que supuso el anarquismo, a principios del siglo XX, y sus ansias de creación de una sociedad más libre e igual; es decir, más justa.

“Barcelona es una suma de individualidades, es lo que cada uno de nosotros ha querido ser. No es la ciudad de los poderosos, sino una mezcla de mentalidad burguesa y mentalidad anarquista, a la vez rebelde y ordenada, con una gran fuerza interna y la capacidad creadora de la frontera… Barcelona ha sido para mí la medida del mundo, del pasado y del futuro…”, decía el desaparecido escritor mallorquín Baltasar Porcel.

Mientras existan sus gentes, la capacidad de revelarse contra el autoritarismo, la imposición y la injusticia será inagotable. El nacionalismo lo sabe y el pasado sábado día 21, tuvo un ejemplo más de ello.

1 comentario en “Barcelona, en la distancia”

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  1. Gema - Martes, 24 de abril de 2012 a las 13:01

    No niego que Cataluña tuviera un parlamento muy antiguo pero los ingleses han reconocido que el primer parlamento en el mundo conocido fue en León. Alfonso IX, en 1188 convocó las primeras Cortes de la historia en las que el pueblo llano tuvo representantes libremente elegidos.

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