Conceptos bienintencionados

24.04.2012 | 08:48
 

Eduardo Robredo Zugasti

‘En el discurso público la guerra es una asunto desagradable y políticamente incorrecto. Los estudiosos sofisticados prefieren hablar de “resolución de conflictos”, los políticos de “alianza de civilizaciones”, los filósofos de “diálogo”, los rebeldes de “protesta pacífica” y los teólogos de “conversión”, “perdón” y “reconciliación”. Todos prefieren hablar de “paz”. De una paz, incluso, “sin vencedores ni vencidos”. ¡No a la guerra! Esta constelación de conceptos bienintencionados ha llegado a erigirse en el colmo de la excelencia democrática, y la élite intelectual y moral de los países occidentales los repiten como si fueran salmos cada vez que surge o se enquista un conflicto.

De ahí que la llamada de Victor Davis Hanson a que la guerra sea estudiada seriamente, en especial por la ciudadanía democrática, tenga un interés especial. “La guerra -o la amenaza de guerra- sirvió para poner fin a la esclavitud en Estados Unidos, al nazismo, al fascismo, a la militarización de Japón y al comunismo soviético. Es difícil pensar en una democracia -afgana, estadounidense, ateniense, de la Alemania contemporánea, iraquí, italiana, japonesa o de la antigua Tebas- que no fuera resultado de una lucha armada”. Ahí es nada‘.

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