Espanyol de Barcelona

25.04.2012 | 09:49
 

El Real Club Deportivo Español (oficialmente, y en catalán, Reial Club Deportiu Espanyol de Barcelona SAD) es un club de fútbol español que juega en la Primera División. Fue fundado el 28 de octubre de 1900 por un grupo de universitarios catalanes que estaban estudiando en la Universidad de Barcelona y cuyo primer presidente fue Ángel Rodríguez Ruiz. Nació bajo el nombre de Sociedad Española de Football debido a que todos sus componentes eran catalanes o del resto de España, en contraposición con algunos equipos formados en su mayoría por extranjeros, como era el caso del Fútbol Club Barcelona (fuente: Wikipedia).

El 25 de abril de 1912, el rey Alfonso XIII, hoy hace 100 años, le concedió el título de Real a la entidad y el uso de la Corona que figura en su escudo, tradición que otorgaba, luego de aceptar la presidencia de honor y que demuestra el sentimiento español de sus fundadores; pasando a formar parte del listado de equipos de fútbol de España con título de Real.

Otra anécdota curiosa, que sólo los aficionados más mayores conocen, es que a sus socios y simpatizantes se les llama periquitos y ahora la mascota es una de esas aves, pero, originariamente se refería a un gato. Durante los años veinte, se publicaban chistes en el semanario futbolístico El Xut (El Chute). Por entonces, el humorista catalán Valentí Castanys satirizaba a los seguidores del RCD Español como los cuatro gatos negros, por el escaso número de socios de la entidad.

En 1929 se estrenó en España la famosa creación de Pat Sullivan de nombre Félix el Gato en castellano y gat perico o gat periquito, en catalán. Entonces se empezó a conocer a los seguidores del RCD Español como els quatre gats pericos o los cuatro gatos periquitos. Fue durante la celebración del 75 aniversario del club cuando se realizó de manera oficial un logotipo en el que ya aparecía un periquito (fuente: Wikipedia).

Desde su fundación, el segundo club de Cataluña, ha sufrido los problemas de convivencia que acarrean ser el hermano pobre de la ciudad en la Liga de Fútbol Profesional de Primera División española y no representar, a satisfacción de los censores nacionalistas catalanes, suficientemente, sus postulados ideológicos totalitarios y excluyentes.

Son constantes los desplantes a la entidad -como cuando recientemente el alcalde de Barcelona, Xavier Trias (CiU) comentó aquello de que sería “una desgracia” tener “un yerno del Espanyol”-, las discriminaciones que sufre por no considerarse políticamente correcto al club e, incluso, los intentos de cambiarle el nombre, llamando “renegados contrarios a la patria” a sus aficionados, que entre otras lindezas les dedicó un dirigente de ERC.

Como siempre, el nacionalismo casa mal con el respeto a la diferencia, la convivencia, la tolerancia, la buena educación, la inteligencia y el tener algo de mundo. Es decir, todo aquello que nos individualiza como ciudadanos libres e iguales, no solidariza con el otro y, en definitiva, nos conduce por la senda del progreso. Es tanta la presión contra el mismo que hasta un ex jugador, Joan Golobart, llegó a pedir, públicamente, un “Visca Espanya!” con motivo del campeonato mundial reflexionando, irónicamente, que necesitaría de un psiquiatra por tal situación.

Otro ejemplo lo dio Jaime Alguersuari, piloto de F1, al señalar que: ‘Ser socio del Espanyol tampoco me impide compartir sin complejo mi profundo sentimiento por la senyera y por la bandera de España. Soy el único piloto en 60 años de historia de la F1 que lleva ambas banderas tanto en el mono oficial como en el monoplaza’.

A veces, incluso, las directivas del club complacientes con el nacionalismo -en el poder político en la inmensa mayoría de las instituciones- han impuesto absurdas e ilegales normas como la de prohibir la entrada de banderas españolas en su recinto. Esperemos que como ocurre en el otro club de la ciudad, no se produzca un divorcio entre directivos nacionalistas y jugadores nacionales. Todo esto sólo puede pasar porque algunos tienden, por intereses oportunistas que les son propios, a simplificaciones como aquella de que el otro club de la ciudad “no sólo es Barcelona, sino que es Cataluña” yendo más allá de lo que un eslogan recoge y contra lo que cualquier razonamiento un poco serio concluye: “No es una patria, es sólo un club“.

Mal que les pese a algunos, el Espanyol de Barcelona es, también, Cataluña y España. En esto ni hay diferencias ni caben justificaciones. Felicidades.

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